jueves, 10 de mayo de 2012

KOINONÍA






KOINONÍA


Momentos estos para la historia.
Una historia que no hará historia por tantas veces representada
y tan pocas de verdad vivida.

Los niños de marinerito:
capitán de corbeta,
almirante de flota de cáscaras de nuez y barcos de papel.
De lanchas de hojas de sauce y submarinos de piedras.

Las niñas de vestido largo blanco puro virgen:
de princesa, de muñeca, de cuento, de tarta, de juguete, de plástico.
Niñas que no son niñas disfrazadas de la novia que está por llegar.
Por ver si querrá ser novia de novio que la lleve al altar.
O tal vez novia moderna de novia y contra todo tener que luchar.

Los padrinos con traje de gala. Aunque sea de horteras,
que se note quién paga. Porque pueden y quieren.
O tal vez ni pueden ni quieren pero las apariencias obligan y atan.

Los tíos, buenos, poniendo su mejor cara: toca dar la paga.
Que la generosidad está en retirada.

Las tías, buenas, poniendo su mejor cara:
maquillaje de esteticista, peinado de peluquero vanguardia, ojos de color lentillas.
Y su mejor cuerpo:
si te gusta lo que ves por fuera, imagina lo que llevo dentro.
¿Dónde ese hombre rico que me arregle la vida?
A cambio, me comeré todo lo que me pida y me pondré como le dé la gana.
Para esto crecí practicando.
Ya debería llegar el momento de sacar a mi experiencia provecho.

Los primos muertos de envidia, que por algo hacemos las fiestas:
demos a todos rabia.
Los abuelos con sus grietas y telarañas. Sus manías sus egoísmos.
Sus otras rabias.
Los amigos, lejanos. Tanto como los parientes próximos.
El cocinero el tipo más importante:
ha elaborado un banquete que abrirnos el ojo puede y llenarnos la barriga debe.
Si es posible, algo de suerte: el cura para el final.
Que trae de una mano las hostias y de la otra arrastrando a dios.
¡Esconded el vino! Que con el truco de la sangre de cristo
entre los dos dan con todo:
una por él, otra por el cura, vienen a ser lo mismo.

Estando ya todos, ahora sí. Podemos empezar la fiesta.

Y todos comulgan juntos.
Y la familia ríe. Y los niños se avergüenzan y lloran.
Y los adultos deberían, tanta es la farsa y la hipocresía.
Cristianos paganos. Borrachos.
Blasfemos pero no importa.



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