domingo, 3 de octubre de 2010

ESTACIÓN


ESTACIÓN


La tonta del móvil redacta los esemeeses moviendo los labios.
Como la oyera alguien en alguna parte,
incomunicada como está con la distancia corta
y enganchada en la lejana.
Son los nuevos tiempos:
Me despego de ti porque estás cerca
Me pego al que tengo lejos para sentirlo cerca.

La del flequillo negro tazón mira hastiada los paneles.
Si tarda un poco más el autobús se va a liar a hostias.
Una pena, porque es mona y apunta maneras de buena amante.
Aunque parezca nula conversadora.
Pero quién quiere hablar según qué ratos.

El chófer se marcha resoplando porque está hasta los cojones.
La azafata resopla de tanto oírle resoplar.
Y entre tanto resoplar no queda aire limpio que respirar.
También es el signo de los tiempos:
la prisa y la impaciencia.

El segurata se asegura de que todo esté seguro:
aunque para ello tenga que dejar a todos inseguros,
desnudos, bocabajo. En el suelo de la calle.
La autoridad y la necedad siempre hicieron mala pareja:
porque desparejan todo lo que encuentran a su paso.

El hombre de la corbata me mira cansado y con barba de dos días.
Se le nota que tiene ganas de marchar.
Más si es para no volver.

Para eso estamos aquí todos:
para marchar.
Mejor que sea para no volver.
Nadie vale la pena en este lugar.

Tampoco yo.

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