martes, 17 de junio de 2014

EL ALIENTO EN LA NUCA

EL ALIENTO EN LA NUCA




Aquel tipo de la barba rala con uniforme combate-o-muere

sedujo a los idealistas con aspiraciones a personas elevadas.



Los pragmáticos los cínicos los independentistas verdaderos

quedaron fuera de su discurso revolucionario e insolidariamente solidario:

o conmigo o enemigo.



Huyeron a tiempo los avispados. Quienes no

se dejaron arrastrar por la corriente que acabaría ahogándolos a todos.

Salvaron el pellejo y poco más quienes nadando contra corriente

abandonaron el lugar.

Que aquel río no iba a la mar que caía en el abismo.

Los que no lograron escapar fueron arrestados y arrastrados a morir

asesinados por contestatarios a la revolución.

Por orden y gracia del tipo con la barba rala y uniforme combate interno:

el enemigo se hizo fuerte desde dentro.



Con lengua de encantador cuentos de flautista y engaños de ilusionista

sedujo por igual a intelectuales campesinos obreros de la construcción.

De la construcción de un país en el comienzo del cierre por derribo.



Abajo esos palacios de virreyes abajo las mansiones de burgueses

Abajo fábricas de empresarios incapaces de pensar en grandes planes.

Abajo el orden establecido para inventarse uno nuevo.

Abajo normas y leyes para reescribirlas todas.

Abajo la convivencia y arrestar por desobediencia.

Abajo el viejo poder:

Ya el malabarista de las palabras eternas tiene pensado uno nuevo.

Llámase poder absolutista y absoluto.



Abajo los que no están de mi lado cuidado con los que están a mi lado:

no se acerquen demasiado.

Abajo, en el fondo del mar todos abajo.

Abajo callados abajo subordinados abajo postrados.

Abajo malnacidos no oséis levantar la voz ni la mirada.

No quiero opiniones no piensen no imaginen ya lo hago por ustedes.



Intelectuales campesinos obreros artistas y deportistas.

No me guiñen un ojo no me examinen de reojo.

No me hablen al oído no susurren no me dicten no mediten.



No se crean como sean no me toquen los huevos y obedezcan!!

No recuerden lo que fueron. Y aquel que no, fuera o muera.



Aquel tipo de la barba rala con uniforme camuflaje se camufló en lo que nunca fue:

un solidario.

Y como un depredador, tirano solitario, vive en su palacio de virrey arrebatado.

Arrebatado el palacio a sus legítimos propietarios: el pueblo en el abismo.

Arrebatado él hoy en su locura.

Donde morirá venerado sin que se haya hecho justicia:



No ajusticiado.



© CHRISTOPHE CARO ALCALDE

PATOLOGÍAS I

PATOLOGÍAS I



El idealismo es un malestar general del individuo

cuyos síntomas se manifiestan:

violentas convulsiones palpitaciones sudoración

sobreexcitación del neocortex histeria individual

o colectiva.



Con frecuencia remite sin secuelas gracias a una dosis mantenida

en forma de píldora diaria. De vida diaria.



Con el tiempo el individuo se recupera llegando incluso

a olvidar por completo el episodio.



En ocasiones, la enfermedad se enquista conduciendo al sujeto

al internamiento.

En casos extremos

a la muerte por obstinación.




© CHRISTOPHE CARO ALCALDE

TOMADACA

TOMADACA




Mis problemas nada le importan al mundo. En consecuencia:

sus problemas nada me importan a mí. Aunque sé

que los males y maldades de rufianes que mueven el mundo


tienen consecuencias en mí.





© CHRISTOPHE CARO ALCALDE

lunes, 16 de junio de 2014

PPT

PPT




Aquel hombre con elegante sombrero de patriarca,

no de patriarca gitano como dijo ese guajirito español

galleguito de nacimiento poco patriota por convicción,

alzó los brazos unidas las manos en señal de victoria

o resistencia o ambas que en su resistencia está la victoria,

antes de partir.



-Vine, pasaron casi cien meses y más de cien lunas pero vine al fin.



Me voy con la cabeza erguida como siempre.

Como avanzan los guerreros al lugar de la contienda.

Y no sé si volveré.



Me voy al paraíso que perdí donde la vida derramé

gota a gota campaña tras campaña

haciendo armando defendiendo grandes planes.

A vueltas y revueltas hasta alcanzar que el respirar

sea también una gran revolución.



Me voy como un soldado al frente donde mueren los valientes

y el que no muere se entierra en la trinchera.

Vuelvo pues a mi trinchera con el corazón herido

y algo de felicidad en el alma:

la esperanza es la esperanza.



Marcho alzando el puño de la gloria

que a veces sólo aguarda a los que aguantan.

Si son tiempos donde vencer es resistir,

resistiré.



Resistiré igual que amé a mis hijos a todas mis mujeres

a la madre de todas las dichas y desdichas:

Madre Revolución.



Marcho guajirito anónimo cuida de mi pitirre

o me tendrás de vuelta dándote guantás en el cogote

hasta que aprendas galleguito bobo.



Y aquel hombre del sombrero distinguido

recogió sus sencillos objetos siempre personales:

cinturón de pantalón en huelga de piernas caídas,

billetera de CUC´S en el abismo del desplome,

reloj con segundos de acero y horas de plomo

que caerán todas encima de todos pase el tiempo o lo que pase,

y cruzó el arco que no celebra triunfos y sí define terroristas

sin que saltaran las alarmas.



Mal calibrada estaba la máquina pues no debieron,

no debieron,

dejarlo marchar.



Este país de los mediocres los inútiles y vagos

no puede permitirse derrochar otro talento

sin lanzar la pregunta más elemental:



¿Cómo fue que lo lograste viejo?

Cómo es que estás lúcido y entero.

Que a pesar de los reveses los contraataques

los asaltos al poder de las ideas,

sigues vivo y pleno de ideales.



Pero en este país de galleguitos asustados

con la crisis del dinero que no alcanza para fiestas como antes

nadie pensó nadie dijo nadie vio.

También es el país de los ciegos loros parlantes.



Y desde mi lado cómodo de la frontera lo vi partir

sin una lágrima en el rostro

No sé si heridas en el alma del olvido,

Que el viejo es viejo entero y no se arredra

así con naderías.

Como hacen los que no conocen las trincheras.



Victoria sí, que la victoria es resistir.



Queda por saber si el vacío que has dejado,

resistirá.




© CHRISTOPHE CARO ALCALDE

domingo, 15 de junio de 2014

COSECHA SEGURA

COSECHA SEGURA




Aquí los campos de trigo.

Allá los de cebada.

Más lejos los de avena centeno y espelta.

Donde la vista no alcanza están los campos de maíz y arroz.



Pero todos, aquí allá acullá,



todos son campos de batalla.



© CHRISTOPHE CARO ALCALDE

VÍNCULOS

VÍNCULOS




Ya estuvieron por aquí los hijos de la gran puta.


Que sí que sí que son unos hijos de puta que los hijos no son míos


que son hijos de su madre. La puta.




La que no sabe quién ni quienes son los padres.


Los que engendró estando yo en los mares


trabajando los campos las minas las fábricas de esclavos.


La cárcel de este condado de este estado.


El que sólo es un campo abonado para los hijos


de todas estas hijas de puta.




Ya estuvieron por aquí los hijos de su madre


y aunque odiarlos quisiera


nacerme del alma no me nace del corazón tampoco.


De los huevos no puede ser ya dije que no son míos.




Cómo no quererlos si soy yo quien los ha criado.




Ya volverán cuando quieran


los hijos.




© CHRISTOPHE CARO ALCALDE

viernes, 13 de junio de 2014

GOOD BYE, PEOPLE GOOD BYE



GOOD BYE, PEOPLE GOOD BYE



Se fueron todos.

Nadie por aquí ya están todos largados o escapados.

O huidos o expulsados.



Adiós al pueblo a las gentes del lugar a forasteros.

Adiós paisaje adiós lunas y lunáticos.

Adiós paisanaje sano y enfermo.

Adiós viejos y muchachos.

Justos y pendejos prudentes e insensatos.

Castas y putas trabajadores y gandules.



Se vayan todos, nadie se arriesgue a que le caigan las piedras.

Después de la fiesta, la comida la bebida los bailes y las flores,

queda lo mejor a los mejores: piedras como castillos desde el torreón

donde párroco y alcalde saludan a visitantes.

¡Bienvenidos míster y mistera!



Y después roca a cada uno en la cabeza.

A reventar al que se marcha sin pagar.

Que aquí se paga por todo, bueno o malo o regular.



Piedras, piedras para echarlos a todos y para salir corriendo.

Piedras pesadas como sermones rodantes como discursos.

Piedras de unos y otros. Es lo más sano que hay en el campo.



Se fueron todos, ¿no se fueron?

¿Queda alguno? Hay que lincharlo.

Y después…



Sola queda la novia en el convite con todos los muertos.

A los pies de sus zapatos bajo las ruedas del carruaje.

A los cascos de los caballos. Pisoteados como barro.

Sola queda la novia cuando acaba la farsa.

Sola queda como sola vino como sola vivirá.



Que a su lado no hay sino fantasmas.

Adiós, gentes y malas gentes.

Presentes y ausentes, malogrados y vigilantes.

Atentos y confundidos.

Dejad sola a la novia, que el vestido

es tiempo de irlo rompiendo.




Adiós.


© CHRISTOPHE CARO ALCALDE

EN LOS BANCOS DE LA PLAZA



EN LOS BANCOS DE LA PLAZA




Cuentan los antepasados, una historia difícil de creer.

No por inverosímil, ni por antigua ni moderna.

Sino por cierta.

Que la verdad no hay quien la soporte no la repitan no la cuenten.

Den con ella de comer a los sabuesos. O a los buitres a los cocodrilos.

A los cerdos.

Rómpanle los huesos, háganla sufrir.

A esa gran hija de puta, la verdad.



Hablan los corrillos de abuelos de cómo ocurrió lo ocurrido.

Por qué pasará lo que está cantado y qué poco caso hacen estos jóvenes

soberbios.

Hartos de sí mismos, plenos de contenidos: vanos e inútiles como la guerra

al envejecimiento y el tiempo. Éste pagano lujurioso que siempre desnuda

a la verdad.



Superadas las expectativas y dejado atrás todo objetivo razonable,

los arrogantes jóvenes han subido el listón

para saltar más alto correr más rápido más lejos.

Estos jóvenes estos putos jóvenes dopados de irreflexión y falsa seguridad.

De discursos breves mirada corta oídos sordos.

Jóvenes sabios tanto como jóvenes necios. Jóvenes ávidos:

de irrealidad y hostias.



Cuentan los antepasados a los jóvenes muchas historias. Alguna cierta.

Mientras se ríen a carcajadas fingen que escuchan.

Mañana estos jóvenes sin pelo ni dientes ni fuerzas ni ganas y ajados de arrugas

narrarán historias de sus antepasados.

De lo que ocurrió cuándo ocurrió por qué lo hizo.

Quién fue el culpable.



Historias que serán ciertas en parte, inventadas algo, adornadas muy,

a otros jóvenes altivos faltos de interés,

por escucharlos.






© CHRISTOPHE CARO ALCALDE

A SALTO DE DÍA

A SALTO DE DÍA 


¡Ya está bueno llegó el día!
Y cuántos debieron pasar para alcanzar este día.
Y cómo y de qué manera y por qué no es este lugar ni hora ni día
para venir a contarlo.

Días blancos, días que se quedaron en blanco.
Días negros, días para no recordarlos.
Días grises, ¡los más abundantes!
Que la vida no es blanca no es negra es un amplio espectro
de grises.

También días de colores, ¡éstos los favoritos!
Pues son los días que hacen que la vida además de volar,  
sepas cuándo es vida vivida.

Están los días azules. ¡No dejen uno sin gastar! Son días para viajar.
Los de color rosa: han de tener los justos.
Que la vida la impulsan los sueños
pero se avanza despierto.

Días amarillos para correr. La forma, ¡mantengan la forma y las formas!
No son pocas las veces que superando el fondo, mejoran el contenido.

Días marrón chungo, éstos para salir corriendo.
Contra lo que no se puede, no se puede. Y mejor que chungo… chollo.

Entre carrera y carrera los verdes. Son días de la esperanza:
en que todo puede cambiar y mejorar.
Que no está todo hecho ni dicho ni tan siquiera pensado
¿y con ello qué nos queda?:
lo que queda se llama ilusión.

Otros los días rojos, éstos son rojo pasión. Ya tú sabes.
No me los dejen de lado pues sin ellos… todos se van echando.

Días malva para velar ausentes naranja para distraer a la gente.
Sienas bermellones cerúleos veronés prusias.
Días de todos los colores para sacar los colores.
Para ir y virar. Para hacer lo que les venga en gana.
¡Que hora va siendo de mandar al carajo a todo y a todos!
los que no se avienen
a ir por donde ustedes quieren. 

Pero hoy, para Alejandra y Solomon será un corto día blanco.
Ella está blanca por fuera él es blanco por dentro y la noche

háganme el favor de pasarse esta noche en blanco
que mañana será otro día y el color…

Bueno ya se verá. 






© CHRISTOPHE CARO ALCALDE

sábado, 7 de junio de 2014

PÉTALOS DE PENSAMIENTO, parte 147 (novela media)



La alegría no dura mucho, porque desde el bote de rescatadores los dos africanos grandes se zambullen en su búsqueda. Siempre a las incuestionadas órdenes del africano enano. El suspense es breve, más de lo deseado por las emociones fuertes, más de lo esperado por el público, menos de lo conveniente para su protagonista. Semidesnuda e inconsciente reaparece en los brazos del africano uno, y cogida de los pies por el africano dos.

Del agua al bote del bote al barco. Carreras coscorrones pisotones caídas tropiezos protestas. Ella no se entera y como nadie tiene intención de contárselo esto último no ha ocurrido. En el barco a… la enfermería. Resultó que sí, había una y ningún pasajero conocía su existencia. En el puente de mando, entrando a la derecha una puerta habitualmente cerrada guarda lo poco disponible para primeros auxilios. Y segundos y terceros que perdidos en alta mar no hay para muchas opciones.


Superado el inconveniente de la maniobra, los negros tamaño baloncesto portan a una blanca tamaño pelota y arrojan el cuerpo sobre una de las camas. Dos, que tampoco se ha de derrochar. Es un carguero no un trasatlántico oceánico para viajes de placer de gente acomodada. Fausto estira el cuello entre los cuellos estirados de todos los curiosos, pero él no quiere ver a la morena sino descubrir si es ahí donde esconden a la niña de sus apariciones. La última vez se le mostró con heridas sangrantes así que bien podría ocultarse en ese lugar. Parecía el escenario idóneo, después de todo, y muy próximo al punto de las visiones.





© CHRISTOPHE CARO ALCALDE

PÉTALOS DE PENSAMIENTO, parte 146 (novela media)



-¡Hombre al agua!


Grita en holandés el holandés ayudante del capitán. A lo que éste le da un cachete:


-¿Hombre? ¿¡Cómo que hombre!? ¿No ves que es una bella dama? ¡Paren máquinas! ¡Maniobra de recuperación! ¡Bote de rescate!


Sorprendentemente en ese barco de sospechas, el personal trabajador reacciona con rapidez y disciplina a las órdenes del capitán. El holandés para el motor, los dos chinos de mantenimiento juntos a los dos italianos mecánicos a la carrera preparan un bote de popa. Por suerte no el usado por Fausto y Charlotte, que ya lo consideraban un poco suyo, sino otro en estribor. El africano pequeño ordena en swahili a sus ayudantes lo que nadie entiende pero suponen, pues éstos se alzan al bote y lo aúpan a él.

Cuando el italiano más nervioso suelta el freno, bota con tripulantes cae a plomo contra la plancha de agua. El golpe es violento pero no mortal. La morena chapotea como perrito caído a la piscina: desesperada. Sólo grita algo parecido a<>. Pero este extremo no se puede confirmar porque de su garganta brotan más gárgaras que palabras. Es evidente que no sabe nadar o lo hace muy mal. Tras un espectacular mareo de brazos y una gárgara soprano se sumerge provocando un coro de oes en los espectadores repartidos en tres categorías: oes de aflicción procedentes de sus apostantes. Oes de satisfacción procedentes de sus apostantes contrarios. Oes de asombro del pasaje seguido de un ¡Síi, jódete! de su compatriota y rival. 




© CHRISTOPHE CARO ALCALDE

PÉTALOS DE PENSAMIENTO, parte 145 (novela media)



-¡Por detrás, mi bell sprit, la puerta trasera es más amplia!


Ayuda el capitán con su fina galantería y protegiendo sus intereses económicos: ella debe ganar esa disputa. Corre su ayudante el holandés errante y abre la puerta para que no se estrelle. La española gruesa comprende las indicaciones, igual que un buey entiende la salida de los toriles por el único espacio posible, y como tal sale disparada enfurecida. Pero ya que no había visitado la zona de carga desde que zarparon, olvida los tres escalones. Con el primero pierde el pie con el segundo el equilibrio con el tercero la poca dignidad que le queda: rueda por cubierta como uno de los toneles la primera noche de tormenta. Mostrando al público lo peor de su anatomía: gruesos muslos enrojecidos por la excitación y el roce continuo al caminar. Feas enaguas vulgares fajos y esperpénticos refajos. Cuando acaba de rodar, con éstos tapándole el rostro y dejando su barriga al aire, la humillación es tan grande que se levanta con una insospechada agilidad. Más parece un impala dando saltos.

Con el pelo desmarañado la ropa enredada los brazos en postura de luchador y el cuerpo en ataque sumo, busca desorientada a su contrincante. Sus partidarios apostantes señalan situación, lo mismo que apostantes de morena muestran a ésta lo contrario.

Ambas, dos bisontes esta vez en embestida mutua, arrancan un galope con tal fuerza que al encontrarse sus cuerpos chocan como trenes y salen despedidos. La física tiene sus leyes y la mayor masa de la española gorda caníbal escupe por la borda a la española morena menos gorda. Todos pueden oír la explosión de esa bola de carne, para otro plato de caníbales en la superficie marina. Salvo la más gorda aturdida con el impacto. Cae redonda al suelo.







© CHRISTOPHE CARO ALCALDE

viernes, 6 de junio de 2014

NEW ROMAN vs COPPERPLATE (relato corto parte 11)



-Pues no. Pensé que lo había guardado en algún lugar raro. O que estos hermanos míos lo habrían tirado por ahí. Pero nunca en ti. No recuerdo habértelo prestado, y como desapareciste.

-Así fue. Me lo prestaste. Por eso te lo traigo. Te lo debía.

-Ha pasado mucho tiempo…

-Sí. Si me abres te lo subo.

-Oye mira, tengo que irme a trabajar. Y antes debo ocuparme de mis hermanos. Mejor otro día.

-Será un minutito. Te lo doy y me marcho.

-No, no. Mis hermanos están peor y… Ya sabes cómo es esto.

-Ya… Bien, me das tu número y te llamo para quedar en otra ocasión…

-¿Sabes?... Mejor deja tu número en el buzón y ya te llamo yo. Si eso.

-Como quieras.

-Adiós.


Decepcionado y confundido, la caída de ojos de Jabes resulta perfecta. Y la conclusión no puede ser más demoledora: se da cuenta de que la condena de treinta años y un día, fue otro error judicial…


De su conciencia.






© CHRISTOPHE CARO ALCALDE

NEW ROMAN vs COPPERPLATE (relato corto parte 10)



-¿Quién llama?

-…Soy… Soy Jabes.

-¿Jabes?

-Sí, sí. Jabes. El de la guitarra… No sé si te acuerdas…

-Ahhh. Ya. Ya sé… Cuánto tiempo.

-Sí… Mucho.

-Ya lo creo. ¿Y qué te trae ahora por aquí?

-No te lo vas a creer pero… He encontrado el libro. Quería devolvértelo.

-¿El libro? ¿Qué libro?

-Aquel que me prestaste. El de “Cómo Despejar La Conciencia”.

-Ahhh. Aquel puto libro.

-Sí. El puto libro, tienes razón. Pensé que querrías recuperarlo.

-¿Ahora?

-Bueno, ha pasado algo de tiempo pero más vale tarde…

-¡No hombre no! En realidad lo estaba leyendo para regalártelo, pero era un libro de mierda. Nunca te hubiera hecho esa putada. Iba a devolverlo a la biblioteca pero

-Pero desapareció. Lo perdí yo.

-¿Así que fuiste tú?... Vaya, esto sí que es una sorpresa.

-¿No lo sabías?




© CHRISTOPHE CARO ALCALDE

NEW ROMAN vs COPPERPLATE (relato corto parte 9)



-¡Faltaría más, bella dama! Son treinta marcos, señora. Es una reedición especial, como verá. Tapa dura. Apenas se publicaron ciento cincuenta ejemplares. Lo cierto es que el texto no dice más que sandeces, pero se hizo un buen trabajo de edición. Observe, observe qué bonita letra Copperplate. Gothic light para más detalle. No como en la primera, con aquella vulgar new roman que no convenció a nadie. ¿Lo ve? Una elegante dama como usted sabrá apreciar la diferencia.

-¡Uy! ¿De verdad le parezco bella? Es usted muy amable.

-¡Hermosa! ¡Verdaderamente hermosa!


-Tiene usted razón, librero. Ella es muy hermosa y yo muy buena persona. Ya he pasado treinta años y un día de condena a su lado. Se la cedo y no acepto devoluciones. Yo me voy con el libro, adiós.



Diez días más tarde, con una vida nueva y un libro viejo bajo el brazo, Jabes llama al timbre de un segundo piso en un antiguo edificio donde la modernidad caníbal ha desplazado al portero por un cachivache electrónico.




© CHRISTOPHE CARO ALCALDE

NEW ROMAN vs COPPERPLATE (relato corto parte 8)



Treinta años y un día buscando el puto libro y cargando merecidamente con la jodida imputación. Por eso no abandona a su mujer, porque ella es la responsable de su error y él se castiga y mortifica voluntariamente soportando a esa zorra irresponsable. Sabe que es una zorra, no es metafórico. Y no sería un buen periodista de investigación si no lo hubiese descubierto.

Sin embargo, tanta investigación no le sirvió para dar con el puñetero libro en treinta años. 360 meses, 1.565 semanas, y 10.958 días de acusación hora tras hora sin perder un minuto. Y ahí estaba. Ante sus ojos, en una humilde feria del libro de un pequeño pueblo con más pasado que futuro, donde había parado por capricho de la puta de su mujer en su viaje hacia el otro lado del país buscando una residencia de ancianos lo más alejada posible para encerrar a los abuelos y tirar la llave; en espera de que mueran trincar la herencia y pulirla intentando arreglar lo que por méritos propios no fue capaz. La belleza juvenil es efímera y no da para mucho. Los abuelos son los padres de ella ya se ha dicho que es una gran puta.


El hombre del puesto vuelve a preguntar extrañado, no ha vendido un libro en toda la semana porque nadie lee y es comprensible:


-¿De verdad quiere el libro, caballero?


-¡Que le he dicho que sí, hombre! ¡Hágame caso a mí! ¿No ve que él todavía está en las nubes? Así no puede pensar. Envuélvamelo y dígame cuánto le debo. ¿Me regala un marcapáginas?




© CHRISTOPHE CARO ALCALDE

NEW ROMAN vs COPPERPLATE (relato corto parte 7)



Pero siendo grande, este no fue el cambio más importante que se produjo en su vida.


Al amigo no lo volvió a ver por la vergüenza de reconocer su gran error. El muchacho fue expulsado como socio de la biblioteca al no poder devolver el préstamo y con ello su plan de estudios se derrumbó como un mal plan. En casa con dos hermanos deficientes mentales no disponía del tiempo ni el espacio para concentrarse en las asignaturas. Tras una nutrida y amarga colección de fracasos abandonó el sueño de pasar a la historia licenciándose en historia, y entró a formar parte del pelotón de castigo en una fábrica de calzado.

Con los años y mucha sumisión fue nombrado jefe de cadena poco antes de que murieran sus padres en un lapso breve de dos meses. <>, pensó acertadamente. Vivió con ellos hasta que murieron y después… Después también porque cargó con los hermanos. Éstos le cerraron toda posibilidad de conocer a una mujer y escapar. Lo mismo que el libro no devuelto toda posibilidad de estudiar, y escapar.

Para Jabes no suponía gran esfuerzo seguirle en su periplo vital pues no hubiera sido buen periodista de investigación en caso contrario. Y por todas sus calamidades se sentía culpable: fue él, y no cualquier otro desalmado villano o miserable egoísta el que accionó el gatillo que disparó la bala que le arruinó la carrera y la vida. <>, solía machacarle su padre el abogado a cada asomo de duda. <>, se atrevió a contestar muy atinado en una ocasión.


Treinta años han pasado desde que olvidó ese libro en el parque. Treinta años y un día de culpabilidad en la que por seguir los pasos de una bella joven reconvertida en fulana infiel a la sazón su furcia esposa cambió por un despiste su vida, y la de su amigo. El de las letras las canciones los vinilos las casettes la guitarra en la habitación, los dos hermanos dando por saco en la habitación de al lado.


© CHRISTOPHE CARO ALCALDE

NEW ROMAN vs COPPERPLATE (relato corto parte 6)



Absorto en la idiotez suprema y perpetua del enamoramiento calenturiento, había olvidado por completo el libro el amigo los exámenes sus resultados… Todo. El universo cuántico, aquel que únicamente contaba, era un entorno tan autosuficiente y pleno de sí mismo que el mundo exterior se había detenido.

Sólo para él: suspendió con unas notas tan bajas que cualquier intento posterior de redención vía recuperación in extremis hubiera sido una ofensa al profesorado. Y ya resultó bastante agresivo para su padre mejor no humillarse más. La lozana voluptuosa cambió su futuro sin intervenir, tan solo con su presencia y el origen de una mirada tendida. Jabes, entre la decepción y la satisfacción renunció al sueño paterno para refugiarse en la fantasía personal del periodismo. Y los tomos cargados de letras con que reinventar la verdad y retorcerla era la mala praxis habitual del abogado. El periodista… El periodista también. Las estrategias de interpretación de los sucesos para defender a delincuentes o hundir al ciudadano decente por ser contrario a los propios intereses, el modus operandi de cualquier abogado en vías de expansión. El periodista… De este también. Cómo inventarse lo imposible para hundir la reputación de las personas hasta ganar el caso estaba, aunque oculto entre derechos romanos y otras bajezas, en el primer curso de carrera. De derecho y periodismo. Jabes descubrió pronto que la sustitución no era tan radical, y que las semejanzas entre unas y otras mentiras bien podrían satisfacer las aspiraciones de su padre. Contentándole a él mismo en el proceso más allá de lo estrictamente necesario.



© CHRISTOPHE CARO ALCALDE

NEW ROMAN vs COPPERPLATE (relato corto parte 5)



Pensó Jabes que aquella era una metáfora conveniente pues del libro blindado con tapa dura también caían migas, palabras con letras new roman 14, con las que alimentarse para seguir viviendo y divagando.

Estaba en la frase: “ajusta tus niveles de asertividad en función del interlocutor y sus debilidades”, cuando las piernas jugosas de una muchacha voluptuosa lozana y desenvuelta captaron como un embrujo su atención. Sí, todavía los párpados seguían intactos. No caídos como soldados en combate como ocurriría después. Y aunque a ella no era la primera vez que la veía, sí sus piernas. Esa mañana de junio soleada había sacado a la luz lo mejor del momento: piernas muslos brazos escote, de muchachas púberes, adolescentes adultas y jóvenes ávidos de ver y verse, que ahora antes y después poblaban el parque en directa competencia con los pavos reales y los palomos cojos.

Aunque esta vez fue definitiva: ella le tendió una mirada de conquista que le dejó preso. Jabes se enamoró como un gorrión de aquella golondrina receptiva. Y revoloteando se fue tras ella para arrancarle alguna sonrisa, después el nombre y dirección y más adelante la ropa. Si pudiera ser.

Y fue. Tan apasionante tan fácil tan rápido que hubo de quemar tres semanas de revolcones y besos para darse cuenta de que debía “ajustar su nivel de asertividad en función de la interlocutora y sus carencias”.


-¡Hostia! ¡El libro!



© CHRISTOPHE CARO ALCALDE

NEW ROMAN vs COPPERPLATE (relato corto parte 4)



De aquel libro sobre la cama en aquella habitación de su amigo le sedujo inicialmente el capítulo dos, con el título: “Razones para desprenderse de la culpa sin sentirse culpable”. Una redundancia cargada de sentido que podría serle útil en su dilema abogado periodista. Quizás encontrara la fórmula para decir papá no sin que doliera.

Con permiso de Loyal, el amigo de las canciones los vinilos la guitarra la habitación de sueños, se llevó el libro.


-¡Pero acuérdate de devolvérmelo! ¿Eh?

-¡Descuida, lo haré! –le respondió mientras bajaba los escalones de de dos en dos.


Y no era fácil, pues aquel segundo piso de un viejo edificio con vistas a la plaza mayor tenía un buen tramo de escalones altos e irregulares: el desgaste del tiempo y los zapatos.


Corriendo llegó a su casa e iba a devorar el primer capítulo cuando la madre preguntó:


-¿Has estudiado algo hoy?


Jodida madre, siempre tan acertada y tan oportuna. No, no había abierto un libro de texto en los dos últimos días y… dejó “Cómo Despejar La Conciencia” para mejor ocasión.


Dos semanas y un buen puñado de exámenes más tarde estaba en el parque leyendo: “Primer paso: Cómo Ser Tú Mismo Sin Que Los Demás Lo Reprochen”; capítulo uno del libro definitivo, frente a un abuelo que desde su banco favorito alimentaba a la pajarería con migas de pan duro.




© CHRISTOPHE CARO ALCALDE

NEW ROMAN vs COPPERPLATE (relato corto parte 3)



Las tapas eran duras, como corresponde a un buen libro de combate: si había que luchar mejor desde un blindado. Lo ojea haciendo pasar sus ciento noventa y siete páginas como naipes y llega al índice. Siete capítulos como siete días de la jodida semana que acababa de empezar, una contradicción pues esperaba diez como diez frugales pasos. Y otra puta semana de exámenes trimestrales con todo el temario sin mirar. Los pasos que él debía seguir eran los de su padre, los cortos pasos iniciales de su padre, para hacer de él un hombre de provecho y buen abogado. O regular o mediocre pero abogado después de todo. Y no, no le gustaba en absoluto.

Su sueño era el periodismo. No cualquier periodismo de la época, mal pagado y chismoso en general, sino el más noble y altanero periodismo de investigación. El que se inviste de juez y policía; igual de mal pagado pero con un extra de riesgo. Y Jabes era un hombre de riesgo. Un muchacho entonces sin valor para contradecir a un padre ilusionado y una madre dócil que asentía sin discusión las decisiones del cabeza de familia. Porque aquel era un tiempo de cabezas de familia, y no el actual donde todas parecían descabezadas.


<> -le aconsejaba el padre con insistencia.



© CHRISTOPHE CARO ALCALDE

NEW ROMAN vs COPPERPLATE (relato corto parte 2)



La historia se remonta a su juventud temprana. Esa difusa franja de edad donde conviven las ilusiones de adolescencia junto a sueños de juventud. Un caos de indecisiones y esperanzas de difícil solución. También para él: se pasó aquellos años discurriendo, imaginando el camino hacia un mundo más justo. Y no lo encontró.

Iba a comenzar la edad de las grandes decisiones, el periodo salvaje de dudas requiebros y contrapuntos donde se amartilla el reto de la vida, cuando en la mesilla de la habitación de un amigo con el que compartía vinilos cintas de casette música letras y guitarra había un libro con el título más oportuno del momento: “Cómo Despejar La Conciencia En 10 Frugales Pasos”. Ni Bob Dylan ni Cohen ni Dylan Thomas, ni Rimbaud ni Corbière ni Mallarmé, habían sido capaces de resolver sus incógnitas más elementales: de dónde vengo a dónde voy por qué para qué con quién. Y ese libro desconocido y pequeño tenía el título más grande con el que jamás se hubo tropezado.

En aquel tiempo aún no tenía los párpados caídos, las hostias vinieron después, y su amigo percibió la mirada de Jabes clavada en el libro.


-¿Te interesa?

-¿Puedo?

-Sí, por supuesto.



Jabes deja sobre la cama la guitarra cuyas cuerdas sonaban más a prisión que a libertad, pues una cuerda puede valer para ambas cosas, y toma aquel libro que cambiaría su vida. Aunque no podía sospechar de qué modo.



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NEW ROMAN vs COPPERPLATE (relato corto parte 1)

NEW ROMAN vs COPPERPLATE




-Tengo que corregir aquella falta de una vez. Ya no puedo más con el peso de esta carga y he de soltar lastre. O no viviré tranquilo.

-Ni morirás. Desde que te conozco no has parado de buscar. Incluso a mí me has contagiado con tu desazón.

-Perdona. No sabía que

-¿Qué? ¿Que fuera tan evidente? ¿Por qué te crees que me enamoré de ti?

-Pues… Ahora que lo preguntas no lo sé.

-¡Claro! Porque nunca me miras a los ojos cuando te hablo.

-La verdad es que tampoco lo sé yo. Y sí, sí que lo hago. Es esta caída de párpados lo que desconcierta. Sabes que la gente se confunde.

-No, la gente evita preguntar pero

-Señores, tenemos que cerrar. ¿Desean algo o puedo bajar la persiana?

-Sí. Aquí el caballero quiere este ejemplar. ¿Me lo envuelve?

-Como guste señora. Buena elección. ¿Es para regalo?

-¿Lo es, mi vida?



Jabes queda bloqueado con la pregunta. Regalo… No, no. No es un regalo no puede serlo si es una deuda. Las deudas siempre son deudas en tanto no se resuelven. Y cuando llega ese momento son deudas arregladas pagadas canceladas… Pero nunca un regalo, nunca un gesto generoso del deudor. Más bien lo contrario.


Todo esto y más lleva Jabes pensando largo tiempo. Cargando con la culpa de esa deuda cuyo peso y gravedad aumenta de año en año. Tanto tiempo hace de aquel día en que la deuda nació que casi ni lo recuerda. Pero casi porque ahora que lo tiene delante esos recuerdos han saltado de los oscuros rincones de la memoria a la vítrea pared de su retina de ojos, los distraídos de la caída de párpados, como un puñetazo letal: una maza de 400 kilos a más de 30 kilómetros por hora tuercen algo más que los párpados a cualquiera. Este es el golpe que lo tiene noqueado.




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jueves, 5 de junio de 2014

PÉTALOS DE PENSAMIENTO, parte 144 (novela media)



-¡¿Pero es que nadie va a hacer algo?!


Grita un pasajero anónimo y solitario. Piensa Fausto si no podría ser el tipo de la disputa conyugal, el viudo de la mujer que se arrojó por la borda y que nadie parece echar en falta. A los efectos, ni siquiera él. Se lo comunica a Charlotte pero como ninguno le vio el rostro sólo queda la sospecha.


-¡Mon dieu! ¡Mira que hacen bronca esas españolas! –protesta Charlotte.

-No más que los griegos. También se pasan el día gritándose.

-Y peleando.

-Sí, pero al menos ellos lo hacen en su camarote y nos ahorran el bochornoso espectáculo. Desde afuera sólo se oyen rebuznos y golpes.

-Y cosas volando. Ese camarote debe ser un desastre.

-¡Apártate, que vienen!


La más gorda tirada en el suelo bajo la morena propina una patada simultánea con ambas piernas tibia vara, algo que resulta enormemente grotesco dada su condición física. La doble patada impulsa a la menos gorda contra el grupo de curiosos que se ha formado alrededor de la pelea como un fuego de campamento. Entre la pared de los servicios y la puerta de salida a cubierta. Un oportuno marinero chino acostumbrado a hacer limpieza la abre con la antelación suficiente para que la morena salga tropezando por ella. Y yendo a estrellarse contra la barandilla del barco. Motivo de júbilo para los apostantes de su compañera. Ésta, impulsada con la adrenalina de la ira se levanta y como una histérica sale corriendo contra su oponente. Claro que no calculó bien las dimensiones y se estampa contra el marco de la puerta: demasiado estrecho el paso para ella.



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PÉTALOS DE PENSAMIENTO, parte 143 (novela media)



La menos gorda responde a puñetazos patadas tirándole de los pelos. Dependiendo de la zona donde la otra mordiera. A los cinco minutos de mamporros y ruido aparece el capitán. Cruzado de brazos ante las luchadoras, se dirige al tripulante italiano:


-Diez por la más gorda.

-Quince por la otra –responde el compañero.

-¡Otros veinte por la del capitán!


El malayo saca una cazuela y en ella la tripulación va arrojando las apuestas. Está claro que no es la primera vez, se les ve organizados.


-¿Alguien más? ¿No? ¿No se animan?


Pregunta el camarero a pasajeros, unos horrorizados con el espectáculo, otros incrédulos, otros expectantes, y alguno entusiasmado. Las españolas se habían ganado la antipatía general con sus malas formas y gritos continuos. Día y noche. Sin respeto al descanso o el silencio de los otros, a la opinión de los demás y sin un ápice de educación. Eran españolas, suficiente. Por eso era bueno que una de ellas desapareciera: la superviviente quedaría sin compañera de líos, y eso era bueno para todos.


A Fausto le repugna especialmente la menos gorda. No tanto por su pelo revuelto, sus ojeras, su verruga en la frente, sus ojos enanos sus tetas gigantes, sus uñas mordidas, su enfermedad de Blount, su hablar escupiendo y su mal aliento. Sino porque había ingerido tres raciones de carne el día anterior. Según él, era una caníbal: cerda comiendo carne de cerdo. La otra, en cambio, apenas probó bocado. Todas las sobras fueron a parar a su amiga, como habitualmente ocurría por otra parte. Enemiga ahora por un espejito tonto y ridículo. Así que la causa de sobrepeso mórbido debía ser alguna alteración metabólica. Y eso, no pudiéndolo remediar ni ser directa responsable, provocaba en él cierta compasión. Aunque no tanta como para apostar por ella ni detener la pelea.



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PÉTALOS DE PENSAMIENTO, parte 142 (novela media)



-¡Te digo que me lo des!

-¡Es mío!

-¡Mientes! ¡Este estaba en mi maleta, con todo lo demás! ¡Es mío!

-¡Serás zorra embustera! ¡Me lo has quitado mientras dormía! ¡Devuélvemelo ahora mismo o te enteras!

-¡La que se va a enterar eres tú! ¡A mí nadie me llama embustera! ¡Zorra a mucha honra! ¡Tú porque no puedes, adefesio! ¡¡Que eres un adefesio!!

-¡¿Yo adefesio?! ¡¡Ven aquí!! ¡Que te voy a calentar los morros!


Las dos españolas gritan en los lavabos. Son las siete de la mañana y se pelean por un espejo. Y eso que en los lavabos hay varios, pero el espejo de mano de una de ellas es lo más de lo más; según ella y su propia vanidad. Un pequeño espejo corriente a pesar de todo, donde verse la mitad de la cara, o sólo un ojo si era a corta distancia. Pero un objeto tan ajeno a la cotidianeidad del mar, tan prescindible en ese entorno limitado como relevante en tierra para los engaños de la vista. En cambio ellas parecían concederle la importancia de lo indispensable. Tan frívolo como insustituible.

De las amenazas a los insultos de éstos a las tortas de aquí a los empujones. Definitivamente despiertan al pasaje y algunos miembros de la tripulación, que se acercan al lugar de los hechos. Las dos mujeres ruedan por el suelo. la gorda, más torpe y más gorda, se defiende con arañazos y mordiscos donde pilla: brazo pierna oreja tetas… Todo lo muerde.



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PÉTALOS DE PENSAMIENTO, parte 141 (novela media)



Charlotte sigue engullendo su plato de patatas y carne con voracidad. Fausto se pregunta si siempre comerá así o es por el sexo, según sus propias palabras. Parece feliz pese a las circunstancias. Él la observa, cortar los pedazos y tragárselos uno tras otro. Imaginando su procedencia: costillas espalda pecho cuello vientre brazos piernas pies dedos cara… Persona vieja joven hombre mujer… ¿Qué habrían hecho con los pechos? Esos se identifican fácilmente. ¿Y los genitales? También los masculinos son obvios. ¿Picadillo para hamburguesas? ¿Para acompañar la pasta? ¿Estaba el kway teow del día anterior de verdad elaborado con carne de pollo? Porque ahora que lo piensa, no le pareció pollo eso que comió. Más bien creyó que era cerdo, pero bien podría ser cerdo humano. Había conocido a unos cuantos. Ahora, quizás también los hubiera comido sin saberlo. No lo puede evitar.


-¿De qué será la carne? ¿No te lo preguntas?

-¡Ay qué pesado estás! ¡Me vas a quitar el apetito! Pues no sé… Decididamente, pollo no. Así que supongo que será cerdo. Es lo más barato, ¿no?

-Perdona. Tienes razón, será cerdo.


Y se queda pensativo estudiándola mientras ella devora con delectación esos misteriosos trozos, y él hace lo que puede para no vomitar la piña con naranja.


-¡Atención a todos! ¡Sobra carne! ¡Por si alguien quiere repetir! –grita el cocinero. Justo lo que Fausto necesita.




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PÉTALOS DE PENSAMIENTO, parte 140 (novela media)



-No sé… ¿Qué tal la carne?

-Bien. Algo dura, y de sabor que no sabría identificar si es pollo o cerdo. Este malayo cocina bien. Aunque sigo pensando que le sobran especias… Anulan el auténtico sabor de la comida, ¿no te parece?

-Quizás sea eso lo que busca. Que no sepas qué comes.

-¿No saber qué comes? ¿Y qué objeto tiene eso? Prueba, prueba este trozo. Mira, no tiene nada de grasa. Es raro: grande como la ternera, grasiento como el cerdo, seco como el pollo… ¿Será algún animal de caza que no haya probado nunca?

-¡Ay, que no! ¡Quita eso de mi vista!



Fausto piensa que bien puede ser un trozo de muslo, de hombre por encima de los cuarenta. Y no lo puede soportar. Vuelve a sentir náuseas.



-Pero… ¿Qué te ocurre? Qué raro estás. ¿Eres vegetariano?

-No, no. No es eso. No pasa nada. Un mareo, sólo un mareo. Me ha quitado el hambre.

-Bueno, te cambio mi fruta por tu plato. ¿Hace?

-Sí, sí. No hay problema. Todo para ti.

-¡Uhm!… Qué bien. ¿Sabes? El sexo me da hambre. ¿A ti no?

-Pues… No lo había pensado. No sé.

-Claro, como tú no has terminado…

-No, no es por eso. No tiene importancia.



-Sí para mí. Pero ya le pondremos remedio.




© CHRISTOPHE CARO ALCALDE

A SALTO DE DÍA

A SALTO DE DÍA 





¡Ya está bueno llegó el día!

Y cuántos debieron pasar para alcanzar este día.

Y cómo y de qué manera y por qué no es este lugar ni hora ni día

para venir a contarlo.



Días blancos, días que se quedaron en blanco.

Días negros, días para no recordarlos.

Días grises, ¡los más abundantes!

Que la vida no es blanca no es negra es un amplio espectro

de grises.



También días de colores, ¡éstos los favoritos!

Pues son los días que hacen que la vida además de volar,

sepas cuándo es vida vivida.



Están los días azules. ¡No dejen uno sin gastar! Son días para viajar.

Los de color rosa: han de tener los justos.

Que la vida la impulsan los sueños

pero se avanza despierto.



Días amarillos para correr. La forma, ¡mantengan la forma y las formas!

No son pocas las veces que superando el fondo, mejoran el contenido.



Días marrón chungo, éstos para salir corriendo.

Contra lo que no se puede, no se puede. Y mejor que chungo… chollo.



Entre carrera y carrera los verdes. Son días de la esperanza:

en que todo puede cambiar y mejorar.

Que no está todo hecho ni dicho ni tan siquiera pensado

¿y con ello qué nos queda?:

lo que queda se llama ilusión.



Otros los días rojos, éstos son rojo pasión. Ya tú sabes.

No me los dejen de lado pues sin ellos… todos se van echando.



Días malva para velar ausentes naranja para distraer a la gente.

Sienas bermellones cerúleos veronés prusias.

Días de todos los colores para sacar los colores.

Para ir y virar. Para hacer lo que les venga en gana.

¡Que hora va siendo de mandar al carajo a todo y a todos!

los que no se avienen

a ir por donde ustedes quieren.



Pero hoy, para Alejandra y Solomon será un corto día blanco.

Ella está blanca por fuera él es blanco por dentro y la noche



háganme el favor de pasarse esta noche en blanco

que mañana será otro día y el color…



Bueno ya se verá.





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domingo, 1 de junio de 2014

LA GUITARRA SIN CUERDAS

LA GUITARRA SIN CUERDAS


Es culpable el artista. De pensamiento y obra.
Por su obra por hacerla y, lo peor,
querer mostrarla.

Y por esto y por lo otro y por aquello
debe pagar. Y paga.
Paga con el desinterés la indiferencia. Es lo habitual.
Paga con sangre paga con tiempo:
el de toda su vida a una causa entregada.  
Seguramente equivocada con el error de ser artista.
Al tiempo que esos otros, piden y piden y piden… pista.

Paga con lo que más quieren por lo único que quieren, los mismos otros,
el enjambre de abejorros que rebuznan a su lado:
el dinero.

La más dulce miel para la fauna:
de marchantes galeros cuenteros sopleros de oído vendedores de humo
tratantes de ganado enfermo camiseros pesebreros de menú diario
garrapatas mutantes tenias acompañadas, de fastos servicios y vicios,
curatores snob arribistas de último minuto oportunistas de manual
tramposos de banquillo buscavidas de caramelo y violación
críticos adelantados con grave retraso mental agentes de arte que no entienden
aprendices de estrella sacapechos del engaño.

Fauna breve:
de mediocres mentirosos ignorantes y parásitos.
Fauna arrimada abrevando en el pilón
de agua clara:
agua nueva que mana de la que el artista sangra.
Fauna sacudiendo el rabo que las moscas espanta.

Al camastro cada noche paja nueva que el artista,
quién si no,
con sumisión cambia.
Fauna necia como bueyes torpe como moscas.
Como las moscas que el rabo espanta.
A golpe de necesidad que el artista calma.

Fauna soez fauna pulgón: inútil vividor y gorrón.
Fauna succión, de la obra
hecha toda ella con la sangre del artista.

¡Morcillas, morcillas!
En ella sólo ve morcillas,
toda esa fauna.





© CHRISTOPHE CARO ALCALDE

BOCAOREJA

BOCAOREJA



¿Y qué podemos hacer con tanto misterio?

Desvelarlo.

Que la gracia está en contar lo que se sabe

y mejor cuanto más alto más secreto más oscuro.

Más hiriente.



Que no quede indemne el confidente incauto,

que se creyó a salvo:

cuando en confianza tras un no se lo cuentes a nadie

se sinceró con el oyente.

El amigo el leal el comprensivo el confiable.



Que en su petit comité posterior susurró a su escuchante otro

que se quede entre nosotros.

Y prometidos bajo juramento en falso sellaron un pacto

que no quedó entre ambos:

saltó como la falsa moneda, huyendo de mano en mano.



La historia que fue personal es hoy vox populi.

De un párrafo se hizo un capítulo.

De éste saldrá una novela.

Del protagonista ya nadie se acuerda:

tuvo que escapar de la ciudad.



¿Y qué podemos hacer si ya no nos queda el misterio?



Inventarlo.









© CHRISTOPHE CARO ALCALDE

domingo, 25 de mayo de 2014

YO TUVE UN SUEÑO

"

"YO TUVE UN SUEÑO"


Yo tengo un sueño:

Que vosotros escuchantes que miráis al entablado,
tan quietos tal vez tan inquietos
que miráis pero no veis,
por una vez dejéis de estarlo y serlo.

Y arrojéis, aquí arriba ahí afuera allá lejos,
cuanto aun siendo necesario os sobra: como la rabia
que nunca para todo lo que se ha de cambiar alcanza.
Y digáis y gritéis y corráis cuanto podáis.
A por todo a por ellos a por todos:
los que dicen qué os sobra qué os falta qué no os hace
ninguna falta.

Yo tengo un sueño:

Que vosotros escuchantes inactivos que miráis este escenario
este teatro del engaño y el absurdo
de los lelos a los listos
los idiotas a los que pasan por la vida con frescura:
caraduras,
despertéis del gran letargo que hace mansos a los bravos
dormidos a los irritados cachorros a los osos corderos a dragones

y os sacudáis el viejo manto de la costumbre el hábito y la norma
y calle arriba plaza abajo defendáis lo vuestro y lo de otros.
Sin olvidar que entre ellos y vosotros estamos nosotros.

Que alcéis la voz hasta la afonía el brazo al cielo el puño al objetivo
y quitéis de en medio y del entero a los que tanto
de tantos se burlan.

Yo tuve un sueño:

Que vosotros, vosotros sí podíais.
Pero mi sueño qué iba a ser sino otra cosa inventada.
Y miráis desde las calles desde la plaza
con la voz quebrada el brazo atado el puño abierto
a este que os habla
en la tarima de este escenario del disparate y la venganza.
Como vosotros, con las manos atadas a la espalda.
Y abrazado el cuello por la soga.

Hoy os cuento más: que ya no sueño.
Que la realidad como la mentira es terca
y os digo adiós desde el cadalso.

Soñad por mí. Soñad.

Porque tuve un sueño:



© CHRISTOPHE CARO ALCALDE

PODIUM

PODIUM



Tantas fueron las veces que se descartó a sí mismo

que el día que lo llamaron

para concederle el premio,

por eso, por ser el muchacho él mismo,

antes que celebrarlo quiso pegarse un tiro.



No quería honores ningún agradecimiento

nada de buenas palabras ni palmadas en la espalda.

Más congruente hubiera sido bofetadas en la cara

que a esto ya estaba

mucho más que acostumbrado.



O insultos o despidos o reproches o coces.

Alejarse de todos y todo.



El día que lo llamaron para concederle el premio

premio al ciudadano ausente

antes que gritar ¡Presente!

quiso ser coherente y corriendo como alma que lleva el miedo

el muchacho, o la muchacha,

el caballero o la señora o quien quiera que aquello fuera

por si acaso

rápido



Sí, rápido se quitó de en medio.



© CHRISTOPHE CARO ALCALDE

sábado, 3 de mayo de 2014

PÉTALOS DE PENSAMIENTO, parte 139 (novela media)



Había leído en el menú del día patatas con carne para el almuerzo: siente náuseas. Las arcadas casi le provocan el vómito y corre a la barandilla para echar lo que fuese por la borda. Los tres africanos, ahora sí, se le quedan mirando. El presunto homicida pregunta si se encuentra bien. Pero como lo hace en swahili Fausto no le entiende. Hace un gesto con la cabeza en señal de que todo está ok. Nada como el original idioma de los simios para entenderse entre tribus. Tras unos minutos de desconfiada observación mutua, los africanos desaparecen entre la carga camino de sus aposentos. Fausto, superado el percance corre al bote donde impaciente aguarda Charlotte.

-¿Cómo has tardado tanto? ¡Han salido esos tres negros de la bodega! Los he visto por debajo del toldo y casi me da algo. ¿Qué hago si me encuentran? Me estaba

-Sí, sí. Lo sé. Me he cruzado con ellos y he tenido que disimular.

-¡Pues yo estaba asustada! ¿Has visto que el más pequeño tenía un cuchillo enorme?

-Sí, claro que lo he viso. Un hacha y un machete.

-Me ha parecido que

¡Que sí! ¡Caaalla! Me estás poniendo nervioso a mí también. Vámonos rápido de aquí.


Cuando llega la hora de comer, Fausto no puede probar bocado.


-¿No tienes hambre? Sólo comes pan. Está bueno. Demasiado picante, pero bueno.

-No sé… ¿Qué tal la carne?

© CHRISTOPHE CARO ALCALDE

PÉTALOS DE PENSAMIENTO, parte 138 (novela media)



Se visten rápidamente. Felices por lo ocurrido y preocupados con el desenlace: no era bueno para ninguno que fuesen descubiertos. Podrían despertar envidias y éstas los problemas serios. Él le entrega un beso de reafirmación y abandona el bote sin ser visto. Al regresar con el nuevo gorro escondido bajo la camisa, Fausto se cruza con los tres africanos. Los dos altos conversando en swahili ni le miran; pocas veces Fausto ha sentido tanta indiferencia y eso que tuvo muchas, pero el bajito contrahecho le clava unos ojos de odio que detienen el pulso: pocas veces se ha sentido tan despreciado, y eso que tuvo muchas.

Este pequeño con mirada de asesino y actitud amenazante porta un machete mellado y un hacha pequeña. Hacha hecha a su medida. Ambos instrumentos ensangrentados. Hacha hecha deshechos: preocupantemente deducibles. ¿Era este hombrecillo del tres al cuarto un asesino gigantesco? ¿Coleccionista de dedos orejas y vete a saber qué miembros más aún no descubiertos? ¿Eran contrariamente a lo que pensó en un principio, estos restos humanos lo único que quedaba de ellos y no la mutilación de advertencia? El gesto rápido y cruel que convence de cualquier amenaza. De ser cierta esta nueva teoría, ¿dónde estaban los cuerpos?¿Qué había sido de ellos? Si la amputación era el trofeo, ¿estaba el cuerpo en el fondo del mar? ¿En el fondo del barco? O peor aún, ¿deshuesados en el fondo de las cámaras frigoríficas, para acompañar la guarnición y dar de comer al pasaje?


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PÉTALOS DE PENSAMIENTO, parte 137 (novela media)



El bote suspendido de los amarres, balanceándose como una hamaca. <> más fuerza <> <> <> <>. Fausto la agarra de la cadera con fuerza y la retiene contra sí. En su cerebro una contradicción de mensajes: la inminente descarga del orgasmo retenida con la cruel brusquedad de un avance informativo: alguien caminaba cerca.

-Shh, escucha.

Pasos de varias personas. Parecen acercarse al bote. Los dos inmóviles, jadeantes sudorosos deseosos. Con los corazones a ciento cincuenta pulsaciones, y los sexos ardientes latiendo el uno contra el otro. Pero inmóviles. En estado de alerta y postura de camuflaje. Ruido de cerrojos, hierro pesado. Alguien ha abierto las puertas que conducen a las bodegas. Desciende por las escaleras. Un portazo. Silencio.

Charlotte sobre Fausto, él con las manos todavía en sus delgadas y bien definidas caderas. Ella abandona bruscamente la postura Andrómaca y se sienta a su lado. Mirando con deseo el sexo de Fausto satisfecho.

-¡Merde! ¡Tenemos que salir de aquí!

-Sí, será lo mejor.

-Pero… ¿Este?

-¿Este? Este te espera otro día. Vámonos antes de que nos encuentren.

-He perdido mi gorra… ¡Me van a descubrir!

-Es verdad… Ya sé. Tengo un gorro en mi petate, no es igual pero creo que te servirá. Espérame aquí.






© CHRISTOPHE CARO ALCALDE

PÉTALOS DE PENSAMIENTO, parte 137 (novela media)



Sin llegar al mal humor del engañado, pero casi, extrajo esos dedos hábiles de su cuerpo y le dio un empujón. Otra vez contra el montón de ropa y chubasqueros.

-¡Ahí quieto!

Otra vez Fausto un coscorrón esta vez contra una pala de remo. Siente el sexo de él aún sin quebrar contra el suyo rehaciéndose de la ruptura. Muy caliente, duro, toda su sangre debía estar ahí retenida, bajo ese final que había pasado por toda su boca. Frota sus labios, sus otros labios, contra el miembro de Fausto, que busca ansiosamente una cavidad donde alojarse. Donde pasar el día y la noche si fuera necesario. Cuando ya lo tiene atrapado entre los labios hinchados y húmedos, se hace penetrar. Esta vez sí, por la única parte de Fausto que aún no lo había hecho. Expulsa un grito de sobrecogimiento que casi la desploma contra su pecho. Con los brazos extendidos y las manos sobre las costillas, mantiene la postura: cabeza erguida espalda inclinada piernas flexionadas cadera sube baja nalgas apretadas. Por las manos de él clavándole las uñas, aplicando su fuerza al movimiento sube baja, dándole velocidad. <> más velocidad <> más fuerza <> más velocidad más fuerza…



© CHRISTOPHE CARO ALCALDE

PÉTALOS DE PENSAMIENTO, parte 136 (novela media)



Sentados frente a frente, con las piernas cruzadas como tijeras, él introduce sus dedos en la boca de Charlotte y después la lengua. Es un beso de bloqueo, porque al mismo tiempo esos dedos bucean hasta encontrar el sexo de Charlotte: índice sumergido pulgar superficie exterior y periferia. <<¡Ahh!>> suspira ella estremeciéndose, haciendo un inútil intento de retroceso púbico y, nuevamente, perdiendo la coordinación manual. Efectivamente, beso y estimulación de bloqueo: la transferencia de voluntades de intenciones y de poder se estaba produciendo. La dominadora iba siendo dominada, guiada con experiencia y constancia hacia la obnubilación del arrebato, del embeleso. En la antesala de la enajenación y el hechizo por algún embrujo arrojado a sus espaldas. <> Acierta a decir torpemente. Temblorosa y aferrada al sexo de Fausto. Al que aplicaba descoordinados y temblorosos masajes de continuidad. Ya no le pertenecía porque lo dominara sino porque él quería. Acercando alejando acercando alejando, la cadera contra los dedos de él. Dando pequeños y frenéticos saltos, amplificando la estimulación, haciéndola más intensa y agresiva, más excitante más << Maudit connard >>.

Y una sacudida eléctrica atraviesa su cuerpo de cabeza a pies como si hubiera sido alcanzada por un rayo. Cree tocar el cielo con las manos, en realidad tocaba otra cosa pero ¡la confusión es tan grande! Se deja caer contra el cuerpo de Fausto nuevamente. Sólo la anterior emoción de su olor dentro de ella se le parece vagamente a este momento de petite grand mort. Sin haberla penetrado en realidad lo había hecho ya dos veces. <> repite con algo de rabia. Ya casi lo tenía cuando él la tuvo a ella.



© CHRISTOPHE CARO ALCALDE

PÉTALOS DE PENSAMIENTO, parte 135 (novela media)



La escena de un hombre desnudo yaciente en el lecho del bote y una mujer de rodillas encorvada con la cabeza sobre su sexo se mantiene durante casi diez minutos. Hasta que él suplica:

-Espera, espera, párate. No sigas, para.

Ella no sólo no obedece sino que acelera el ritmo.

-Por favor, para.

Lo mismo: ella ya lo tiene ya está bajo su control ya es un hombre completamente a su voluntad. Y buen hacer. Pero Fausto arranca un suspiro de firmeza, de otra firmeza, y tirándole del cabello separa cabeza y sexo.

-Espera, espera.


Repite, y aún estando en una de las mejores posiciones experimentadas por un hombre, se incorpora. Sentado, frente a ella que aún babea ligeramente. A un palmo de distancia entre ojos y dedo entre sexos.


-No hay prisa –añade-.

-¡Tienes un ojo más oscuro que otro! –exclama ella sorprendida.

-Sí, pero hay que estar muy cerca para darse cuenta.

-¿Tanto como esto de cerca? –enfatiza ella la pregunta con un movimiento extra de vaivén sobre su sexo.


-Tanto.



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PÉTALOS DE PENSAMIENTO, parte 134 (novela media)



Fausto cuela sus dedos entre el cabello de Charlotte, busca su cuello, su rostro. Acariciándolo con delicadeza, sin prisa: ¡tenían todo un océano de tiempo! Con vida propia, su pene late contra el cuello de su compañera, reclamando la atención que merece. Ella vuelve de su evasión por el universo del aroma Fausto y lo toma con una mano al tiempo que con la otra estruja los testículos. Le pasa la lengua siguiendo la verticalidad de su deseo, en zigzag, describiendo eses para terminar en un recorrido por la redondez genital. Saliva y lo humedece, preparando su lubricación. Lo huele, inhala aspira traga toda esa masculinidad sin reparos. Con avaricia y ansia. Con descaro. No está ahí para perder el tiempo ni rodear más que lo necesario. Debajo, tiene a Fausto para comérselo. Para degustar su concentrado de testosterona como sólo una buena amante puede hacer. Ese Fausto es para ella, ahora le pertenece, lo disfruta. Y le hará disfrutar.

Sigue trabajando con ambas manos y se lo introduce en la boca. Primero un poco, jugueteando con la lengua; luego hasta que le obstruye la faringe, después alternando. Un poco medio todo, un poco medio todo. En unos momentos se entusiasma en exceso y siente alguna arcada, afloja o vomitará: sería un gran fracaso de aprendiz que no está dispuesta a consentir. Fausto está a su merced, no sólo le pertenece sino que lo domina. Es su súbdito obediente sumiso y entregado. Sin una orden conseguirá de él lo que quiera, tan sólo es capaz de gemir y acariciarle inocentemente el cabello mientras tensa todos sus músculos.




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PÉTALOS DE PENSAMIENTO, parte 133 (novela media)



Movimientos desacompasados que no completan la longitud del miembro retenido. Otro ahhh más largo y la mano izquierda se apropia de los testículos abarcándolos como un trofeo. Duros como huevos, lo que eran, cocidos, lo que no eran; y ardientes como buñuelos recién hechos. Que tampoco eran pero parecían.

Con su nariz explorando el bello pectoral de Fausto llegó hasta sus pezones. Planos, pequeños y aburridos. Los lamió hasta que una esfera irregular tímida y cobriza surgió de ellos. Otra conquista por la entrega de placer, otro asalto en el camino, otro avance hacia el delirio. ¡Ah! de él, ¡Ah! de ella. Sigue la lengua en descenso lento hacia el ombligo. Lo huele. Ahí se concentra su olor como perfume. Ya lo conocía, ya sabía que le gustaba: atrapó su olor el primer día y éste le atrapó a ella, pero en el ombligo hay una dosis extra. Un chute directo a lo más profundo del cerebro que la golpea y desorienta. Le turba le confunde le extasía. Es él, dentro de ella vía nasal. Otra inhalación profunda, otra sobredosis de Fausto como morfina. Tras unos días de travesía todos los olores eran más recios e intensos, y el perfume denso Fausto le ataca directamente al hipotálamo. Pierde la voluntad y cae sobre su cuerpo. Con la mente perdida la cara sobre el ombligo y un pene ardiendo clavándosele en la garganta. No se le podía ocurrir mejor estadio de felicidad, mayor encuentro con el placer. Sólo para esto ya valía la pena el viaje. Comprendía ahora en cierta medida a su madrastra: si recibió el mismo impacto cercano a la conmoción la primera vez que se acercó a la morfina, ya no tuvo oportunidad de escapar. Resultó inevitable que quedara prisionera.


© CHRISTOPHE CARO ALCALDE