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lunes, 19 de agosto de 2013
PÉTALOS DE PENSAMIENTO, parte XXIV (relato no tan breve)
Día 15; 9:30 de la mañana:
-Hola buenos días señor Fausto. Aquí la película. Debo decirle que ha costado mucho trabajo subirle el punto de luz y corregir el desvío hacia el violeta de toda la grabación. Prueba clara de que el rollo estaba caducado. La próxima vez tírelo a la basura, le saldrá más barato. No sé dónde lo compró pero estoy segura de que los que se llevó el último día no le dan este problema. Aquí cuidamos mucho lo calidad de lo que vendemos. Sin embargo me ha gustado bastante la captura de exteriores, no tanto las composiciones muertas y esos barridos inacabados que hace. Tiene que abrir más el eFe o no conseguirá nitidez, hay demasiado grano y aunque el aficionado lo confunde con arte yo no me trago ese cuento: falta de experiencia y errores, no más. Se le nota que está empezando pero hay algún detalle prometedor. Siga practicando y verá cómo mejora estas cosas que le digo. Al final encontrará su camino que es lo más importante y difícil: ser uno mismo distinguiéndose del resto alejándose de modas o corrientes. No se crea, aquí vienen docenas de grabaciones aburridas e idénticas: bodas bautizos comuniones, la BBC ya conoce cómo está el patio de la originalidad. Un desierto. Al menos con su película hemos disfrutado aunque sólo sea por el cambio, una brisa de aire fresco que dicen los críticos. ¿En efectivo o tarjeta? Ah, veo que me trae más, qué bueno. No ha perdido el tiempo. ¿Y la fotografía? No me diga que la abandonó, porque ya estaba en un nivel aceptable. Se habrá dado cuenta de cómo le ha servido para el cine. Al fin y al cabo un encuadre es un encuadre no importa la máquina. La luz, la profundidad de campo la velocidad, todo similar. Tenga, el cambio y el resguardo. Esta vez serán tres semanas no dude en volver si necesita algo muchas gracias adiós.
-Adiós.
© CHRISTOPHE CARO ALCALDE
PÉTALOS DEL PENSAMIENTO parte XXIII (relato no tan breve)
-Sólo uno. Éste.
-¡Ah! ¿Película? ¿Así que es otro de esos a los que la fotografía les va pequeña? No se crea, la mayoría dicen eso porque no han sabido aprovechar todas sus posibilidades. Hay mucho inútil con cámaras de una pasta que piensan que mientras más precio fotos más guapas. Pero no es así, usted ya debería saberlo. Las buenas fotos están en el ojo del que las tira, no en la cámara. ¿Dirección, la misma? Es un afortunado, no crea que...
-¿Para cuándo estará?
-Una vez pasé por allí y… ¿Le han dicho alguna vez que su casa parece un castillo?
-No. ¿Para cuándo?
-A ver… Quince días me calculo yo. Tenga, el comprobante.
-Vale, adiós.
-¡Adiós, adiós! ¡Me ha alegrado volver a verle! Para saber de su vida y eso…
Por estas y otras razones Fausto se dio cuenta de que quizás debiera aprender también a revelar películas. A Huesos, así la llamaba, no podía soportarla.
En los quince días de espera Fausto grabó diez nuevos rollos. Separadas ya la temática y géneros. Naturaleza: flora de altura, flora de suelo y animales. Interiores: espacios abiertos, cerrados, contraluz, objetos, composiciones, surrealismo deconstructivo y violencia doméstica. Su favorita: destrucción a martillazos de todos los objetos inútiles con los que rodar metraje acerca de la ira, el caos y sus posibilidades artísticas. No lo sabía entonces, pero este sería el germen de sus angelitos negros posteriores. Además, merced a la cámara podría revivir esos momentos una y otra vez independientemente del instante creativo. Prolongando el impulso inspirador más allá de su nacimiento y ocupando con él los episodios de sequía. De esta forma, se podría decir que la creatividad no conocía la escasez de motivación, el embargo de las ideas ni la fuga de musas.
© CHRISTOPHE CARO ALCALDE
domingo, 18 de agosto de 2013
PÉTALOS DE PENSAMIENTO, parte XXII (relato breve)
-Buenos días. ¡Ah, pero cuánto tiempo sin verle por aquí! ¡Ya creíamos que nos había olvidado! ¿O será que le bajó la fiebre fotográfica? Yo aposté que no, que no era usted uno de esos que se encaprichan con cualquier bobada y luego olvidan. Me da que le va más el rollo persevera. Me se antoja que sí. ¡Helsike, si es que no hay más que verle! Yo, tantos años en la barra de un bar me he aprendido a conocer a la gente. Y es que no hay uni como la calle. ¡A los quince años ya estaba trabajando! Pa ganarme la vida, ¿sabe? Que no todos somos hijos de buena cuna. Mi padre, un borracho. Mi madre, una puta que parió seis hijos y ninguno crió. Y así, claro, no hay quién viva. ¡Helsike! Entre todos le dábamos unas palizas al borracho ese, se agarraba unas mierdas que lo dejaban tumbao. Como muerto, oiga. Y entonces mi madre y los seis comenzábamos a zurrarle hasta hartarnos. El tío se quedaba inmóvil, en coma o algo así, y nosotros a hostia limpia oiga. Hasta que un día se nos fue la mano y la palmó. ¡El muy cabrón! Nos dejó sin blanca y en la puta calle, porque cuando no se emborrachaba trabajaba para mantenernos a todos, no se crea que era de esos que pega a la familia, no no. Ni se le hubiera ocurrido, menuda era la zorra de mi madre. Con él comprando y vendiendo cacharros viejos íbamos tirando, pero va el hijo puta y se muere. Yo digo que fue mi hermano pequeño que le dio una ristra de patadas en la cabeza que lo dejó seco. Mi madre dijo a la policía que fue ella, en defensa propia. Que iba borracho y la amenaza de muerte. En la paliza se golpeó con el suelo y se quedó frito por suerte para todos o nos hubiera matado que aquel día estaba más violento que nunca. Que nos pegaba a todos y que nuestra vida era un infierno. Nadie se atrevió a dudar de una pobre viuda desconsolada con seis hijos llorosos. Todo mentira ya le digo porque debo confesar que aquel viejo nunca los puso la mano encima. Cariñoso no era mucho cuando estaba seco, pero de ahí a pegarnos… No no. Nunca. Y a ella, menos aún, yo creo que el desgraciado le tenía miedo, fíjese lo que le digo. ¡Si hasta se ponía besucón cuando venía cocido! Es igual, el cerdo se murió y a partir de ese día vino el derrumbe. Todos sin casa y en la calle. Mi madre, que en eso de la calle era una experta, se buscó rápido un chulo y entre ambos nos repartieron por ahí. A la beneficencia, las monjas, cualquier puerta grande de madera con picaporte de bronce. Que nos iban a cuidar bien y dar de comer todos los días. Pero nos dieron por el saco. Suerte que yo en cuanto pude me escapé. Pillé hueco fregando suelos en un bar y en tres meses ya era camarera. A la dueña le gustaba cómo meneaba el culo, decía que atraía a los clientes. Se equivocó porque detrás de la barra los clientes me veían el culo menos que fregando. Pero sacaba buenas propinas con mi labia. Un día quiso ponerme la mano encima y me largué. Resulta que era una jodida bollera, ¿se lo puede creer? A la que le gustaba cómo movía el culo era a ella, ¡la zorra! En fin, que se nos va el tiempo y no me quiero entretener. ¿Qué se le ofrece caballero, qué rollos me trae hoy?
© CHRISTOPHE CARO ALCALDE
FOREST CULTIVATOR
FOREST CULTIVATOR
El ratoncito Pérez
enterró cientos de bellotas el otoño pasado:
provisiones hasta bien
entrada la primavera. Nunca se sabe
cuándo la despensa
escasea.
Pequeños balones de
rugby concentrando toda la esencia
de robles y otros árboles
de la zona.
Susanita su esposa
compensaba esta dura
labor de hortelano guarda tesoros
con mucho amor y
cariño.
Fruto del cual nacerían
numerosas camadas
de pequeños ciegos e
indefensos:
más bocas que alimentar
más bellotas que encontrar y guardar.
Una jodienda para Pérez
que trabajó sin descanso
hasta que un día le
reventó el corazón: tanto amor es lo que tiene.
Demasiado estrés.
Trabajo Los niños
Susanita… lo de siempre.
Sin testamento ni
cuaderno de notas
viuda y niños tuvieron
que buscarse la vida y alimento.
Una novedad imprevista:
ninguno sabía dónde guardó Pérez
las provisiones. El
tesoro del sustento para otro invierno.
Y toda esa comida cayó
en el olvido como su descendencia.
Por suerte, pues
cincuenta años después el bosque de Robles
Castaños Avellanos y
Nogales plantado por Pérez el Ratoncito
está protegido por
leyes gubernamentalmente gubernadas.
Hoy nadie conoce la
historia de Pérez. Y el alcalde de la ciudad
homenajea en una placa
la extraordinaria labor de los técnicos forestales
“Quienes en su denodada
labor proteccionista y conservadora
han logrado que este
bosque llegue vivo a nuestros días.
Démonos las gracias
hermanos".
Nadie se pregunta quién
plantó las bellotas… Lo de siempre.
© CHRISTOPHE CARO ALCALDE
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