domingo, 22 de junio de 2014

HUMANIDADES ENFRENTADAS, parte 3



A mi madre le dije adiós, no podía mentirla; a mi padre hasta luego, a él sí, y con una mochila prestada de un solidario que había entregado dos años de su vida en misiones a cambio de un reconocimiento por escrito, esa mochila y un bienvenido ha hecho lo correcto por la patria; más una maleta de mi primo el guajirito moreno que no la usaría en la vida me largué de la prisión. Mi país, era y es una prisión más grande que Alcatraz con tiburones en el mar controlando al que se escape nadando. Yo elegí la puerta falsa: viaje de estudios quince días ideal para cobardes.

Cuando la gorda bruta del aeropuerto estampó con zafiedad el matasellos en mi pasaporte, supe que había cruzado la última frontera. Esa que un ciudadano mediocre con aspiraciones a capitán general defiende con obstinación y necedad por obra y milagro de un uniforme recién planchado rematado en una gorra de plato: los altos vuelos siempre presentes.

Con estos funcionarios auxiliares sin estudios acumulando poder no hay quien razone. Ni pueda, y en un chasquido de dedos o un guiño mal interpretado ya estás en la cárcel por desacato. O atentado o desobediencia o insulto o lo que sea a su mierda de autoridad siempre me cagué en ella. En silencio y a espaldas de la moderación e imperturbabilidad maternas. He dicho mierda otra vez contra toda educación, bien, me voy metiendo en el papel.

La idea era vivir libre y si fuera posible mejor. Por eso yo desde la ignorancia y candidez que me caracterzian elegí España como destino total. ¿He dicho que también soy imbécil? Lo puedo demostrar.





© CHRISTOPHE CARO ALCALDE

No hay comentarios:

Publicar un comentario