miércoles, 13 de febrero de 2013

FITNESS




FITNESS


Siempre me estimuló el footing. Lo que se llamaba deporte.
Antes correr.
Antes más antes: quizás huir.
O perseguir, que dependiendo del objeto o sujeto,
a veces se va detrás, otras delante.

Pero ni detrás ni delante ni antes ni después atrapa uno su objetivo.
Si acaso, es atrapado siendo el objetivo de otros.
Bien sea por castigo ejemplar, calumnia singular o mofa popular.
Todo sirve en esta fiesta de los idiotas con ignorantes y mediocres
haciéndose cada vez más fuertes.

Ya ves, ellos no necesitan correr:
la masa hace la fuerza y mejor cuanto más bruta.
A más bruta más torpeza más inmóvil más contención
más obstinación más fuerza.
Y la masa nunca corre, persigue.
Hasta que la persigue otra masa más grande y necia.

Y así gira el mundo persiguiéndose a sí mismo para salir,
de este mundo.
Tal vez huir de lo que no tiene futuro si no lo cambia alguno.
Que no saldrá de la masa y a la segunda buena idea
que lo distinga del grupo
perseguido será por brujo.

Y a huir, o correr.
Llámalo deporte, o footing.
Es más estimulante, y no te sentirás cobarde.



© CHRISTOPHE CARO ALCALDE

TOXIC MAILING





TOXIC MAILING


Hemos sellado los buzones de casa.
No queremos saber nada de si algo tiene el mundo que decirnos.
Que al mundo no le importamos y,
casi,
ni a nosotros mismos.

Aquí no nos dejen correo que en el papel cabe todo y,
sobre todo lo que en el papel va escrito,
destacando las malas noticias.

Lo que no es factura es demanda. Lo que no,
pleito.
Cuando ni lo uno ni lo otro, denuncia.
Y aunque cayéndose está nuestra casa el estado viene a pedir ayuda.
Para ser preciso, exigir. Que el estado pedir no pide:
impone sus antojos con toda suerte de amenazas.
La suerte que a los demás nos falta y que,
por estar tan acaparada,
vienen a por nosotros que quieren quitárnoslo todo.

Primero fue el aviso luego vino la amenaza.
Después el embargo de cuentas y por último lo que más queríamos:
ésta que fue nuestra casa.
Así hasta que nos arranquen la vida que con nuestro sufrimiento
construye el poder la suya:
vida y casa.

Mansiones y gran vida para unos pocos con los recortes de otros:
muñecos de papel cartón para colorear y jugar en la escuela.
Pues qué somos sino muñecos en la sala de juegos del mundo.

Pasa de largo cartero, no te detengas cartera.
Que aquí aunque lo parezca, vivir ya no vive nadie.
Que estamos muertos que nada queremos saber de si al otro lado queda alguien.
Con quien compartir el tiempo, éste que nos están quitando.

Dejadnos vivir mundo hostil:
empezad por olvidar el correo.



© CHRISTOPHE CARO ALCALDE

CIUDADANOS SP




CIUDADANOS SP


De la mediocridad la norma del pillaje una constante
del fraude un negocio del engaño un hábito.
De la evasión,
fiscal, nadie habla de moral,
un orgullo. De la irresponsabilidad un sistema.
De vida.
De la holgazanería una excusa.

De la calumnia un credo del credo una religión,
de la religión un castigo.
Del castigo una amenaza de la amenaza el chantaje del chantaje una causa.

El compromiso la honestidad el juramento la lealtad:
razones para salir corriendo.
No vaya la estructura de dependencias
a desmoronarse por dentro.

Vamos todos que esta casa es una fiesta.
Vamos a pasarlo en grande:
el vecino trae las bebidas la comida sus amigos.
El servicio por cuenta ajena y la casa no está pagada.
Olvida los compromisos que a nadie le importa nada.

Vamos a dar gritos, saltos, tiros. A lanzar octavillas y cohetes.
A repartirnos peonadas y los muebles.

Vamos a desvalijarlo todo, a vaciar la despensa y la caja.
Pero démonos prisa que van a venir de fuera,
los vecinos y sus amigos,
a decirnos cuánto se debe.

Y a cobrárselo todo en sangre.



© CHRISTOPHE CARO ALCALDE

martes, 5 de febrero de 2013

PARALELISMOS DISTANTES





PARALELISMOS DISTANTES


Me equivoqué contigo.
Como con todo.
Me equivoqué otra vez como suele suceder:
pongo demasiado énfasis en los proyectos,
que no me va la vida en ellos pero sí el entusiasmo.
Y me desvanezco.

Me equivoqué contigo por creer que harías de esta vida rota un sueño.
De este tormento un baile. Casi perpetuo.
Sin máscaras ni disfraces.
De esta soledad una fiesta.

Me equivoqué como me ocurre con todo.
Incluso conmigo.
Que anhelo lo que nunca conseguí ni puedo:
ya no sé si lo merezco que los años de desengaño
me han hecho creer lo contrario.

Me equivoqué por creer que podríamos ser un equipo pero,
ay,
a poco que levantas la manta
y frotas este juego de rasca y gana,
salen ahí mismo los egoísmos.

Se cruzaron estos caminos no porque ese fuera nuestro destino.
Aquí no había nada escrito y es el azar quien así lo quiso.
Y qué es el azar sino un capricho.
Caminos que son paralelos pero nunca compartimos.

No ha cambiado mucho este baile,
sí, de máscaras.
Distintos personajes mismos disfraces.

Con la mochila al hombro de mis tormentos sigo por las rutas de la soledad
y este permanente quiero y no puedo.
Quiero y no puedo y, ¿sabes acaso lo que yo quiero?
¿Ves? Te lo dije:
me equivoqué contigo como conmigo como con todo.




© CHRISTOPHE CARO ALCALDE

PULSÓMETRO




PULSÓMETRO


Hoy no me encontraba el corazón.
Que no me latía ni me daba señales de vida.
Y no sé si es porque estoy muerto o disimulo o en el camino de serlo.
Pues para lo que hay que vivir me da que no vale la pena tanto latir y latir
como si en ello nos fuera la vida.

Que todos los días son iguales para el que nada posee y a esto lo llaman suerte:
el que viene es distinto y peor.
El primero de otro montón de días iguales
que con inocencia llamamos racha y nos decimos:
ya vendrán tiempos mejores. Con tal de que sean distintos.

Nunca llegan que nunca lo son
que sólo nos acostumbramos al nuevo combate
donde las hostias se sirven a pares.
Somos el púgil necesario para que haya ganador:
El otro.
El más fuerte el que siempre besa la gloria.

Nosotros besamos la lona y a ras de suelo tenemos la perspectiva perfecta
para ver de qué piel están hechos los zapatos que nos pisotean.
Si es de hombre o mujer, qué altura de tacón.
Son zapatos nuevos y duelen o están bien domados
de aplastar a la gente.

Hoy no me encontraba el corazón y ya sé por qué:
estoy en el proceso de abandonar este ring.
Me iré como vine, arrastras y sin que se entere la gente.
Que no me vean huir o no me dejarán partir.
Me dirán ¡ponte en pie!

Y vuelta a empezar con la fiesta de golpes,
y ya sabéis todos que esto
no puede tener otro fin.




© CHRISTOPHE CARO ALCALDE

ARTE DE SABIOS




ARTE DE SABIOS


Reunidos están los expertos en torno a su mesa redonda.
Con diez esquinas y múltiples aristas.

En el centro del universo, de ellos,
han expuesto la obra:
muda desnuda presa.
Y aunque contemplada, sin contemplaciones.
Sin cuidados ni miramientos ni tacto ni paños calientes.
Nada de esto importa que la obra es buena y sin sacar un arma
se defiende sola.
Si pudiera hablar a todos callaba que la tienen harta con tantas bobadas.

El crítico de arte sobornado el marchante tramposo el periodista desinformado,
que por una merienda copia al dictado.
El comisario con su dieta con cargo al erario
organiza el encuentro y a todos invita.
El galerista entendido, que redondea los números hasta que cuadren las cuentas:
hay que estirar al alza ese porcentaje pues aquí hay muchos que quieren su parte.
Y la obra es buena pero sólo hay una y no da para tanto.
Se verá si el artista hace otra.
El cliente que atiende y finge que entiende,
si bien es el grupo quien le asesora y explica qué siente.

Claro es que por la obra, él sentir nada siente.
Salvo cómo late y se agota su talonario de cheques.
Nada de rebajas que el artista es bueno y aquí está el negocio.

¿Y el artista?
No está ni se le espera.
Que a nadie importa qué es de su vida:
con un poco de suerte con una soga se ahorca.
Pues no hay mejor artista,
mejor no, valioso,
que el artista enterrado y bien muerto.





© CHRISTOPHE CARO ALCALDE

ROBERT



ROBERT

Aún estaba su cuerpo caliente
cuando ella decidió que ya había tenido bastante.
Cuatro años eran demasiados para no querer recuperarlos.

A él le conoció en una feria:
elegante cuerpo atlético grandes ojos castaños pelo rubio simpático.
Alegre, vital, seguro que muy cariñoso.
De allí salieron juntos.
Toda ilusión pura felicidad.

Ella puso la casa él su juventud.
Ella el trabajo para mantenerse, él,
la esperaba en casa.

Juntos daban paseos por el parque,
los fines de semana al campo.
A su familia la veían cada vez menos,
él la fue separando:
no quería compartirla con todos esos extraños.

Ella preparaba la comida, él la engullía rápido.
Ella limpiaba y ordenaba, él, a menudo rompía algo.
Ella se desesperaba él la miraba y callaba;
por si acaso, no quería que lo echaran.
Sabía cuándo había cruzado la raya.

Ella se esclavizó por él:
tarde descubrió que sólo era un cabrón egoísta.
Y adquirido ya el compromiso, no podía despacharlo a la calle.

Ella se hartó, él,
un día sin más, se murió.
Ella no pudo evitarlo y a pesar de esos cuatro pesados años,
lloró:
veinte segundos.
No dan para más tanto amor.

Aún estaba su cuerpo caliente
cuando ella decidió que ya había tenido bastante.
A él le conoció en una feria:
elegante cuerpo atlético grandes ojos castaños pelo rubio simpático.
Alegre, vital, seguro que muy cariñoso.
Un golden retriever de raza de nombre ilustre y difícil.
Ella se lo cambió por Robert.



© CHRISTOPHE CARO ALCALDE

NOTA BREVE


NOTA BREVE


Querida te escribo esta nota simple para decirte en un breve
lo que pienso de nuestro gran amor:

Nada, que se acabó.

Mayor contundencia se puede.
Mayor rapidez, no.



© CHRISTOPHE CARO ALCALDE

lunes, 21 de enero de 2013

FAMILY CONSPIRACY




FAMILY CONSPIRACY


Ella trama él no sospecha:
que ella no puede hacerlo y que a él no le inquieta.
Tantos los años juntos en el mismo barco protesta,
cruzando el canal de la mancha contra viento y marea
como en las grandes novelas,
es el escenario perfecto para la unión duradera.
Ya se verá si perfecta que perfecto no hay nada ¡y a quién le interesa!

Ella busca una mesa para jugar a dar golpes:
unos por los que la vida da otros por los que se devuelven;
se diría que ahora estamos de suerte son menos los que se reciben.
Ya hubo y habrá tiempo para lo contrario,
mejor será disfrutar el momento que si bien no es perfecto
que nada lo es aunque lo parezca,
vamos a aprovecharlo que esta puta vida quita más que lo que da.

Ella pide ayuda al señor de la madera de roble.
Por afinidad complexión y atracción que es casi un hechizo.
Y castaño y fresno y pino y haya y…
Al señor de los bosques.
Que pasó varias vidas y todas las que quedan
fabricando hermosas piezas sólo con madera muerta.
¡Quién iba a imaginarlo cuando empezó siendo niño
subido a una burra atando fardos de leña!
El señor de los bosques al principio y al fin:
lástima que también supo verlo algún socio interesado
y descarado que le robó a la cara la sabia.

Él busca y encuentra una buena mesa para dar fuertes golpes:
a hostias con la vida y como siempre.
¡Será puta esta mesa que tiene una depresión en el centro!
¿Será un pliegue en el espacio tiempo?
¿Viajaremos por fin a todos los lugares del mundo?
¿Podremos ver desde aquí, cumplidos los sueños que tuvimos de niños?

Con habilidad fuerza e ingenio resuelve el buen hombre este conflicto esotérico.
O místico o físico cuántico o metafísico:
ya podemos liarnos a hostias con las bolas del destino
y quién sabe si cambiar lo que no nos guste del camino.
Si esquivamos del pasado sus tropiezos,
qué nos impide elegir del futuro sólo los aciertos.
Es todo un misterio para la neurociencia
saber qué hizo de aquellos niños mal criados
adultos tan bien aprovechados.

En este entreacto son llamados a escena los sobrinos.
Uno que lo es por reglamento y años.
La otra que lo es por contagio.
Él se mete en el papel y en el juego del engaño:
¡Si hay que dar hostias!
Ella se apura y con cara de palo protesta;
a vueltas otra vez con la madera ya se ve.
Y de la maniobra culpa al que tiene más cerca.

Con añagazas argucias subterfugios y trampas elaboran una tosca emboscada:
abrir fuego a discreción contra el sujeto pasivo paciente,
y con munición de fogueo que si bien no mata molesta.
Más de trescientas preguntas sin jugo ni gracia por segundo de ráfaga
en el idioma de su graciosa vieja majestad.

Con majestad el embaucado contesta.
Con ganas quizás de marcharse de tan ridícula obra.

Torna la noche cada ratón a su nido
que mañana será otro día y hemos de empezar la partida.
Esa que consiste en dar palos a las bolas

de la vida.




© CHRISTOPHE CARO ALCALDE

domingo, 20 de enero de 2013

MONTERÍA




MONTERÍA


¿Y no quedará un resquicio por el que poder escapar
de esta trampa para osos donde caímos engañados?
Perseguidos por batidas de cazadores caníbales
sedientos de sangre tibia
hambrientos de carne humana en su punto crujiente a la parrilla.

Aquí en esta enorme fosa quedan los huesos
de los atrapados antes que nosotros.
Muertos de sed y hambre.
Desangrados por las heridas de flechas lanzas y balas.
Hombres que no se enfrentaron, hombres que huyeron.
Que murieron en el intento vano
de poner entre el enemigo y ellos,
tierra de por medio.

Pero toda esta tierra ya tiene dueño y éste sólo la quiere
para enterrar a los muertos.
Que no son sus muertos que somos nosotros.
Que esto le divierte que él no morirá nunca.

El poderoso tiene los medios, siempre,
para aniquilarnos y para perpetuarse.
El oprimido pone el sudor la sangre la carne los muertos.
Y morimos a cientos y a nadie le importa y en el agujero estamos todos.
Esperando que nos llegue el turno
de abandonar quizás por fin quizás sin remedio
este tramposo mundo.

Debemos cuanto antes liberar el espacio pues en la pugna por sustituirnos
más dóciles y a más bajo precio
hay ciento por uno.


© CHRISTOPHE CARO ALCALDE

sábado, 19 de enero de 2013

LA PAZ DE LA HOGUERA




LA PAZ DE LA HOGUERA


En torno al mismo cubo estamos todos,
bailando extrañas danzas del desencuentro
cantando plegarias de resentimiento contra el enemigo cercano
saltando como fieras los unos sobre los otros
con el fin de aniquilar al contrario.
Tarde o temprano todo cercano es también enemigo.

Ya no son las ideas las que molestan
sino las personas que estorban.
Sólo por estar donde no queremos verlas.

Atizamos la lumbre que provocará el gran incendio incontrolable
con el mismo hierro candente con el marcamos a los adversarios:
ganado para lidia con muerte y dolor. Cuanto más, mejor.

Golpeamos antes y más fuerte
para vencer como sea que es lo único importante.
Mentimos cuanto se puede blasfemamos hasta la consunción.
Calumniamos no para sentirnos mejor sino
para que ese asqueroso otro, se sienta peor.
Peor, peor, peor. Que cuanto peor, mejor.

Es la ley del rencor y la venganza.
Es el día a día de vivir en el poblado entre las chozas
de esta tribu de necios, asesinos y tiranos.
Es la consecuencia de no haberlos matado siendo niños.
Es el resultado de las guerras de clanes y familias generación tras generación.
Es el destino de este pueblo de psicópatas y zopencos.
Es la envidia de los palurdos.

En torno a un mismo cubo estamos todos.
Un mismo cubo de basura ya corrompida y con gusanos.
De nosotros, primos hermanos.




© CHRISTOPHE CARO ALCALDE