domingo, 10 de junio de 2012

NO ES MÁS CIERTO






NO ES MÁS CIERTO


Y tú me pides que me calle. ¡Tú!
Que me defiendes porque quieres. Y porque yo te lo pedí.
Que deberías decirme ¡grita que es la hora de gritar!
De ser escuchados. De contar la verdad.
Pero la verdad no importa a nadie. Más diría,
no es más cierto,
que la verdad molesta.
Incluso a los que con la verdad comercian:
para hacer de ella una mentira disfrazada
de cosa cierta. Cosa juzgada.

¿No es más cierto que entre su verdad y la mía,
la mía no vale nada?

Y tú me dices que me deje emparedar entre los muros del miedo
para el resto de mi vida. Que aquí no ocurre nada y que lo olvide.
Hablamos de justicia, ¡hagamos con ella justicia!
Dejémosla donde la malparieron:
en el barro del camino que no lleva a ningún lado.
Ese que orina y pisa todos los días el ganado.
Miles de pezuñas batiendo la ponzoña, a la carrera hambrientas,
hacia la hierba verde y fresca. Lejos, lejos de la justicia.
Que no alimenta y siempre mancha.

Y tú que hablas porque sabes de qué hablas me dices:
-          Cállate y estate quieto. Hazte el muerto. O te matará la policía del estado.
Solo uno más soy entre cientos de cadáveres. Que serán ejemplo para nada
y vergüenza para nadie.
La injusticia no lo es cuando emana del estado.
¿No somos todos el estado?

No se hable más, pues hay justicia.

viernes, 8 de junio de 2012

LIMPIEZA GENERAL






LIMPIEZA GENERAL


Ando estos días poniendo orden por la casa. Tirando lo que me falta
guardando lo que me sobra: siempre confundí prioridades.

Todo iba según el programa hasta que me topé con el baúl del olvido.
También conocido como el baúl de los recuerdos que se deben recordar
aunque con el tiempo los entierre el silencio. Será para bien.

Abierto aquel despropósito de vivencias insignificantes
no he sabido qué hacer con tamaña colección de naderías.

Que si la entrada del cine aquel día que llovió y te calaste los zapatos,
tan caros. Y mira que era mala la película. No importó.
Aún no sé por qué.

Nuestra primera multa de aparcamiento: enroscados en nuestros besos salados
ninguno vio la prohibición. Salados por la bolsa de patatas
que nos regaló aquel librero estupendo. 
A falta del cuento que comprar queríamos...

El condón sin usar de nuestra primera cita a ciegas y a por todas. Déjalo –dijiste.
Con los ojos vueltos del revés.
- Formalicemos nuestra unión sin profilaxis. ¡Seamos naturales! Mi amor.
Tan naturales que la madre naturaleza nos endosó dos gemelos:
no muy listos, y bastante feos.
Suerte que al cumplir los siete años ya se fueron:
querían responsabilizarse de sus actos y tomar el control de sus vidas.
Decían.
A Jorgito lo arrolló un tren de mercancías. Quiso subirse en marcha sin pagar.
Miguelito creo que murió en la cárcel. Así, sin avisar.
Tanto mejor.

La fotocopia del examen final de carrera: lo suspendiste.
Y dejaste una improbable brillante trayectoria de abogada mediocre
para entregarte a tu verdadera pasión: coleccionar amatistas.
Siempre te gustó nadar contracorriente pero, con tanta piedra, te ahogaste.

No sé dónde poner los cuatro discos que compramos en aquel penoso viaje por Australia.
No era la música lo que nos cautivó, ni siquiera los escuchamos. Era su forma:
discos cuadrados.
Pura simbiosis geométrica en la segunda dimensión.

El bolígrafo de tinta invisible con el que firmamos nuestras respectivas defunciones.
Para que no se enterase nadie y evitarles un disgusto innecesario.

El libro de la mesita de noche que nunca llegamos a leer.
Sí que fue aquel nuestro verdadero libro blanco, era el libro de visitas.

La tarta de nuestro primer aniversario. Te gustaría verla:
siguen las velas encendidas. Mira qué cosa.
Para ti, que siempre quisiste ir al infierno.
Estabas ¡harta de tanta buena gente!

Pero de todos los recuerdos que hoy quiero deshacerme
hay uno que me tiene especialmente confundido:
el aviso de corte eléctrico por impago de los diez últimos recibos.

¿No eras tú la que afirmabas haber resuelto todas nuestras deudas?

Cuando nos cortaron la luz dejamos de vernos. Y al hacerlo, de amarnos.

jueves, 7 de junio de 2012

DES-VIVENCIAS






DES-VIVENCIAS


Con frecuencia me pregunto cosas que no debería:
Porque no sé las respuestas.
Porque nadie me va a responder.

Y de los interrogantes inútiles que de mi cuello cuelgan
hay uno que pesa más que el resto. Todo junto.
El mal sueño recurrente que revives ya despierto.

¿De qué me sirvió sufrir por cosas que no tuvieron que ocurrir?
¿Por qué pagar tan alto precio por algo que nunca deseé, ni pedí?
No busqué, me lo impusieron. Tropecé. Caí.
Trampas de tramposos para ingenuos caminantes.
La vida resabiada y retorcida se empeñó en hacerme padecer.
Padecer que no es vivir.

Ningún provecho saqué de todo aquello.
La lección que se escondía tras el capítulo final, corta y aburrida,
ya la conocía:
no he faltado una clase hasta la fecha en la escuela del vivir,
aunque ya me gustaría porque
mira que sobran enseñanzas de las que puedo prescindir.

En el futuro, pretendo no asistir siempre que pueda.
Que la vida bien puede seguir sin mí.
Si a ella no le importo, mutuo es el desinterés.

Mostraré un perfil bajo para no ser señalado:
por los compas, el maestro.
El director de este loco centro imposible para cuerdos.
Que no sepan que existo será mi mejor defensa contra el agravio colectivo,
las envidias de los chicos y más de un desaire femenino.
Los desaires ya se sabe: quitan el aire. Y el hipo,
las botas, la cartera. Todo lo limpian.

En ocasiones vivir mejor es fácil:
basta con que de ti no se acuerden.
Si yo ya he comenzado a olvidarme de mí mismo
¿qué le costará al mundo, digo yo, seguir mi ritmo?

POETAS






POETAS


Aquella escribidora en prácticas de mirada inconclusa y voz de sordina
se arrebató cuando subió al escenario.
Hacía tiempo que su mente ya no estaba para muchos análisis interiores
pero cuando una presentación sobrada de halagos, poco realista y nada sincera
dijo de ella que era un gran poetisa,
la aludida terminó por perder completamente la cabeza.

Era su primer libro, un zafio tomo de frases desordenadas con forma de versos
y poco sentido del ridículo.
Escritos en restos de papel higiénico, 
por un crónico problema de evacuación emuntoria,
los había ido coleccionando con los años.

Por casualidad, un fragmento cayó en manos de una tía tan rica como loca.

Bueno, cayó en el suelo que recogió la señora de la limpieza que tiró en la recicladora de papel que se atascó con la menudencia que extrajo un técnico amigo de la familia que curioseó sin poderlo evitar que se lo leyó a su amante que se lo pasó a una amiga que tenía una vecina que conocía a la tía tan rica como loca.

Ésta, decidió pagar a una editorial de renombre entre cloacas,
y cobrarse algunos favores de las cloacas,
para publicárselo y hacer de él, y de ella, un best seller.
No en vano, era su sobrina preferida:
la chifladura, que une mucho.

Ya en el estrado y con la platea a reventar,
de familiares, amigos, subordinados de su grupo empresarial,
y envidiosos en general,
la poetisa descompensada se subió a la mesa y
taconeando una bulería de alta montaña
gritó al populacho:
¡Soy la poeta del siglo! Recordad mi nombre,
pues por mi escritura genial seré por la historia recordada.
¡A tiempo estáis de adelantaros a vuestro tiempo! ¡So cobardes!

Dos años más tarde, la tía la sobrina y su representante,
aquel de los halagos inflados,
jugaban a las cartas en un banco del parque.
Del parque de la mejor residencia para incapacitados psíquicos
que la fortuna de la tía pudo pagar.
Y sus albaceas no pudieron desfalcar.

Y es que cuando la poesía de altura perdió el empuje del viento de moda
el hostión de la caída fue tan grande
que ninguno ha sido capaz de superarlo.



lunes, 4 de junio de 2012

COSIENDO CON PLOMOS









COSIENDO CON PLOMOS


Joder, mira que es aburrido leer poesía.
Nada, que no me concentro, que no sigo el hilo.
Que no llego al ovillo. Que pierdo la aguja el dedal y el cosido.
Que al final siempre me quedo roto, por fuera y por dentro.
Y uno ya no está para esto.
Que me confundo y confunden con tanto conflicto.

Y es que mire usted señor poeta, o poetisa que de cargante nadie se libra,
ese oficio, ¿lo de poeta es un oficio?, es peor que un ladrillo.
A veces por demasiado profundo. Denso como plomo. E igual de pesado.
Otras por lo contrario: demasiado etéreo. Volátil como gas.
Se me va usted por las ramas y flota con tal facilidad,
que para la segunda estrofa ya estamos todos fumados.
Y claro, así no hay quien vuelva a tierra. Ni pisarla pueda:
la levedad del ser, la inmaterialidad de la materia,
la insustancialidad de todo lo divino; esas cosas de poetas.

Ocurre que a este asunto suyo de la poesía no le encuentro un hueco en mi vida.
No me repara el televisor, y esto es importante. Ni la nevera. Ni siquiera me corta el césped o cuida del gato. Tampoco me sirve de comida para perros, y mira que ellos casi comen cualquier cosa, pero les echo un puñado de poemas y lo olfatean con tanto desconcierto, diría con asco, que me ponen en guardia. Algo hay, me digo. Que los perros son gente muy lista.

Si leo para dormirme, joder,
me quita el sueño con tanto tormento.
Si es para despertarme,
me entra un sopor imposible con tanto ensimismamiento.

No es para niños, se desnuda demasiado pronto.
Ni para mayores, se desnuda de una forma tan rara que asusta:
mira que si es contagioso. ¡Y yo sin vacunar!
Si corre mucho me lío, ya estamos otra vez con el hilo.
Si es lento, me mata de aburrimiento.

Si es sencillo, de puro simple no le encuentro sentido.
Si es complicado, de puro enredo no le encuentro… sentido.
Si breve, para cuando quiero empezar ya he terminado.
Si largo, para cuando termino ya no sé de qué iba el asunto.
Clásico, no estoy yo para aprender a leer otra vez.
Vanguardista, ¿dónde están las palabras que hay que leer?
¿Es poesía o abstracción esto que tengo delante?

Mira que es aburrido leer poesía. No hay novela no hay historia.
Sólo frases cortadas.
No se extrañen de que la cosa sea minoritaria.


domingo, 3 de junio de 2012

HABITACIÓN 327





HABITACIÓN 327


Viví esta noche una aventura fantástica
de las que cumpliendo un deseo superan toda realidad aparente.
Tú y yo en la habitación terciopelo:
azul caramelo azul cielo.
-          Te estaba esperando, pasa cielo.
Dijiste con ganas de terminar de una vez
lo que estaba pendiente desde que dejamos de ser dos extraños.

Había llegado por casualidad
y por alguna ruta que recordar no puedo.
Supe que eras tú cuando me abriste la puerta, fue todo tan rápido.
-          Pasa cielo.
Y antes de cerrar ya estaba tu vestido en el suelo.

Sin mirarte a los ojos me llevaste a tu cama. Sin decir nada
metidos entre sábanas color pomelo, tacto de seda, sabor de menta,
olor de jazmín. ¿O fue de pachuli? Siempre me falló la nariz.

-          Puedes besarme en cualquier parte, pero no en la cara.
Nadie debe saber que somos amantes. Yo perdería el interés,
y tú la fe.
Solo el secreto y lo prohibido nos mantendrá unidos.
¡Seamos amantes furtivos!

Y te besé en todas partes. Más en las partes importantes.
Y te agarraste a mí. Más de las partes importantes.
Pasamos la noche enroscados. Yendo viniendo gimiendo.
Tú gritando. A veces, casi llorando.
De placer. Incontrolable intenso.

-          Me gusta que me muerdas, ni fuerte ni despacio. Muérdeme.
Me gusta que me toquen: aquí, aquí, aquí. Y ahí. Especialmente ahí.
Tócame.
Me gusta que me susurren, no cosas dulces. Deja esas para el gran público,
sé que eres un embaucador. No me importa, embáucame.
Dime cosas fuertes, tanto que me produzcan sonrojo.
Dime lo que solo dirías a una amante. Por cierto, ¿cuántas tienes?
No me importa, miénteme. Dime que soy la única. Sé canalla.

-          Hazme lo que nunca me han hecho por donde nunca he querido y
como nunca me he dejado. Hazme todo lo que deseo pero pedirte no puedo.
Soy generosa, sabré corresponderte. A mí, estás de suerte,
no me agotan los orgasmos. Más lo contrario.
¿No habrás quedado con nadie? Será larga la noche.

Soñé esta noche una aventura fantástica
de las que cumpliendo un deseo superan toda realidad aparente.
Me desperté como suele ocurrir:
empapado en sudor,
y en lo que no quiero decir.

CAPITANES INTRÉPIDOS






CAPITANES INTRÉPIDOS


Un día cualquiera voy a pasar por tu casa. No porque quiera,
sabes que soy un apático ausente,
sino porque no me quedan excusas para seguirte esquivando.

De mí no esperes gran cosa. O tal vez sí, dependerá del momento.
De cómo sea el encuentro, de la longitud del pasillo:
kilómetros de damero que separan las únicas puertas que de tu casa conozco.
Dormitorio y rellano.
De lo que tengas pensado, de los nuevos juguetes que hayas comprado.
Sabes que siempre me gustó experimentar. Y a ti que contigo hiciera
eso de buscarte los puntos y todas tus letras.
Por ello provocas y apuestas y arriesgas, a que esta vez será mejor y habrá más.
Más de ti y de mí, de todo lo que queremos repartir.

Un día cualquiera vamos a quitar esas cortinas tan largas que oscurecen tu alcoba
y clavando en el centro de tu colchón el palo por el que discurren y cuelgan,
discurren ellas discurres tú a ver cómo de ahí nos colgamos los dos,
vamos a construir un velero.

Yo seré el capitán, no nací para menos.
Tú polizonte furtiva buscando refugio para evitar el contagio:
el de las ganas que dan de tirarte a la mar.
Ese suelo cubierto por un edredón.
Azul mar azul cielo azul pensamiento y deseo.

Y antes de que tu cuerpo se hunda en el agua y te quedes sin aire
ahí estaré para salvarte, qué otra cosa puedo hacer,
de una muerte improbable
y de una vida que parecía insalvable.

Un día de estos…
Un día de estos voy a resolver unas cuantas cosas que tengo pendientes
que resueltas ya están pero hay quien parece no quiera enterarse
y voy a pasar por tu casa para proponerte el gran viaje.
El que con ese velero hecho de cortinas sábanas edredones y mantas
nos aleje de esta isla que pareciendo perfecta
tú y yo sabemos que es una isla desierta.


ENTREVISTA






ENTREVISTA


Y aquella periodista de alterne con vocación de cupletista
mirada de zombi manos de lagarta pelo de serpiente nariz de rana
ojos de topo orejas de gorrión dientes de abeja
y lengua de trapo
me preguntó:
¿Te consideras un friki?

Y yo
con mi voz ronca de barril ojos de puente nariz de pulpo
brazos de merluza manos de araña orejas de cobarde
mirada de horizonte desazón de niebla dudas de mosca
en un susurro de tren con aliento de petróleo le respondí:

Querida, soy tan normal como tú.















VECINOS






VECINOS


Dicen que se avecina un cambio
que el mañana llevará y traerá nuevas cosas.
No sé si metidas en cajas y en un camión de mudanzas.

Y yo me pregunto, desde esta ignorancia que me caracteriza:

¿Quién vivía arriba hasta ayer?

AJUSTICIADO






AJUSTICIADO


No habrá justicia.
Para mí no la habrá.

Si la justicia es reparar el daño causado, al denunciado,
no la habrá.

¿Quién me devolverá mi noche en la mazmorra?
En aquel banco de ladrillo sucio y pegajoso.
A compartir con un dominicano al que habían quitado los cordones de las Nike.
Yo tuve suerte, mis zapatos no llevaban.
Sí me confiscaron el cinturón, no fuera a tener deseos de ahorcarme… no sé.
Tal vez de la cámara de vigilancia.
Todo por mi seguridad.

Para mí no la habrá. Justicia, digo.
¿Quién me devolverá estos años de huída?
A mí, que siempre fui de dar la cara, he vivido escondido desde entonces.
Ocultándome entre matorrales para no ser tiroteado.
No en vano, era presa fácil con tanto cazador frustrado.
El hombre desarmado abatido por el hombre mercenario.
Al servicio de quien más paga, lo de siempre.

¿Quién me devolverá la fe?
En la verdad, la lealtad, la honestidad. La fe en la justicia.
En los demás.
También en mí, porque todo lo perdí.

¿Quién me devolverá mi corazón?
Se lo comieron los perros. Los perros del cazador.

¿Quién me devolverá las lágrimas?
Las mías, las suyas. Las de todos mis demás.
Mis noches de insomnio, mis pesadillas, mis sufrimientos.
Bueno, estas mejor se las queden. No quiero más.

¿Quién me devolverá el deseo de vivir?
De enfrentarme a un nuevo día sin creer que nada malo va a pasar.
Los amaneceres perdidos en la niebla de mi soledad,
de aquel tiempo sin abrazos, de camas vacías y techos oscuros.
De sábanas frías y almohadas planchadas.
Silenciosas oscuras y frías como la noche,
y los miles de días que corriendo se fueron.
Que huyeron de mí cuando,
al hierro candente de la sospecha fui marcado como ganado.
Hombre soy, y por ello culpable.
Hombre soy, sobra con esta prueba de cargo. No hace falta decir más.

No habrá justicia.
Para mí ya no la habrá.






AGUA QUE NO HAS DE BEBER








AGUA QUE NO HAS DE BEBER


Dice la prensa seria y la contraria
la oficial gubernamental y la antirégimen
que el agua de la piscina se vaciará después del acto:
inaugural besucón y autocomplaciente como todos.
Que drenarán el vaso, el de la piscina,
después de cortar la cinta para los homenajeados:
presidentes alcaldes alcaides, lo de siempre.
Los otros están en la trastienda, ocultados, que no escondidos.
A la sombra, para algo son presos.
Carne de tortura humillación amenaza e insulto.
Que por eso son presos.
Y la piscina no será para ellos. Será para…
¿Para qué la hicieron? O para quién.

También dice la prensa que los televisores, los 650 aparatos,
que colocarían en las celdas de los presos quizás para matar el tiempo
o para matarlos a ellos de aburrimiento
están en el almacén. Y que de ahí no saldrán
salvo pago de su importe a precio de mercado por algún interesado.
Los presos no deben ver la tele. Aunque no sé si llamar a esto castigo
o compasión.
Contraria a la piscina, la tele sí es una tortura.
Así, puede que alguien cambie de opinión y se los pongan. Por eso mismo.

Presiona la prensa, de ahí su nombre prensa, actúa el político.
De ahí su nombre.
No está la sociedad dispuesta a que el preso no viva infeliz.
El preso debe sufrir, que algo habrá hecho.
Y seguro muy malo. De ahí ser preso.

¡Volvamos a las mazmorras, que no vean la luz del sol!
Pongámosles grilletes, metamos veinte en una celda.
Que arañen en el adobe los años de cautiverio
hasta que se queden sin dedos.
Y tira bien lejos la llave, si han de salir que sea muertos.

Del Expreso de Medianoche hagamos un libro de maltrato,
si es contra el preso sólo será trato.
Volvamos a la edad media
cortémosle la cabeza quememos al preso en la hoguera.
¿O será al revés? ¿Qué duele más?

Y cuando vean los presos la piscina con su vaso seco,
se dirán:
está el vaso medio vacío porque no tenemos agua
medio lleno porque tenemos piscina.
Será esto lo importante.