jueves, 6 de marzo de 2014

PÉTALOS DE PENSAMIENTO, parte 114 (novela corta alargándose)



-¡Vaya mal gusto! Y sigue buscando.

En un rincón dos paragüeros vacíos en otro una silla con bufandas, y abrigos amontonados en el tercero atados a una vieja percha de madera como ahorcados. El gran armario en el cuarto. Dentro de él, buceando igual que un calamar entre mecanismos incomprensibles e inútiles, ropa con olor a humedad y agujereada por la polilla, Fausto al borde de la asfixia.

-Nada. No encuentro nada.

-Mon dieu! Tiene que ser esa.

-¿Qué?

-Sí, mira. Ahí. En el techo.


Colgando de una cuerda clavada junto a un plafón central, entre un salmón disecado dos cabezas de congrio varias mandíbulas de tiburón colas ahumadas de lamprea dos sextantes tres telescopios extendidos, una llave grande y antigua de hierro forjado.

-Claro, con ese tamaño no puede llevarla del cuello.

-Una suerte.

Ella, aparta para no pisarlas docenas de cartas de navegación que atadas en rollos hay sobre la cama, se sube y alcanza la llave. De un salto ya está en la puerta.

-Mon dieu! ¡Vámonos!


Charlotte abre apenas una rendija, afuera sigue la fiesta. Cruza nuevamente el marino bruto que no se percata de su presencia. Cuando el pasillo queda despejado, salen del camarote como quien es perseguido por el diablo. O por un mesías redentor que tanto más les puede dar.



© CHRISTOPHE CARO ALCALDE

No hay comentarios:

Publicar un comentario