viernes, 18 de mayo de 2012

CENPELIAS






CENPELIAS


Quién nos iba a contar, allá por los años sesenta,
que pasados sólo cincuenta aquí íbamos a seguir dando guerra.
Y paz. No todo va a ser pelear.

Quién me iba a decir a mí, esposo mío,
que nos iba a llevar tanto tiempo dejar esta universidad:
llamada vivir en pareja de a dos.
No sé qué hicimos mal, o qué fue lo que hicimos tan bien,
porque aquí estudiando seguimos.
Yo a ti tú a mí.
Tú la forma de escaquearte, quizás con el chupito en una mano escondido.
O la herramienta guardada para un nuevo castillo en la otra.
Yo la de controlarte. Un poquito, solo un poquito.
Alguien debe poner orden: siempre fuiste un gran rebelde.
Y un pequeño macarra.

Creo que tuvimos suerte porque hoy nada echamos de menos.
Si acaso, algo de más: las arrugas, los años. La cosa no va más allá.

Son los años alforjas llenas de vida, de alforjas entendemos un rato.
Y la vida está llena de cosas.
Cosas que no son cosas: llámalo hijos. Llámalo nietos traviesos.
Traviesos como el abuelo, parece que nadie anda lejos.
Y listos… Ese puñetero Hugo, va a acabar con mis ahorros.
Solo se me ocurre a mí prometerle por cada sobresaliente un euro.
¡¡Por qué no haría el trato en pesetas!!
Llámalo también familia. Toda, casi toda entera.
Toda, casi toda cerca.


Una cosa me intriga, no obstante.
Y es que siendo de tan cerca los dos, mi esposo,
cómo es que estos hijos nuestros se casaron con gente desde tan lejos.
Por ahí sé que está Barbate pero, ¿dónde se encuentra Cuba?


Quién nos iba a decir a nosotros, esposa mía,
que habiéndonos conocido con nada y habiendo trabajado tanto
podamos ver ocultarse el sol sin tener el sabor a fracaso
que dan las vidas no completadas.
Aunque pensándolo bien, y por habernos enamorado en La Rioja,
¿qué podía salirnos mal?
Si ya todo el mundo sabe que no hay mejor lugar en la tierra
para reír comer y beber. Que es como nacer y vivir.

Sin embargo, hoy debo confesar: yo sí tengo dos regustos amargos
que no he conseguido endulzar con el tiempo.
Por mucho que he insistido y más que habré batallado. Cada año.
Cada año.

Uno es que a mi hija el mazapán no le guste. ¡De Soto!
No habiendo mejor dulce en este universo, La Rioja tenía que ser otra vez,
¡cómo puede ser tan hereje y no rendirle homenaje a su padre!
Esto, casi, no lo soporto.

Y el otro, no sé cuál de los dos es peor, que a ese hijo que va de artista
¡Aún no le gusten los toros!
Y me joda cada año la fiesta, diciendo ¡boicot toros no!
Esto, de verdad que no lo soporto.



jueves, 17 de mayo de 2012

BRASAS






BRASAS


Mira que vivimos un momento chill
y vamos por la calle helados.
Más gélidos por dentro que por fuera yo diría.

Y es que hay abrigos para la piel.
De piel, por ejemplo.
Así vamos piel con piel y nos sentimos abrazados.
No más que un maniquí en un escaparate
pero menos da una piedra,
contra el escaparate,
en un día de tormenta social.

Sin embargo, es el abrazo del alma,
o del corazón, o ambos
el que buscamos.
Y nos colgamos de cualquiera que pasa.
Le hablamos le contamos. Comentamos.
Nos confesamos. Incluso al extraño.

En fin, que ambos la brasa nos damos.
Luego, salimos corriendo y en el primer basurero
todo ese peso tiramos sin mirar color de contenedor.

¡No vayan a reciclarnos!












THE COUPLE






THE COUPLE


Alejandra y Sólomon pisaron ayer suelo patrio.
Patrio para los que de este lado de la patria viven. Los de fuera,
esos son unos apátridas.

No hubo festejos ni comité de bienvenida.
Ni cornetas tambores desfiles presidentes o reinas que los recibieran.
Apenas dos familiares. Con cara de pena alegre uno.
De circunstancias el otro.
Los años y la distancia, que nos olvidan a todos.

Alejandra y Sólomon huyeron de su país allá por el año dos mil y poco.
Con visa de trabajo para un trabajo de esclavos.
Uniformados de blanco
atendieron a cientos de enfermos en docenas de dialectos distintos.
Con dolencias nuevas sin medicamentos conocidos.
En un desierto de ese mundo desierto donde silbaban las balas de clanes
como silbaba el viento por las rendijas de un consultorio hecho con tablas y cartón.
De chinches y cucarachas. De Chagas, miseria y desnutrición.
A pesar de todo, ellos estaban bien.
Porque estaban mejor que lo dejado al principio.

No era su destino, y abandonaron también aquel país de petróleo y Bienmesabes.
De corrupción, violencia y hermanamiento con los Castro:
otro dictador que no morirá ajusticiado.
Sobornando a taxistas y guardiafronteras
atravesaron la raya que separa lo negro y lo blanco:
el petróleo, ya lo he dicho, y la cocaína. Esto no.
Allí no trabajaron de muleros, pero sí como mulas.
Apilando sudores y cajas de cartón:
para embalar con mimo los sueños y llevárselos lejos.

La embajada del país de las barras y estrellas
de la democracia por bandera y de las banderas quemadas
les abrió la puerta que da acceso al exilio directo.
Y directos al corazón del imperio.
Papeles nuevos visa nueva residencia nueva.
Ropa usada, coche usado, casa vieja. No importó:
los sueños habían llegado intactos.
Y las ilusiones crecidas como lo hacen los niños.

Otra vez haciendo de mulas. Cuidando malvas o a punto de serlo.
Dieciséis horas seis días a la semana.
Y todo para la hucha. Que algunos sueños sí cuestan dinero.

Alejandra y Sólomon ya sumaban seis años fuera de casa.
De mamá de papá de hermanos de amigos.
De colores sabores olores. Música.
No era suficiente.

Con el calcetín lleno de monedas de plata conseguidas con sangre de oro
dieron un último salto. Hasta la fecha.
Diez mil kilómetros al este arribaron puerta. De desembarque.
Wellcome home. We speak spanish.

Sólomon y Alejandra ya llevan un año en este suelo de apátridas.
De desencantados asustados y huidos.
Y las cosas han salido a medias bien. A medias mal.
No saben ahora qué medio vaso mirar:
¿está lleno o vacío con lo que se ha conseguido?

Aunque no todo ha sido perdido:
han ganado, peso, y una familia entera.
En ella hay abuelos nietos cuñados primos.
Las hay con cara de felicidad perpetua. 
Y el de las circunstancias, ese, ese no cambia.
Tampoco se lo tenemos en cuenta. Es un gruñón de confianza.

Sin embargo al último traslado no sobrevivieron los sueños.
Demasiados golpes en este país descuidado. Y de guantazos.
Habrá que inventarlos de nuevo. Que soñar,
al menos soñar,
sí podemos.

miércoles, 16 de mayo de 2012

CONTRA






CONTRA


Ayer conocí a un miembro del frente para la liberación de las Naciones Unidas.
Activista,
ahora no se puede decir revolucionario porque las revoluciones son para los violentos.
Las revoluciones sangran hacen ruido humean y huelen.
Y eso, eso no se puede.
Activista, decía, comprometido como pocos por las causas perdedoras.

Él defiende que son las únicas por las que vale la pena luchar.
Al no prosperar, no dejan huellas. No cambian la sociedad para mal.
No ponen nuevos tiranos en el poder de los injustos.

Envuelta su cabeza en una bandera blanca, por el calor,
y bien pertrechado con toda clase de armas de juguete
cantaba a pleno pulmón enfisémico el himno de los contralegionarios:
“un  globo dos globos tres globos. La vida es un globo que se me explotó.”
En su discurso se oían frases como:
desunión de las naciones
fusión fría de los poderes público privados
atomización de la sociedad para energía verde y duradera
desdemocratización de la política inactiva
reestructuración de las infraestructuras político económicas.
Y la mayor novedad incorporada a los discursos:
“planes de rescate para pobres”.
Donde cada rico dividirá su fortuna en tantos pobres como sea posible.
Aún no había pensado en el efecto secundario indeseable
de una sociedad donde sus miembros dispusieran del mismo capital
y el subsiguiente repunte inflacionista.
Pero estaba en ello.

Me convenció con su mensaje flemático y sin emociones.
Cual feligrés le seguí durante un buen par de metros,
lo necesario para darme cuenta de los inconvenientes.
Y de que no vale la pena tener líderes:
siempre pasan la cuenta.
Por mucho que digan que son el pueblo mismo.

Ni tenemos cuentas para repartir
Ni estamos para cuentos.


LLÁMALO X






LLÁMALO X


Llevas tantos años a la deriva
que ya no te das cuenta de que has olvidado los cuatro puntos cardinales.
Sí, son cuatro no catorce como crees ahora que tan confuso estás.

Perdiste el referente de ver por dónde sale el sol.
No tienes ni idea de por dónde se esconde. Quién sabe,
puede que de tanto ocultarse unos y otros,
os acabéis encontrando en un callejón solitario.
Y os asustéis el uno del otro. No por el riesgo, sino por puro desconocimiento.
La falta de contacto es lo que tiene.
Y se lleva.

Te gustaría dar un golpe de timón.
Que un arranque de energía y pasión pusiera rumbo a tu vida.
Tú, que nunca has subido a un barco ni barca ni bote.
Llámalo prudencia. O miedo a ahogarte.
Que ese desorden, tal vez voluntario, en las costumbres tareas e ideas,
pudiera resolverse.
Encontrar el punto de rigor necesario y mínimo exigido
para despejar el camino que transitar debes.
¡Pero hay tanto por desocupar!

Te has llenado la cabeza de sueños que no se cumplirán.
La vida de objetos sin valor. Con el tiempo, ni el sentimental.
Y hoy no sabes por dónde empezar. A limpiar.
Regalar. Tirar.
¡Hay tanto por hacer!

Caminas a golpes entre tus deseos y obligaciones.
Entre los impulsos, las emociones.
Y los recibos del banco. A éstos, llámalos realidad aplastante.

Te gustaría abandonar este lugar:
única vía posible de cambiar la vida que tienes por la que quieres.
A esto, llámalo libertad.

Pero el lastre de los compromisos y deberes es tan grande,
que no podrás.
A esto, llámalo prisión.

¿Serán los años como los que ya fueron? Te preguntas
con el peso de la desesperanza cerrándote la garganta
y parándote un corazón en retirada.
Dudando deseando intentando. Luchando sin fuerzas.
Buscando sin ganas.
Perdiéndote sin remedio.
A esto, llámalo vivir.

No era así lo que me prometieron. Ni lo que soñé.
Quizás, sí lo que merecí.

A esto, llámalo despertar. O morir.


domingo, 13 de mayo de 2012

1215M1Y.O.







         1215M1Y.O.



El bebé de la disidencia
pacífica amable buen rollista noblona y silenciosa
cumple un añito. Lindo y hermoso.
En la misma cunita que lo vio nacer:
mirando al sol y con una campana por sonajero.
Ha aprendido mucho desde entonces:
alzar los brazos, hacer los pajaritos y gritar en silencio.
Proeza de niño. Aunque aún no sigue la mirada de la gente.

Vino al mundo como el espíritu santo.
El mesías de la nueva era convocando a los fieles vía eseemeeses,
correo spam solidario y vídeos en you tube yo también. Estuve allí.
Vídeos para adultos, mayores de siete años,
de besos castos abrazos en grupo y cadenas humanas haciendo el corro de la patata.
Y banda sonora ad hoc:
“Que llueva que llueva que de aquí no nos moverán.
El pueblo hundido ya no será vencido. No pasarán no pasarán.”

De asamblea en asamblea, de iglesia en iglesia,
transmitió al universo todo ese dulce mensaje de que otro mundo es posible.
Que los justos no pagarán por pecadores.
Que los pecadores pagarán por sus culpas.
Que las culpas no serán cosa de todos.
Que todos haremos justicia.
Que la justicia existe en este mundo imposible.
Imposible no adherirse a tan noble propósito.

Pero solo hay dos formas de combatir las instituciones:
desde dentro para desmontarlas,
lento y laborioso,
o por las armas.
Contundente y rápido.
El pueblo de los conducidos no tenemos tiempo que perder
y ansiamos acciones rápidas:
más golpes de mano y menos golpes de efecto.

Los chicos,
y chicas,
del 1215M1Y.O. no son un ejército de conquista. Prefieren el diálogo.
Ni una legión con cabra loca al frente.
Que siempre tira al monte y esto es combate urbano:
barrio a barrio.
Ni siquiera una guerrilla escurridiza y hábil: pocos recursos, grandes logros.

Con el rosario de la liberté fraternité igualité en una mano
y las bendiciones en la otra
margaritas en el pelo el fular arcoíris al cuello
tatuado en el brazo, izquierdo por supuesto, make love not war
y a coro entonado “guif pis a cheins y pipol tu de pogüer”,
ungen a cada ciudadano converso del espíritu divino sublime y puro
que hará de este planeta un lugar más inocente y por ende mejor.
Menos salvaje.
Y todo sin disparar un tirachinas. Solo con paz amor y aviones de papel.

Organizados horizontalmente, han desterrado la figura del líder.
Enterrado al interlocutor válido. Al negociador colectivo.
Condenado toda posibilidad de éxito:
las instituciones, el estado, es el enemigo.
Y el estado, también el democrático,
tiene todos los mecanismos de defensa que el bien por el interés general otorga
para criminalizar cualquier acción que al frente le pongan.
El estado sí tiene ejército. Por si acaso.
Policía. Por si las moscas.
Jueces. Por la justicia.
La justicia que escribe el estado con letras de oro:
la justicia es cosa elevada y el pueblo quien paga.
Usemos los lingotes del banco. El del estado.

A nuestro tierno bebé del 1215M1Y.O. aún le queda mucho por aprender.
Se abrió la puerta de la posibilidad de madurar hace un año,
cuando a la democracia le da por preguntar al pueblo qué quiere
para hacer luego lo que le conviene.
Al estado. Que al pueblo en los próximos cuatro años se le calla.

Y los que le vimos nacer creyendo que nuestro bebé sería de verdad el padre,
el que sabe lo que te aflige te conmueve te duele,
pronto nos quedamos huérfanos.
Huérfanos hijo y padre.

No pasará nuestro bebé de la infancia si no madura,
se uniformiza y saca los dientes.
Hay que tirar los de leche para morder donde debe.
Meterse en el nido para arrojar a los halcones.
Hacerse con el control del territorio. Dominar al dominador.
Reestructurar ejércitos.
Reubicar policías.
Rediseñar leyes para poner a trabajar a los jueces:
a favor del pueblo y contra los que nos han enterrado vivos.
Hay que cambiarlo todo, pero tendrá que ser desde dentro.
Abandonar las hogueras mirando puestas de sol.
Dejar la acampada libre, las asambleas de plaza,
los delegados de acera, el voluntariado cautivo.

Hay que dejar de hablar.
Empezar a combatir.

Claro que, una vez dentro, quedan los miedos.

Miedo a cambiar la tienda por una casa en la playa.
La acera por una oficina.
La plaza por una consejería.
La bici por un coche oficial.
Los eseemeeses por congresos con cargo al gobierno.
Con banderas, insignias, vino español y todo eso.
Los delegados por ministerios.
El encargado de atender a los medios por el portavoz oficial.
Con nuevo discurso oficial.
Los bancos de tiempo y de alimentos,
por los que dan buenos dividendos.

Quedan los miedos de que todo cambie para volver a empezar.
Quizá por eso nuestro bebé no quiera madurar.

Sabe que,
de mayor,
será como los demás.


sábado, 12 de mayo de 2012

ZOOFILIA






ZOOFILIA


Todo iba bien hasta que
aquella mujer con pelo de salamandra y ojos de rana,
o de sapo,
mirada de lombriz y suspiros de caracol
preguntó:
¿Qué es para ti la felicidad?
Y sin darme tiempo a responder me dio un largo beso
con su lengua de camaleón y sabor a ostra.

Aturdido por la actuación, quedé pensativo un largo rato.
Y después otro.
Y luego otro y otro.
Y otro y…

Treinta lunas han pasado de aquel encuentro en la charca.
Desde entonces marcho hacia atrás como un cangrejo.
en actitud de espanto permanente y con los ojos abiertos
redondos y asustados como mosca que ha divisado rana en alerta:
mujer al borde del agua. O de la tierra.

Qué es para ti la felicidad retumba entre mis orejas de elefante.
Sale al exterior y vuelve a mí como a los oídos de un murciélago.
Pero no por ello consigo orientarme en este espacio infinito y vacío.
Me pierdo como hormiga en el barro.
Me retuerzo como lombriz fuera de él.
No hallo mi sitio.

A veces, es mejor no hacerse preguntas.
Tal vez la felicidad sea eso: vivir en la ignorancia.

jueves, 10 de mayo de 2012

OMAR






OMAR


Aquel hombre de pies negros barba gris turbante blanco,
avanzada edad con buen color indefinido,
abandonó su ciudad en el sur de Turquía para ganarse la vida como músico de dudúk.

Muy respetado en su tierra natal,
sin embargo los pobres ingresos no alcanzaban para mantener a sus dos esposas y seis hijos.
Animado por una publicidad siempre mentirosa y unas series de televisión importadas y engañosas,
creyó encontrar su prosperidad y destino en el sur de Europa.
En el otro sur.

Después de rebotar por las aduanas para extracomunitarios
un autobús maloliente y viejo lo escupió con asco en mitad de la nada:
había llegado al sur del sur.
Una España rasgada por la incertidumbre, quebrada por la crisis y gangrenada por las cifras letales del paro.
Que expulsaba a sus hijos licenciados despreciándolos, hacia el norte,
siempre el norte.
Y renegaba del efecto llamada socialista de papeles para todos.

Aquel voto cautivo no dio sus frutos y una legislatura y media más tarde,
unas arcas públicas secas y cuatro nuevos millones de parados,
el gobierno entero perdió los papeles cuando perdió las elecciones.
Los sin papeles y los con papeles iban a correr la misma suerte:
expulsados forzosos o huidos voluntarios.
Tú decides, si puedes. Que aquí sobramos todos.
También los autóctonos.

Erradicada la oferta laboral como especie alóctona invasora
Omar había llegado a este país de prejubilados pensionistas y parados,
de pandereta cuchufleta y derroche,
justo cuando empezaba a despertar del letargo imbécil que produce el bienestar.

Trenes cargados de jóvenes en paro, de padres en paro,
de abuelos reviviendo el miedo de posguerra,
chirriaban por las vías de ancho especial español
sin conexión posible europea, una señal que no debimos olvidar,
al tiempo que anidaban los estorninos en la catenaria del ave
de conexión europea y nadie por venir,
y las malas hierbas se hacían con el trazado: otra mala hierba de acero y hormigón
impulsada por las políticas de gasto y reparto.
Ellos gastan, yo reparto. Y me llevo la mejor parte. El trabajo, es lo que vale.

Omar llegó a pie hasta una playa al borde mismo del coto Doñana,
doña Ana decía él acostumbrado al respeto y a servir.
Allí dijo ver a un zapatero y un rey cazando linces a pedradas.
Pero nadie le creyó esta historia y lo acusaron de espionaje por inmiscuirse en los asuntos del estado. No interesaba, es mejor que el pueblo viva en la ignorancia.
No sufre ni protesta el que no sabe.

Llevaba siete años de cárcel  cuando una oenegé necesitada de acciones llamativas le catapultó a la fama convirtiéndole en un mártir del sistema.

Con el dinero de la indemnización Omar volvió a su tierra donde le esperaban sus dos esposas embarazadas y sus ocho hijos mayores.

Alejado de todo sensacionalismo mediático, los allegados cuentan
que Omar pasó los últimos años de su vida tocando el dudúk en la playa.
Mirando a poniente.
Que mirando al infinito mar
imaginaba los rayos de sol enredándose con la hierba de doña ana,
y estiraba aquellas sombras del atardecer hasta su playa.

Cuando la tercera ola mojaba sus pies, se retiraba.

Dicen que lo ocurrido en aquel sur de Europa le confundió para siempre.
Y que nunca supo si dar las gracias por lo vivido,
o maldecirlo porque no estaba en sus planes.


PLACES





PLACES


Me he pasado la vida esperando a que llegaras a casa:
antes pá llá, ahora pá quí.
No sé. Parece que vivo siempre en el lugar equivocado.
Que no debí hacer por ti lo que hago.
Al plazo largo, sólo son desengaños.
Que si hoy por ti, mañana por… ti.
Decisiones erróneas.

Nada de eso.
Hoy por un tal vez, mañana por un quizás.
Al final, todo al revés.
Y al por qué será que contando la porción más corta del día
la convierto en la más larga y amarga.

Es la angustia del que espera. La emoción del que llega.
Nada que ver la una con la otra,
pero ambas confluyen en un punto de encuentro
que tornan sublime el esperado momento.