lunes, 19 de agosto de 2013

PÉTALOS DEL PENSAMIENTO parte XXIII (relato no tan breve)



-Sólo uno. Éste.


-¡Ah! ¿Película? ¿Así que es otro de esos a los que la fotografía les va pequeña? No se crea, la mayoría dicen eso porque no han sabido aprovechar todas sus posibilidades. Hay mucho inútil con cámaras de una pasta que piensan que mientras más precio fotos más guapas. Pero no es así, usted ya debería saberlo. Las buenas fotos están en el ojo del que las tira, no en la cámara. ¿Dirección, la misma? Es un afortunado, no crea que...


-¿Para cuándo estará?


-Una vez pasé por allí y… ¿Le han dicho alguna vez que su casa parece un castillo?


-No. ¿Para cuándo?


-A ver… Quince días me calculo yo. Tenga, el comprobante.


-Vale, adiós.


-¡Adiós, adiós! ¡Me ha alegrado volver a verle! Para saber de su vida y eso…



Por estas y otras razones Fausto se dio cuenta de que quizás debiera aprender también a revelar películas. A Huesos, así la llamaba, no podía soportarla.


En los quince días de espera Fausto grabó diez nuevos rollos. Separadas ya la temática y géneros. Naturaleza: flora de altura, flora de suelo y animales. Interiores: espacios abiertos, cerrados, contraluz, objetos, composiciones, surrealismo deconstructivo y violencia doméstica. Su favorita: destrucción a martillazos de todos los objetos inútiles con los que rodar metraje acerca de la ira, el caos y sus posibilidades artísticas. No lo sabía entonces, pero este sería el germen de sus angelitos negros posteriores. Además, merced a la cámara podría revivir esos momentos una y otra vez independientemente del instante creativo. Prolongando el impulso inspirador más allá de su nacimiento y ocupando con él los episodios de sequía. De esta forma, se podría decir que la creatividad no conocía la escasez de motivación, el embargo de las ideas ni la fuga de musas.


© CHRISTOPHE CARO ALCALDE

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