martes, 15 de septiembre de 2015

ARTSTREET




ARTSTREET





Es un buen día para recordarte

que tal vez no sea tan importante la huella que dejas

al marcharte o marchitarte

como el breve pero intenso tiempo que viviste. 



Porque... fue intenso, ¿no?



Aun así, quiero querida que sepas

que a pesar de tu muerte anunciada

tan anunciada

te veo hermosa.



Sí, te han salido los colores. 

No sé si por la vergüenza de mi confesión

o tu crónico hartazgo de verme. 












© CHRISTOPHE CARO ALCALDE

ANTIPOESÍA VISUAL "WILD LOVE"

WILD LOVE





Quiero ser parte de tu crucifixión.

Comerte a besos hasta dejarme la piel en el intento.

Rodearte con un largo labio que te envuelva con el paso del tiempo.

Tú, yo, ya lo tenemos todo:

es la extática del momento.



Quiero mi amor que este arrebato lento sea salvaje.

No por rápido pues como ves me tomo mi tiempo

sino por bravo. Carnívoro.

Te devoraré con paciencia y a conciencia. Y no sentirás nada

por dentro.



Quiero, quiero…

Hacerte desaparecer dentro.

















© CHRISTOPHE CARO ALCALDE

NOW






NOW





And now… the news.



Que serán las mismas buenas cosas que nos contamos

cuando toca decir mentirijillas.



Y miramos a otro lado o nos miramos el ombligo y al final nos escapamos.

Qué mejor cosa que fugarnos, casi como si fuéramos hermanos.



Porque hora va siendo de perderse de este lugar inmundo en el mundo

disfrutemos de la cena que está por llegar

puede que sea la última y después

a cabalgarnos amiga a cabalgarnos.

Para poder cabalgar lejos de aquí el uno del otro.



Ya quisieras tú ya quisiera yo volver a vernos.

Ya no será posible que la pared se ha hecho muro.

El muro muralla la muralla montaña la montaña mundo.



Tú a tu mundo yo al mío. Separados será mejor que revueltos.



Cuando revolverse entre nosotros y el presente tan revuelto

era jugarse el todo por el nada.



Ya no jugaremos a imaginarnos ni a seguir por el pasillo estrecho

de este infierno que no nos deja tregua ni tiempo ni resuello.



Y seguiremos cual tal cosa como si nada de esto ni de aquello importancia tuviera.

Que tenerla parece no la tuvo ya se vio qué pronto se esfumó.

Nos fumamos las oportunidades con papel de periódico hasta la última calada.

Ésta, esta fue la que nos dio arcadas.



Vomitamos el uno del cuerpo del otro para echar afuera

cada pedazo que a mordiscos nos comimos.

Y sin llegar a devorarnos dimos el banquete por terminado.

Hartos, puede que hartos.

Sólo de vernos.




And now… The old bloody news.














© CHRISTOPHE CARO ALCALDE

SOBERANOS



SOBERANOS





Si te quedas un ratito puede que tengamos algo interesante

que contarnos.



Sólo si te quedas un ratito.



Porque si te pasas de tiempo

puede que nos aburramos

hasta hartarnos



No dan más de sí estas vidas nuestras

de naderías simpleces vacíos bobadas.



Por ello acotaremos el tiempo de la unión al mínimo indispensable:

aquel en que desplegando nuestras plumas como pavos reales

tapamos los defectos que como escamas

a la piel tenemos incrustados.

Éstos, estos sí que son reales.



Si te quedas un ratito, puede que hasta queramos querernos.

Ilusionarnos como adolescentes ante un presente mágico

y un futuro estroboscópico.

Lisérgico y antrópico antes de caer

en lo catastrófico.



Sí, si te quedas un ratito será magnífico.

Pero recuerda:

tendrás que marcharte pronto.



O no querrás volver,

ni yo volver a verte.








© CHRISTOPHE CARO ALCALDE

CRASH



CRASH





Con frecuencia me pregunto adónde voy.



Con harta frecuencia me respondo

cuando me estrello contra la pared.








© CHRISTOPHE CARO ALCALDE

jueves, 20 de agosto de 2015

WALK/DON´T WALK



WALK/ DON´T WALK





La gorda joven pero gorda se arrimó al borde de la acera:

un casi precipicio de 12 centímetros dispuesto a recibirla

desde lo más profundo del paso de cebra.

Otro lugar inhóspito y salvaje agazapado siempre temiendo siempre

el paso incesante de leones con patas de caucho sintético.



A su izquierda

la izquierda de la gorda joven pero gorda

un árbol seco con tres hojas de colores:

rojo incendio amarillo sequía verde época de lluvias.



En este crucial instante de su vida casi crucial

haciéndose cruces de persignación,

la hoja roja del incendio reluce con máxima intensidad:

<>



Era mal día ese día de asqueroso caluroso bochornoso agosto.

Por esto y por lo otro:

se fugó su esposo con una delgada en realidad tonta pero flaca.

Ella se lo encontró él no se lo dijo, salir pitando

de un burdel sin categoría con una fulana sin clase

en una noche sin interés de una semana sin planes de un mes

sin cambios a la vista.



Pitando lo vio porque primero lo oyó, pitar a un taxista

que ella paró:

próxima al burdel la gasolinera, donde a partir de las horas oscuras

venden algo más que tabaco

si se tienen los contactos.



A cambio de dejarse con tactar

un sobre de sueños para olvidarlo todo.



Esa noche su contacto la abandonó como un mal desodorante.

En un fugaz lapso de vista cansada

lo oyó lo vio lo sintió.



Lo oyó como un insulto lo vio como un intruso lo sintió como un puñal.



Noche aciaga la de aquel día sin objetivos y semana y mes y.



Dos noches y un extracto de mañana después

tras engullir un trío de magdalenas y un café amargo

amargo como la costumbre de vivir sin algo dulce

mira al precipicio más cercano de una casa con goteras en el corazón.



Luz roja brasas de ardor en el estómago,

ya no tiene estómago para tanto tragar,

paso al frente adonde se arrojan los valientes:



Vista al horizonte cercano mirada al vacío.

Pita un auto loco de espanto salta al parabrisas un cuerpo

gordo.



Atropello y fuga. Por segunda vez.

El piloto es el fulano del esposo

con la fulana de su amiga.



Noticia en el noticiero con la periodista sabia:

"Las estadísticas de la causa han dado en llamar al caso

otro caso de violencia de género."










© CHRISTOPHE CARO ALCALDE

sábado, 15 de agosto de 2015

NIKO & NIKA



NIKO & NIKA





Se conocieron frente a la puerta de Las Ventas.

En una protesta doble cuando protestar contra la fiesta,

esa Gran Fiesta de animales aniquilando otros animales,

sólo era asunto de desertores y antipatriotas.

Doble la protesta por ser ellos, dos,

los únicos miembros implicados.



Adelantados a su tiempo no supieron ver a tiempo la cordada

de grises contra ciudadanos preferiblemente honrados.

En consecuencia

mientras un golpe de corneta anunciaba un cambio de suerte

fueron, al momento, detenidos. Y a golpes, conducidos.

Antes de la puntilla, ya estaban en los calabozos de la DGS.

Y en los lóbregos sótanos de la falsa Puerta Del Sol

retenidos.

Otra suerte de puntilla. Otra mala suerte.



Detenidos, conducidos, retenidos, perseguidos,

por la celda a hostias de porra y de culata.

Un 38 Smith & Wesson del difunto comisario El Niño

que dejó huella e imprimió estilo en ese cuerpo de difuntos.

Siempre los suyos fueron sucios asuntos.


Cansados de palos, los paleadores, liberaron al doble comando.

Por la puerta falsa, la de La Sombra, con nocturnidad y saña.

Dos guantazos más antes de cruzar el umbral.

Para él cuatro por ser muy hombre.

Quién sabe si formal. Otro insulto a la Dirección General.



Detenidos retenidos perseguidos. Oprimidos:

con el peso del miedo contra el pecho.

Siguieron calle abajo,

qué otra cosa pueden hacer los perdedores sino descender,

durante los siguientes tres años.

Los justos para comenzar a quererse, encontrar trabajo,

buscar una guarida.

Empezar una vida, quizás.



Él era inventor, de objetos rotos.

Ella una modesta modista:

le cosió una docena de trajes

para que él fuera o pareciese el mejor.

No hubo tanto cambio de suerte en esos años

No sonó la corneta pero siempre quedó una puntilla pendiente.





Cayó el régimen fascistoide como cae todo,

lo bueno lo malo otra vez lo bueno…

Pasaron los malos ratos los años malos y buenos los buenos momentos.

Como pasa todo.



Comieron algo de pollo pocas veces cerdo ninguna ternera.

A veces perdices.

Casi siempre sopa que llevarse a la boca caliente.

Calientes las bocas deseando encontrase y comerse.

No había que comprar estos besos.



Fría normalmente la sopa:

de tanto esperar Nika a Niko. Cada noche.

A la vuelta de sus negocios y sueños.

De inventor sin hazañas ni importantes avances:

el mundo giraba igual con él que sin él.



Nika, Nika puede que también.



La mañana del 3 de febrero de mil novecientos bastantes

la corneta muda de las ventas pitó por el barrio:

anunció un inesperado cambio de suerte.



Niko dejó de esperar otro golpe de suerte otro trance.

Se marchó.



Tras muchos años de seguir planchando sus trajes

Nika también.



Hoy hay otro piso vacío cerca de la Puerta De La Sombra y El Sol.

Hoy hay otros dos cuerpos en La Almudena,

decúbito supino, bajo la fresca hierba,

mirando, ahora sí,

al sol. 





Todo o casi todo él, para los dos.

El comando doble de la doble protesta.






© CHRISTOPHE CARO ALCALDE

HÉROES



HÉROES





Adelante valiente adelante.

Adelante valiente.

Adelante.



Sé valiente.

Por esta vez sé valiente. Sí, una sola.



Y ríndete.









CHRISTOPHE CARO ALCALDE

viernes, 14 de agosto de 2015

RESTART



RESTART





Ni tú ni yo sabemos adónde vamos.

Ni si vamos o no vamos o nos quedamos.

Por el camino donde se quedaron tantos.



Vamos quizás caemos tal vez arrastrados seamos.

Abajo abajo abajo abajo.

Más abajo, aún se puede más abajo.

Tanto caer se puede que ni imaginarte

puedes.



Vamos o huimos o nos escapamos.

De ti de mí de todos nosotros;

que somos tan pocos y tan poco.



Descendemos nos rompemos desaparecemos.

Volátil la sustancia de la que estamos hechos.

Efímeros como los aplausos

Vanos como las estrellas del hotel

Vacíos como una espera de autobús

Superficiales como un clavel en la solapa.


Nada de lo que se cuenta cuenta.

Quizás todo lo que se calle, permanezca.



Caemos caemos nos estrellamos.

Ya no estamos.



-¿Y?

-¿Y? Nada, recomenzamos.

¿Qué te creías?

Vamos, ¡vamos! Bobo hermano.







© CHRISTOPHE CARO ALCALDE

martes, 11 de agosto de 2015

LOVE LETTERS



LOVE LETTERS





Roberto es sólo un nombre más para un personajillo de poco provecho.

A veces nadie de puro Don Nadie casi siniestro.

Un fantasma según el momento.



Roberto no es más que un nombre para un hombre

en el lado de los hombres que no se hicieron un nombre.



Abonado a la ventana de su cuarto piso sin ascensor

con muchos escalones para gente mayor

fuma y escupe escupe y fuma.

Mirando a la calle donde todos le ignoran.



De cabeza cuadrada, literal, y orejas de espía ratón,

literalmente,

chupa largas caladas a otro sin boquilla negro barato malo.

Aunque no más malo que otros rubios caros:

todos matan a intervalos.

No da para éstos su pensión prejubilado en un hombre,

no más que un hombre,

que creyó hacer mucho cuando hacía bien poco:



Desde los dieciséis en la planta embotelladora frente a la casa.

Bloque de viviendas adocenadas sin ascensor ni nada.

Con muchas escaleras.

Casi tantas como viejos en ella viven.



Oficialmente protegidas desde el santo año del señor

en que fueron construidas:

por el excelentísimo ministerio de la vivienda y la patria.

Contra todo pronóstico permanecen en pie.

Contra todo pronóstico siguen ahí los mismos vecinos

que en ellas han hecho hijos y viejos.



Apura la última calada del sin filtro hasta que se abrasa los labios.

Arroja a la calle esa colilla terminal

le sigue un bolo viscoso y denso,

color asco y muy asco tirando a repugnancia,

que se estrella y desparrama en mitad de la raya blanca

que por mitad divide la negra lengua de asfalto.

Aburrido de ser visto como el más aburrido del momento

tranca por dentro la venta y desaparece.



A pocos metros, en el pasillo que separa mundo salón

del inframundo cocina

el hielo derretido de su mujer avanza y se escapa bajo la puerta

hasta el hueco de escalera,

ahí donde debía estar el ascensor para escapar,

y gota a a gota se suicida estrellándose contra los buzones del portal.



No ha dejado carta de despedida.













© CHRISTOPHE CARO ALCALDE

lunes, 10 de agosto de 2015

GREEN DAY

GREEN DAY





Hartos de derrocharnos amor como alcohol desinfectante

toda la noche

has salido esta mañana de mi cama como quien al diablo llama.

O lleva como tú prefieras que en esto al menos hay fácil consenso.



Tras el portazo como un tortazo al huir del cuchitril en que no sé

si vivimos o morimos

has abandonado sin querer o mal queriendo una bolsa gris de plástico

de esas para la basura gris que no es de plástico.



En ella, rebuscando en ella para comprender y conocerte,

que dicen por lo que tiras te diré quién eres cómo eres,

como un yonqui rebusca jeringuillas y un borracho sus cartones,

el historial resumido de tu paso mi paso

por esta senda de atontados con ganas de ser algo o no ser

cuando no ocurre algo:



un pintalabios a medio uso rojo pasión para las primeras citas

en que como pavos reales nos mostramos.

Cada pluma un asombro, un detalle un fino gesto un gran proyecto.

Rojo sangre de los amantes degollados es el otro medio que tiraste.



Dos paquetes de tabaco para tus besos de humo y fantasía.

Fantasía la de ser lo que no fuimos ni seremos:

los amantes eternos que tanto prometimos

entre mentiras y cuentos.



Un encendedor para inflamar pasiones.

O incendiar colchones con el otro dentro.



Las gafas que te empastabas para verme,

decías.

Y para no verme de ellas te desprendes,

digo ahora yo.



Un guante para tocarme sin contagiarte.

Una media erótica para ahorcarme o para ahorcarte

en el instante antes de llegarnos a los dos la petite mort.



Un perfume sin aliento una botella de absenta,

para los mejores momentos.

Una sobredosis de cocaína para perdernos dentro.

Un hola dos te quieros un adiós tres te odios.

Un ven un ahora un vete un vuelve un nunca jamás

un no te olvidaré un gran te olvidaré una verdad diminuta

en un collar de mentiras.

Una sospecha larga una tregua corta una guerra infinita.



Una decepción varios desencantos muchos desengaños.

Otra forma nueva de hacernos daño.



Unos zapatos que antes eran de tacón y ahora son de clavos.

Una pulsera para ser esclavos:

De nuestras ilusiones de lo que esperamos y nunca nos dimos.

Dos manojos de ratos:

fueron tantos los que desperdiciamos!



Querida mía amada mía toda tuya

te devuelvo la bolsa que olvidaste,

esta sí que ves de plástico,

para que la recicles que sé que tú eres muy verde

y la reuses no rehúses, con otro.



Puede que no tan sabio.

Puede que no más tonto.











© CHRISTOPHE CARO ALCALDE

KIKIRIKANTES

KIKIRIKANTES





Canta, gallo, canta

proclama a quien no se ha enterado este acaecimiento

de otra vieja mañana.



Vieja sí, entremés agrio de otro día,

puede que un mes,

al que por callejuelas, pasadizos y avenidas acudirán en tropel

ratones de frac prestado y maletín vacío.



Aduladores de media sonrisa, Falsos de diccionario, Tramposos de nacimiento,

Sinvergüenzas por vocación, Mentirosos habituales, Fantasmas a jornada completa,

Superficiales incómodos, Enaltecidos autónomos, Farsantes de manual,

Altivos de barrio bajo, Presuntuosos de cartón, Aristócratas de plastilina rancia,

Vagos, Fabuladores, Chicharras, Duermeperros, Lamesapos, Llamamoscas,

y buitres y hienas y todo lo que de carroña se sustenta.



Canta gallo, canta

que la chusma no se espanta lo contrario:

salta salta salta.

Rozna y canta.



De alegría que este nuevo viejo día no es sino uno más

para que todo siga igual.









© CHRISTOPHE CARO ALCALDE

viernes, 7 de agosto de 2015

CAMINAR O MORIR?



CAMINAR O MORIR?





Caminamos hasta el límite de nuestras fuerzas.



Al límite de nuestras fuerzas dejamos de hacerlo.



Al hacerlo dejamos de vivir.



Al hacerlo, de existir.



Al hacerlo, de ser.












© CHRISTOPHE CARO ALCALDE

domingo, 2 de agosto de 2015

START UP



START UP





Siento, siento, siento.

Noto el viento del vértigo del cambio.

El salto al vacío

quizás un nuevo espacio

lleno.



Siento el mareo del despertar tal vez un amago de náusea

por el cambio de postura.

El desvanecimiento ortostático

de quien sepultado en su dolor halla la razón

la revolución, por fin,

y se levanta.

Revive el moribundo que débilmente late

el ahogado que aún le cuelga un hilo de aire.

Y vive aquél y éste respira.



No será por ti.

Ni por ti ni tampoco por ti.

¿Qué pensabas? Tú,

que con bobos ojos de triunfo

aún me miras.



Será por mí. Sólo por mí.



Siento siento siento.

Y aunque me levanto me siento.



Sólo así, sé que sigo vivo.









© CHRISTOPHE CARO ALCALDE

¿PERO ES QUE NO LO VES?



¿PERO ES QUE NO LO VES?





Lo ves venir

Lo ves venir

Lo ves venir:



Se partió el amor.



Y lo ves partir.

Lo ves partir.

Lo ves partir.








© CHRISTOPHE CARO ALCALDE

SOLITUDE



SOLITUDE




Volando voy…



Volando no me muevo del lugar donde

a pesar de que nunca quiera yo quedar

siempre vuelvo. Y atrapado

por falsos testimonios

de promesas no cumplidas de esperanzas,

todas fallidas,

sigo aquí:



Entre tus brazos

Soledad.



Qué vacío y desamparo.

Otra vez sí triturado.



Qué poco me queda

De lo nada que nos queda.





© CHRISTOPHE CARO ALCALDE

WHAT A BOOT



WHAT A BOOT





No sé lo que siento, estoy como vacío

de ello hace tiempo,

y roto por dentro.

Esto tampoco es nuevo mi viejo.



No sé lo que quiero no sé dónde voy no sé por qué

ni esto ni aquello ni lo otro.

¿O será esta, aquella o la otra?



Aunque por malo que sienta o se cruce un camino con otro

es mejor esto

que pensar que estoy muerto.



¿Y tú?

¿Qué problema tienes?


¿De verdad que ninguno?


Háztelo mirar,

porque tú sí que estás enterrado

y ni te has enterado.










© CHRISTOPHE CARO ALCALDE

SIN PREMEDITACIÓN






SIN PREMEDITACIÓN





Se prometieron amor eterno.

¿Se prome qué?



Se lo dijeron.



Una noche de autos como cualquier otra

donde se perpetran los crímenes.

¿De autos?

¿Qué crimen?



En un auto.

En el asiento trasero de un auto.



El crimen fue decirlo,

sin demostrarlo.



¿Y sin probarlo?

Y sin probarlo.

No se probaron.

Ni se aprobaron.



No hay pruebas. Por tanto.



Sin pruebas no hay crimen no hay auto no hay amor no hay pacto.

Sólo el impacto.



De que lo que se prometieron

el viento se lo llevó en el acto.






© CHRISTOPHE CARO ALCALDE

A-HORA



"A-HORA"






Necesito, amor, pasar esta noche contigo.

Noche que me diga que yo sepa que yo sienta que estoy vivo.




Porque… Lo estamos.




¿Verdad?






© CHRISTOPHE CARO ALCALDE

AY PENA



AY PENA





Un beso que yo te pedí un solo beso

para sentir que alguien tendrá un querer

que darme quiera.



Un beso que me diste,

por error.

Un beso que te robé,

por precaución.

Uno solo que yo me quedé.

Fue por amor.



Un beso como un tortazo que sin embargo conservo.



Por ser un beso de amor fue un beso que me dolió.




© CHRISTOPHE CARO ALCALDE

TUYO ES



TUYO ES





¿Dónde estás esposo mío,

que te miro y no te veo que te has ido y no te encuentro?

Que te siento como ausente como muerto.



Que no te siento ni me quieres ni acaso quieras

que yo te sienta.



¿Dónde te has ido esposo mío,

que no me tocas ni me besas ni que te toque dejas?

Ni te persiga con una promesa en la punta de mis labios.

Tan sencilla, tan sincera, tan tierna.



¿Por qué me rompes con tu silencio

esposo mío,

tú ajeno enajenado

de este lugar tan pequeño que habitamos?



Estrella mía apagada o escondida

que ya no muestras cada noche el camino que me queda

para llegar a esos brazos que eras tú.



Qué nube de indiferencia, de tuísmo,

forma tuya de nombrar al egoísmo,

te apartó de mí sin avisar.



Cuándo fue que echaste a andar que no me preparé,

no ya para retenerte que eso nunca pretendí

sino para de peregrina yo vestirme y,

sí también,

abandonar esta morada que poco atrás

perjuré que era tu hogar.



Ay amor esposo mío mírame por esta vez

que ya no lloro que no puedo

que otra vez no querré recomenzar para morir.



Te digo que hubo un tiempo yo te quise

y tú también.

Y hoy me dejas tan vacía.



Qué difícil será, ¡tan difícil!,

volver mis heridas a curar.



Vete. Vete si quieres nada me importa.

Sal como a ti te gusta por la puerta principal.



Yo lo haré, como a ti te gusta,

por la de atrás.






© CHRISTOPHE CARO ALCALDE

sábado, 6 de junio de 2015

DOBLE



DOBLE





Tropiezo con Antoan en el supermercado:

busca y rebusca entre docenas de productos de síntesis,

sintéticos por tanto y cuanto,

aquellos que van a repararle la salud.

-Trabajo largo que le queda a estas alturas y bajuras de su vida-.



Duda qué probiótico o prebiótico le ha de devolver su juventud.

Si los bífidus activos serán más activos y efectivos

o tendrán más efectivos por la noche o por el día.

Al caer la tarde o reventarle encima la mañana:

otra mañana sin mañana igual que ayer y anteayer.



Carga su carro del deseo con quesos sin grasa jamón sin sal

galletas sin azúcar cerveza sin alcohol vino sin sulfitos

agua sin minerales pan sin gluten fruta sin pepitas.



Quiere vivir más que nadie.

El quinto y último

en el grupo menguante de sus quintos.

-Pronto no serán más que cuartos y terceros los que acudan

a esa anual y moribunda llamada de socorro-.



Antoan ha extraviado bastante pelo

algunos dientes mucha energía

toda la ilusión.

No es nadie no lo será ya nunca lo fue.



Ha hecho con su vida lo que la mayoría:

envejecerla.

No hay más no da más no queda más.



Lo veo a escondidas lo observo con espanto lo miro.

Y lo recuerdo.

Lo comparo con quien fue en aquel tiempo de…

Hace tiempo sí.



¡Cómo te has envejecido Antoan!

Me digo mientras lee la letra imposible de unas latas

de atún bajo en calorías alto en omegas betas y zetas.

Alguna épsilon queda entre tomate y picante.



Deja caer la lata sobre su montón preferido

de plátanos sin manchas sandía sin azúcar melones sin forma de melón.

Ese es su carro de los deseos y todo lo que renueva quiere.



Por error me mira. Leo en sus ojos quién soy:

su espejo.



No puedo, no puedo

sino salir huyendo de mí mismo.







© CHRISTOPHE CARO ALCALDE

domingo, 29 de marzo de 2015

AMANECE QUE NO ES MUCHO



AMANECE QUE NO ES MUCHO





Partió aquella mañana,

del año cristiano de mil novecientos sesenta y cuatro,

en fructuosa búsqueda del yo en el ser y su destino.

-Hizo el mundo una pausa colectiva valorativa reflexiva

de por qué para qué con qué

iba él a cruzar este planeta y no partirlo. Puesto que partió…-



Aliados la lógica emprendedora y la distraída metafísica

adoptó medidas de cautela preventiva.

Tratamientos de yogur con soda para cuerpo y mente,

pues el alma ya la entregó en el mismo momento de la idea:

resultó ser una carga prescindible insoportable.



Arrancó al medio una promesa de no retorno

de fuga sin captura y marcha sin arrepentimiento.

Dobló el junco del tiempo hasta el centro de la tierra

y de aquí al firmamento.

Y de aquí al infinito y más allá y viceversa

y ármese un Tiberio si hace falta que ya nada le importa.



Vaga como pena sin alma desde entonces

por esta subcultura, subyaciendo subalterno

por todo lo volátil y lo efímero.

Súbdito de todo cuanto siente

Rey de todo lo olvidado.



¿Por qué será que de nada se arrepiente

y ocurra lo que ocurra lo disfruta?







© CHRISTOPHE CARO ALCALDE

lunes, 23 de marzo de 2015

THE FLOWERS

THE FLOWERS


Y un día entre clientes añejos y jóvenes histéricos te preguntarás:
¿qué fue de esta persona?:
la que con resignación y asco a ilegítimos demandantes de atención escucha.
Y ya no estárá en el cuerpo que te lleva.
¿Qué fue de esa persona que fuiste?
¿Cuándo se marchó? Es la pregunta.

Será que marchitó.  

En qué momento perdiste lo mejor de cada momento
Cuándo dejaste de vivir para sólo resistir
Por qué te dejaste vencer pisotear sin rebelión
por el conquistador de esa tierra donde guardabas tú
para ti sola todo tu tiempo.
Amigo y traidor conquistador. Enemigo al fin.

Y un día querrás saber cuál fue la primera decisión equivocada que encadenó
a todas las demás:
tren de desaciertos enganchados lanzados sin control
contra el muro de la vía muerta por la que viajas sin ilusión ni destino.

Dócilmente te consuelas con que hay que vivir sólo el presente:
un presente que no gusta y no te da la gana de vivir ni soportar.

Un día sí, querrás saber, lo que ya sabes pero no quieres oír:
te faltó valor en su momento
para escapar de esa que eres tú misma. Y no te gusta.

Y ese día que pareció ser un día cualquiera
te derrotaste y diste muerte. Con dolor.
Lenta te queda la agonía en el recuerdo de este tiempo
que este sí este es eterno que no acaba ni con él ni con tu cuerpo.

Hoy eres un fantasma, otro de esos que vagan por tu casa,
lleno de preguntas flotando en el recuerdo.
Que levita entre todos tus amigos pues,
como tú,
están igual de muertos.





© CHRISTOPHE CARO ALCALDE



sábado, 21 de marzo de 2015

FLAT DREAMS



FLAT DREAMS





Él fue un chico rebelde asomado al prodigio:

al prodigio de ser un niño prodigio.

Destacó temprano insertado en un grupo con su guitarra de cartón:

de lo que son casi todos los sueños.



Grabó varios discos en el garaje de casa.

(-¡Hay que reivindicar los garajes domésticos! –defendía un sabio en aquel tiempo.)

Sólo vendió a los pocos amigos que todavía quedaban.



Miles de kilómetros docenas de discos varias guitarras después

se sacude el frío junto a una estufa que es un insulto:

24 horas encendida en invierno dentro de una portería-perrera ridícula

donde el niño prodigio prejubilado castigo quema su vida y sus últimos sueños.

Vigila el gran monstruo alienante alienígena que es la gran empresa

donde entierra sus restos de vida hecha a trizas con trozos pedazos.



Después de perseguirlos, esos sueños,

como se va tras las moscas, a guantazos,

volvió al garaje de casa.

(No fue cosa del sabio fue de la puta la vida que no sabe nada o a nada.)



Hoy toca un blues cada noche a la memoria de todos:



De aquellos que ni siquiera persiguieron sus sueños.




© CHRISTOPHE CARO ALCALDE

jueves, 9 de octubre de 2014

PÉTALOS DEL PENSAMIENTO, parte 183 V



Fausto pregunta por inercia más bien se lo pregunta a sí mismo no espera respuesta.


-Je ne comprends…

-¡Charlotte! ¡Habla tu idioma!

-Oui… Qu`est-ce que tu fail ici?

-Je vis ici…


Charlotte, Bae, Hiroto… Todos se arremolinan en torno a la niña. Sienten curiosidad quieren saber tienen necesidad de comprender.


-¿Qué es eso de que vives aquí? –interroga Charlotte desconcertada-. ¿Y por qué hablas mi idioma? ¿De dónde has salido?


La niña se le acerca. Para acariciar su pelo, también es el primer pelo limpio que toca en mucho tiempo. Charlotte no sabe cómo responder a este gesto afectivo tan inesperado. Así que no responde.


Menos temerosas que el grupo de hombres, algunas mujeres van abandonando la bodega. Se desplazan por la pasarela sin rumbo.


-Explica eso de que vives aquí –Charlotte insiste.

-Hace mucho tiempo. Iba con mis padres, en este barco…

-¿Viajabas en el barco? ¿Cómo pasajera?

-Sí… -la niña se entristece. Prosigue:

-Una mañana me desperté y no estaban. Me asusté, había mucha gente. Más que ahora.

-¿Más?





© CHRISTOPHE CARO ALCALDE

PÉTALOS DEL PENSAMIENTO, parte 183 U



En el lado contrario al de los desechos, tras el grupo, una escala de hierro soldada a la pared culmina en una escotilla superior. Otro acceso quizás para rematar trabajos de limpieza si es que alguna vez los hubo, o supervisar la carga. Pero la escala ha sido convenientemente cortada muy por encima del alcance de una persona talla media. De la escotilla una gotera salpica el suelo. También. Agua que ellas capturan por turnos con sus bocas abiertas como pollos. Agua de lluvia para beber, agua de ola en ocasiones para limpiar heridas.

Superado el momento duda, una tras otra se van poniendo en pie. Alguna con ayuda: la debilidad, paradójicamente, va ganando fuerza. Fausto orienta al suelo la luz de la linterna: ya ha aprendido del anterior encuentro a no deslumbrar con hostilidad. Todas con vestido, la mayoría bajo la rodilla. Piernas desnudas, sucias. Amoratadas. Algunas han perdido hasta el calzado. Pies negros doloridos helados. Nueve mujeres veinte piernas.


-Pero, ¿qué es esto?


Del grupo sale una niña, sabiamente ocultada entre las supervivientes. La niña del pelo rubio del vestido ensangrentado de las apariciones fantasma exclusivas para Fausto.


-¡Eres tú! ¡Eres tú! ¡Charlotte! ¡Aquí tienes a mi fantasma! ¡¡Ven es ella, ven!! ¡Sabía que no eran alucinaciones! ¡Corre ven! ¡¡Corre!!


Fausto emocionado tira la palanca de abrir puertas le tiende la mano. Avanza la niña sin miedo, en realidad, ambos ya se conocen. Es la primera en abandonar la bodega aunque no su primera vez.



-¿Pequeña, tú cómo has acabado aquí?



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PÉTALOS DEL PENSAMIENTO, parte 183 T



-Dice que tenemos que encontrar a los demás.

-¿¡Qué!? ¡Qué otros!

-Te lo dije. Los golpes, procedían de dos puntos distintos. ¿Recuerdas? ¡Hay más gente por ahí!

-¡¿Más!? –perpleja.

-Sí. Los que yo he oído. ¡Lo sabía! ¡Lo sabía! –grita alejándose hacia proa.


Hiroto se le adelanta, golpeando los mamparos de las bodegas con sus manos. Una tras otra tal y como antes había hecho Fausto. Y como si tuviera prisa por rescatar a esos nuevos desconocidos. Aunque el objeto de búsqueda difería enormemente. Al sexto intento hay un golpe de respuesta. Fausto supone que no podrá abrir la escotilla y se adelanta palanca y linterna en mano. Unen fuerzas: despejado.

La primera reacción de ambos es apartarse. Fausto por la hedionda nube Hiroto por precaución. Fausto ilumina la cámara, sin agredir, arrastrando la luz por el suelo. Efectivamente, uno tras otro van surgiendo los cuerpos. La mayoría sentados. En un extremo, amontonada la suciedad. Entre ella partes de un cuerpo humano: antebrazo pies manos tripas. Trozos rasgados de pulmón una cabeza con su melena por la sangre acartonada y cubriéndole parcialmente el rostro. Como todas sus excompañeras, cabeza de mujer. Lo que queda de ella: restos de la última comida. Es evidente que también éstas se han canibalizado.


En el grupo, nueve mujeres de un total de quince. Dos han muerto por enfermedad una de hambre tres asesinadas por el negro bajito. Todas comidas ninguna violada. Nada que ver con el respeto todo con el asco. Sus edades, similares al grupo de hombres; el periplo también. El desenlace, idéntico.




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PÉTALOS DEL PENSAMIENTO, parte 183 S



En una colisión apocalíptica de ideas, otra línea de pensamiento atraviesa su mente como una catana, seccionando la emoción que nace de la desesperación por otra mucho más útil: la ira. Admite que si esos desdichados están ahí es porque otros desalmados los han encerrado. Contra su voluntad. Ella apunta hacia estos últimos la bala de su rabia. Idóneo proyectil para reventar cualquier cabeza del impacto.


- Ça suffit. Ça suffit


Se levanta. De las fuerzas de la decisión extrae coraje para superar la barrera del asco. Abraza a Bae. Devolviendo su compasión transformada en afecto. Seca sus lágrimas con la manga. Añade:

-Très bien. Hay que dar una salida a esta situación.


-Utgivlese… Flere mennesker! Frihet! Frihet!


Bae, como si hubiera comprendido la apuesta de Charlotte, en su pésimo noruego intenta decir que hay que liberar a más personas. Señalando con el brazo más adelante, dirección bodegas de proa. Fausto no termina de creerse lo que ha oído. Pregunta y es respondido de igual forma, pero con más énfasis y apoyado por Hiroto. Ella pregunta qué se está perdiendo.


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PÉTALOS DEL PENSAMIENTO, parte 183 R



Bae e Hiroto abandonan la bodega; por primera vez en meses. Una cadena de encierros con sus torturas. Encadenadas también. La atmósfera asquerosa e irrespirable que tanto ahogaba a Charlotte es para ellos aire puro y fresco de las montañas: la relatividad de la comparación. Incluso la trémula iluminación con bombillas de baja potencia son maravillosos rayos de sol. Cálidos sobre los rostros depauperados de los cautivos. Fausto y Charlotte, afortunados en el infortunio leve, se giran. Y observan.

Los redescubren. Están mucho más mugrientos y sucios de lo que se adivinaba con la linterna. E impregnados en la insoportable pestilencia de sus desechos. Son la náusea y el asco hechos persona. Para ellos, en cambio, el decadente universo contenido en el vientre de ese barco de chatarra es la antesala al paraíso: los primeros pasos del reo por los aledaños de la prisión donde fue injustamente encarcelado. La gratitud del necesitado, Bae:


-No llores. Por favor.


Posa Bae su mano pringosa en la cabeza de Charlotte que nada ha entendido sin la traducción. Acaricia su melena suelta y suave como un niño a su madre. Ya no recuerda cuándo tuvo él el pelo largo por última vez. Ni siquiera limpio. Repite:


-No llores más. Ya pasó.


Pero la compasión por él mostrada y la falta de entendimiento de ella, consiguen el efecto contrario: Charlotte revienta en lágrimas. Se siente desdichada y culpable. Culpable por sentirse desdichada pues cómo podía ella quejarse de su existencia cuando había personas en el mundo que si algo no tenían era vida. Y sin embargo ahí estaban: agradecidas por nada.



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PÉTALOS DEL PENSAMIENTO, parte 183 Q



El barco escora ligeramente a ambos lados. La tormenta del exterior parece fuerte. Por las escaleras de entrada se desliza agua a intervalos irregulares. Fragmentos de ola que se suman a la balsa estancada y sucia bajo la pasarela. La interrupción es oportuna: rescata a Fausto y Charlotte del limbo de sus horrores para empotrarlos en el proscenio de la realidad. Puro teatro de codicia y abusos. Dramaturgia del inhumano humano en amarillo limón: desenlace fatal para actores y público.

Charlotte pierde el equilibrio con el movimiento sorpresa: es lanzada contra la escotilla abierta. Sin otro punto al que agarrarse, no logra evitar caer sobre el montón de gente, que sentada en el suelo se prepara para el impacto de libertador inestable. En medio de todo, semejante torpeza es conveniente pues consigue arrancar una carcajada de algún presente. Desesperación y sonrisas, dos elementos que como fuego y agua pugnan por sobrevivir. Pero quien peor soporta el contratiempo es quien menos debe: ella. Su miedo al ridículo, a la vergüenza pública. Y el insoportable olor atrapado en el interior la hacen rebotar como un muelle. Salta de bodega a pasarela y de ésta en cuatro zancadas hacia la salida. Hasta que se percata de que no hay salida. De que aunque en medio de la noche surgiera el sol radiante, ya no podría salir de esas bodegas para olvidar. Sí, Fausto tiene razón en su demoledor análisis de que ya no habrá una vuelta atrás sencilla. Y el dilema moral es tan pesado que ha consumido todas sus fuerzas. No puede caminar, se deja caer contra la rejilla dura de la pasarela. Entre amargos sollozos y balbuceos.


Fausto contiene la última arcada y se le acerca. No sabe qué decir, está tan confundido asustado y perplejo como ella. Sólo disimula un poco mejor. Le pasa la mano por el hombro. Angustiado por el descubrimiento y entristecido por verla llorar. En cierto modo, es su responsabilidad. Sus dos manos pone ella sobre las de Fausto. Es María Magdalena clavada en el suelo de su calvario de espaldas a un Jesucristo redentor. Es el dolor ante lo irremediable: los asesinatos y el canibalismo ocurridos ya no tienen reparación.



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PÉTALOS DEL PENSAMIENTO, parte 183 P



Charlotte recuerda la observación de que discuten como un matrimonio y se traga el comentario o le estaría dando la razón. Bae prosigue, Fausto interpreta.


-Dice que el negro siempre trae un arma. Como las que tienes tú, por eso se han asustado tanto al verte. Que si no hay nadie que haya muerto de hambre o enfermedad, elige al que le parece más débil y lo mata de un tiro. Después, los otros dos lo descuartizan y les arrojan los pedazos. Se llevan los huesos más grandes y la cabeza. Y la carne cruda


Bae entra en pánico. Rompe a llorar, cae al suelo. Espasmos, respiración agitada. Los compañeros le sujetan, ponen un trozo de tela en su boca para que no se muerda la lengua. Epilepsia. Desencadenado el ataque quizás por el recuerdo atroz. Según la explicación, se estaban comiendo a los compañeros que caían enfermos o mostraban mayores signos de fatiga. Canibalismo de supervivencia. Salvajismo por imposición. Comerse al compañero o ser comido. El horror, el puro y despiadado horror.


Charlotte no es capaz de articular palabra. Ahora sabe que con las armas que ha empuñado tan decididamente se cometieron esos crímenes. A Fausto se le cae la linterna, una vez más, por la parálisis. Se da la vuelta, vomita por encima de la barandilla la carne con patatas de la última comida. Va a resultar que quizás tuviera razón y la carne fuera carne humana. Va a resultar que con todo lo descubierto, es más probable que no lleguen a destino que lo contrario. Que no es exagerado pensar que sus vidas corren peligro en ese entorno de, ahora confirmados, delincuentes poco comunes. Qué intrigas o peligrosas tramas criminales ocupan la mente del capitán alucinado que permitía convertir una pelea entre pasajeros en una apuesta abierta. Y a su tripulación disfrutar con ello como si fuera una actividad habitual para las horas de aburrimiento en travesía. Sólo una panda de degenerados mentales podría actuar así. El peor quizás el griego que luego se llevó a la española a la cama, combinando sadismo y sexo en un solo episodio sin interludio preparatorio.




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PÉTALOS DEL PENSAMIENTO, parte 183 O



Encerrado, transportado, encerrado, transportado, embarcado ahora junto a los otros once hombres de un grupo de treinta en un barco del que no conocen destino: qué importaba una mortalidad tan alta cuando el género era tan barato en origen. Prisioneros, maltratados otra vez como esclavos, la vida de Bae no lo ha sido que sólo ha sido dolor.

Esta es la historia que relata a la sencilla pregunta <<¿Por qué estáis aquí?>> de Fausto. Necesitaba contarle a alguien su peripecia terrible. Alguien que no fuera otro retenido o un carcelero. Fausto y Charlotte eran las primeras personas no mafiosas que el grupo veía en meses. A la pregunta <> responde que son los únicos que han aparecido discutiendo como un matrimonio. Que tampoco sabían dónde buscar pues han abierto muchas puertas antes de la correcta. Y que, por último, la cara de espanto de ambos al encontrarlos había sido la confirmación definitiva de que nada conocían de su existencia.

La comparación conyugal que nada gusta a Fausto es suavizada en la traducción para Charlotte. Pero del resto no omite una coma, por dura que sea. A él, que ha apagado su grabadora porque no podía soportar más la escena, le cuesta trabajo digerir la narración. Pero Charlotte, a cada minuto se considera más ingrata con la vida: ni en la peor de sus pesadillas vivió drama tal. Aunque lo mejor está por relatar.


-Pregúntale quién les da de comer.


Charlotte sólo quiere tener identificado al carcelero.


-Dice que un hombre negro, pequeño. Acompañado de otros dos, más altos.

-¡Lo sabía! Desde que los vi bajar por primera vez sospeché de ellos. ¡Hay que matarlos!

-Calla, mujer. Déjale hablar.


-¿Mujer?




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PÉTALOS DEL PENSAMIENTO, parte 183 N



<>, iba canturreando un verso que oyó esa mañana no supo dónde mientras subía las escaleras con el cuerpo. Cuatro pisos sin ascensor dándole golpes y coscorrones hasta la puerta de su cuartucho-pocilga.

Un cliente habitual deudor ocasional médico oficial le pagó los servicios prestados, por ella, con servicios de cirugía interna, de él. Que no conocía pero el muchacho tenía buenas tripas y éstas sanaron. Cuando estuvo listo para defecar por natura, o que le volvieron a sodomizar sin estragos contra natura, la puta samaritana recuperó el tiempo y dinero invertidos en el fino muchacho cambiándoselo a su chulo por la libertad. De ella. Éste, con olfato para proxenetismo iniciático y harto de que su puta yonqui en decadencia rindiese cada día menos, aceptó el trato gustoso. Tanto, que le dio una propina de morfina adulterada y la puta se mató intoxicada feliz. Eliminó a la testigo y la policía local se alegró de tener una furcia menos en las calles sin tener que trabajar ni dar vueltas al respecto. El cuerpo entero veía con muy buenos ojos esta forma de autolimpieza: silenciosa y económica. Poco papeleo.

El proxeneta introdujo al muchacho en una red de humano traficantes que operaba en Osaka y Tokio, donde todos excepto Bae ganaron buenos yenes con él. En su pico de rendimiento más alto, fue vendido a una red mayor que advirtiendo su potencial lo cambió por cinco zorras de lujo a otra más grande que la revendió a una cuarta con ramificaciones internacionales.



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PÉTALOS DEL PENSAMIENTO, parte 183 M



-Dritt! Así no vamos a ninguna parte.


-Dritt! Así no vamos a ninguna parte.

-¿Fausto, has oído eso? ¡Alguien ha repetido tus palabras, por ahí atrás!

-Sí, lo he oído.

-¡Mon dieu! ¡Alguien habla tu idioma!


El representante del grupo le pide que se levante. Definitivamente, él es el líder.


-Behage. Hjelpe.


Bae: padre coreano madre coreano-nosesabeafirmabasernoruega de quien aprende algo el idioma. Palabras sueltas expresiones incorrectas y giros inapropiados, pero mejor eso que nada. En sentido opuesto, a Fausto le ocurre lo mismo con el japonés: chapurreos de turista y errores de analfabeto. Insuficiente para la situación: tendrá que bastar.

Rasgos faciales andróginos han llevado a Bae a ser confundido con una chica en varias ocasiones. Esta, no fue una de ellas. Hermoso para muchacho del montón para ser mujer. No importa, a sus clientes sus enemigos su familia no les ha importado nunca: insultado y maltratado por ésta, golpeado y violado por aquellos hasta el desgarro interno. En el último abuso lo dieron por muerto: un hombre, y una mujer, contrataron sus servicios sexuales para unas horas. Atado con cadenas y amordazado lo retuvieron durante días. Tanto ella como él abusaron y lo exprimieron como a un limón, hasta que por el ano goteó zumo de sangre. La pareja de depravados que con él cruzó la raya de la enfermedad y la aberración sexual para dar el salto a la psicopatía despiadada se deshizo de cuerpo en un callejón de Mosaya. Donde una fulana inicialmente compasiva lo arrastró como un saco de patatas una madrugada sin clientes hasta su casa.




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PÉTALOS DEL PENSAMIENTO, parte 183 L



Ella se guita el gorro. Suelta la melena. Se arregla el pelo con un gesto innato de feminidad.


-¿Qué haces?

-Pasar a la acción: bajo la tensión. ¿No es lo que querías? El lenguaje de los gestos es universal.


Parece funcionar. El vocal del grupo inclina la cabeza: saluda.


-Charlotte. Je suis, Charlotte. Mom nom est Charlotte.


Ella se lleva la mano al pecho mientras pronuncia su nombre. Primeros gateos de la comunicación intercultural: quién soy quién eres tú. Cómo es que andas por aquí.


- Watashi wa Hiroto desu. Hiroto. Hiroto. –Imita el japonés el gesto de mano en pecho y pronuncia su nombre.


Charlotte dirigiéndose a Fausto:

-¿Lo ves? Ya tenemos algo. Iroto será el nombre, supongo.


Hiroto agita el brazo acompañado de un vocablo:


-Nigeru. Nigeru.



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PÉTALOS DEL PENSAMIENTO, parte 183 K



El grupo abandona progresivamente la postura de orantes sin oración y se van sentando. Muy juntos. Es su forma de protegerse contra los embates del mar. Pero el interlocutor se mantiene firme en la posición. Podría ser el líder, pero también el de rango más bajo, obligado por la necesidad a escapar de esa situación más que nadie. Extiende los brazos hacia la escotilla, hacia Fausto. No hay respuesta, insiste.


- Shite kudasai! Onegaishimasu. Koko kara dete. Nigeru!

-Oh… Merde… Se me cae el alma viéndole así…

-Te lo he dicho, ¿cómo marcharnos y olvidar esto?

-¡Tú tienes la culpa! ¡Tú!


Charlotte llena de rabia y angustia arremete a golpes contra Fausto. Débiles puñetazos en el pecho que él soporta con resignación. Permite que se desahogue: la angustia los oprime a ambos por igual. Él disimula mejor. Luego de unos minutos, cargado de paciencia la detiene.


-Vale, vale ya. Así no solucionaremos nada.

-Aggg… Es que… Es que esto es tan… Tan… ¡Horrible! –solloza.

-¿Horrible? ¿Y cómo es para ellos? ¿Una fiesta?


Ella suspira, se calma, contiene el llanto. Se frota las lágrimas con la manga enorme de su chaqueta. Suficientemente grande para un mar de llantos.


-Es que… Tengo tantas preguntas.

-¡Claro, y yo! Pero no es el momento.




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PÉTALOS DEL PENSAMIENTO, parte 183 J



-C`est le pire jour da ma vie…

-¿Cómo dices?

-Es más horrible de lo que había pensado… Todo por tu curiosidad. Mira lo que nos hemos encontrado… ¿Y ahora?

-Y ahora, y ahora yo qué sé. ¿Cerramos la puerta y salimos corriendo? ¿Cómo si nunca hubiéramos estado aquí? ¿Nos desentendemos del asunto? ¿Podremos olvidarlo, así de fácil?

-No digo eso pero

La discusión es interrumpida.

-Jûbun ni wa jûbundesu! Tasukete!


Un miembro de la primera fila se ha alzado, casi abalanzado, contra la estéril conversación de Charlotte y Fausto. Y la petición directa e inesperada de ayuda en japonés no es más que otro susto para ambos, que tratan de retroceder pero la barandilla lo impide. Sólo pueden saltarla y sumergirse en la balsa de agua pútrida hasta la próxima bodega. No puede ser.



-Onegaishimasu… Shite kudasai!



Silencio. El barco sube y baja, como un corcho. Otra ola gigante, cae agua por las escaleras de acceso. Se asustan.



-¡Merde, otra tormenta, vámonos de aquí!

-¡Si es como la anterior no podemos! ¡No atravesaríamos la cubierta! Nos llevarán las olas, ¿no te das cuenta?

-¡Pero aquí no estamos a salvo!



-¡Dritt! ¡No hay salida, tendremos que aguantar!


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PÉTALOS DEL PENSAMIENTO, parte 183 I



-Kon-nichiwa.

El mayor del grupo ha hablado.

-¿Oui, qué ocurre? ¿Qué pasa? ¿Quién es? ¿Qué dice? ¡Merde, no me entero!

-¡Calla! ¡Hasta a mí me estás poniendo nervioso!

Charlotte sigue fuera de contacto visual. Carece de esa información y se altera, pero mejor apartada: con dos armas en posición de alerta y una evidente disposición al disparo nadie de los presentas está a salvo. Quien menos, Fausto, por encontrarse en primera línea de tiro.

-¿Quieres bajar las armas? ¡Tienes más peligro que una caja de bombas!

-Es por seguridad. ¿No has oído hablar de la defensa personal?

-¿Y tú? ¿No has oído hablar de la bala perdida? Esconde eso. ¿No ves que me vas a llevar por delante con un tiro suelto?

-Pero… ¿Y si…?

-¡Que no! ¡Guárdalas te digo!


Las órdenes son tajantes. Tanto que ella las acata sin discusión: una novedad. Pero esa explosión de energía, decisión y autoridad desaconseja una negativa. Además, le recuerda ligeramente al padre perdido. Algo dentro de ella se moviliza emocionalmente. Preveía otra derrota en la batalla del amor a pesar del entorno agresivo y dramático. Recupera la posición inicial, al lado de Fausto. Ambos frente a frente con el horrible descubrimiento. Soporta con estoicismo y disciplina de soldado la nube nauseabunda que emana de la bodega. Como ha dicho Fausto, el olfato es inteligente y pronto estará inmunizada. Ambos no son más que dos asustados perplejos ante una situación que en ninguna pesadilla hubieran imaginado. Indecisos ante el próximo movimiento. Incapaces de resolver el enigma, paralizados por el temor, arrepentidos del afán explorador.




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PÉTALOS DEL PENSAMIENTO, parte 183 H



-Me estoy ahogando.


Fausto procede de forma inversa, se acerca repitiendo la contraseña.

-Konnichiwa.

Apaga linterna y cámara, mostrándose a su manera desarmado.

-Kon-nichiwa.

Una voz grave, ronca, de hombre, ha salido de la bodega como un genio de su lámpara: desconcertando.

-Mon dieu, ¿quién ha sido? ¿Quién ha contestado, lo sabes?

-¿Cómo? ¡Veo lo mismo que tú: nada!

-Pues enciende la linterna… ¡Merde! ¡Para qué la tienes!


Él obedece con dudas. No admitía discusión que apagarla ha sido un acierto. Como si la oscuridad diera al grupo un extra de seguridad y confianza dentro de su extrema fragilidad. No en vano, la negrura es el medio al que están acostumbrados. Además, les protege como nada ante intrusos desconocidos.


Fausto ilumina nuevamente al grupo, que continúa suplicante, pero lo hace sin agresión, pasando la luz por los cuerpos a ras de suelo. Evitando el interrogatorio policial de foco al rostro que esgrimió Charlotte. Nada es capaz de discernir hasta que una cabeza se levanta.



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PÉTALOS DEL PENSAMIENTO, parte 183 G



-¡Konnichiwa, konnichiwa!

Misma repuesta: ninguna.

-No sé… -Fausto interviene- ¿Tú confiarías en alguien que saluda apuntando con dos armas?

-¡Ah!... ¿Tú crees que… ?

-Ya no sé qué creer, o mejor, me creo cualquier cosa. Pero es una idea.

-¿Y si nos asaltan?

-Otra vez… ¡Pues disparas y ya está! Algo me dice que nadie los va a reclamar.

-Nunca he matado a sangre fría…

-Oh, ¿y a sangre caliente? Mejor no pregunto lo que no quiero saber. Yo tam…


Él iba a decir yo tampoco, pero se traga la frase a medias para no soltar una mentira: los viejos, sí los mató.

Charlotte se aleja de la puerta. No soporta el olor.


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PÉTALOS DEL PENSAMIENTO, parte 183 F



Pero la realidad gusta de ofrecer nuevos extremos: los japos viajaban enjaulados en una mazmorra de metal podrida y hedionda como el resto del barco, con el pestilente añadido humano. El grupo, o eran polizones descubiertos y encerrados, afortunados en ese caso de no haber sido arrojados por la borda; o eran emigrantes clandestinos en las peores condiciones. Cabía lo peor: ser propiedad de alguien, de algún humano con su peor psicopatía pues ni las bestias hacen prisioneros.


-¿Qué vamos a hacer?

-No lo sé, están tan asustados…

-¿Podías preguntarles por qué están aquí?

-¿Yo?

-Has dicho que entendías japonés.

-Pero no hablo nada. Y entiendo lo mínimo.

-Estamos bien… ¡Merde! ¿Ni siquiera sabes decir hola? Es lo más elemental.
-Hola... Creo que sí: Kon-nichiwa,me parece. 
-Konnichiwa, konnichiwa!


Charlotte toma prestada la expresión para dirigirse al grupo. Nadie responde ni se mueve. Repite su mensaje de cordialidad entre los pueblos.


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PÉTALOS DEL PENSAMIENTO, parte 183 E



-Ah no, no. Yo de estos no me fío. ¿Y si nos atacan?

-¿Atacar? ¿Pero no ves que están muertos de miedo? Además, ¿con qué?

-No sé, con las manos. Todos estos chinos juntos, seguro que alguno sabe artes marciales.

-Pues quizás pero están delgados como palos. Míralos, ¿no ves lo poco que abultan? Están en los huesos, quien sea que los tiene secuestrados también los está matando de hambre. Además, no son chinos, son japoneses.

-¿Y tú cómo lo sabes?

-Porque douzo es japonés.

-¿Y cuándo han dicho eso?

-Al verte apuntando con las armas.

-¿Desde cuándo tú hablas japonés?

-No lo hablo, entiendo un poco. Al final yo tenía razón: aquí había alguien.

-Más hubiera preferido que te hubieses equivocado.

-Yo también.


Nueva pausa de silencio se abre entre ambos. Y entre todos. Los japoneses con la cara pegada al asqueroso suelo, suplicantes acaso por sus vidas. Desposeídos y maltratados, sin otra capacidad defensiva que el ataque suicida en grupo. En esa situación, quién lo iba a decir, ¡Fausto y Charlotte eran dos privilegiados! Considerándose poco tiempo antes como las personas más desdichadas de la tierra, habían saltado a un barco en busca de mejor fortuna; quizás un poco de justicia en forma de una vida más cómoda.




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miércoles, 1 de octubre de 2014

PÉTALOS DEL PENSAMIENTO, parte 183 D



Bajo éstos, por una rejilla de desagüe para trabajos de limpieza de la propia bodega, quizás evacúen sus emuntorios líquidos hacia no se sabe dónde. Y ya. Esto no es un hotel, ni siquiera tiene aspiraciones de posada. Fue una bodega reconvertida ahora en invulnerable jaula sin barrotes, sólo pared continua de chapa, y casi ni ventana. Arriba el único punto de contacto con el cielo. Por el día sol nubes o lluvia. Por la noche luna nubes lluvia oscuridad.

Él lo graba todo como un pistolero: arma en la cadera. Disimula más y el sujeto no se siente amenazado. Había descubierto que hay personas que temen a un revólver menos que a una cámara. Para esos casos y como norma general, postura de vaquero.

Ella prefiere las armas habituales y extrae su propio revólver del bolsillo. Se acerca a la boca de la bodega empuñando ambos: tiene miedo, pero más curiosidad. Al verla el grupo, silueta al contraluz de hombre armado, gritan Chigau!, Douzo! y Shite kudasai! asustados y se amontonan contra la pared. La brusca reacción también asusta a ambos, que retroceden.


-¿Qué ha ocurrido?

-No lo sé, pero te han visto aparecer y…

-¿Será por las armas?

-Podría. Prueba a guardarlas.




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PÉTALOS DEL PENSAMIENTO, parte 183 C


-¿Qué me dices? ¿Tenía yo razón? Ojos de personas.

Él no responde. Ni puede ni sabe qué decir. Sí, tenía razón. Toda. ¿Y ahora qué?

Dos minutos más tarde, de observación y estudio mutuo, Japos-Fausto Fausto-Japos, están todos sentados. Concentrados en la parte central de la bodega. No ha sido capaz de despegar la linterna de sus cuerpos, sucios, harapientos, fétidos, pringosos. Tanto es así, que la nube de pestilencia inunda lentamente el exterior, como una vía de agua pero sin bomba de achique que la extraiga. Con la parte inferior del jersey trata inútilmente de protegerse, tapándose la nariz.

-¡Qué hedor tan asqueroso! Es…

-Sí, son heces. No hay olor más repugnante que los excrementos humanos. Tal vez porque todo el ser humano en sí es puro excremento y las heces su concentrado. Pero este es más intenso, por el encierro, supongo. Esta gente está enterrada en su propia mierda: su yo más auténtico.


Con tanto desagrado como curiosidad, lentamente va iluminando el resto de la bodega. En el centro y a la izquierda, el grupo humano. Bajo los pies y más al fondo, ropas diversas extendidas en el suelo hacen de colchón. Inevitablemente sucio y húmedo pero siempre mejor que el contacto directo con el frío y duro acero. A la derecha, amontonados los excrementos. Y huesos. Probablemente restos de comida.




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PÉTALOS DEL PENSAMIENTO, parte 183 B



Fausto no responde. Él mismo había dicho que en esas bodegas había alguien, y que debían ser personas. Él mismo ha caído en la contradicción, pero estaba justificada: no soportaba verla tan alterada. Recoge de nuevo la linterna. En la otra mano la cámara.

-No dejes de apuntar –le indica señalando al revólver en este caso-.


Con la precaución del asustado, encara la escotilla, e ilumina esa nueva bocaleón. Bocacalle en realidad.


-¡¡Ahh!! ¡¡Joder!!


Da un paso atrás sin dejar de apuntar al interior de la bodega con linterna y cámara; aunque lleva ésta al nivel de la cintura, como si fuera otra arma. Ella tiene razón: los ojos son de personas. Y él: los golpes, también. Con el foco de luz castigando como un chorro de agua helada recorre los rostros de aquellos individuos. Los cuales a su vez se protegen con la mano del brillo que les ciega. Viajan entre las tinieblas de la bodega, apenas quebrada durante el día por la escotilla superior. Pequeña, al ser esta bodega apta para transporte de líquidos. Por ello, el foco brillante de la linterna es un incendio que les abrasa la retina. Los que están de pie se agachan, asustados. Ignoran que Fausto siente más temor por ellos que a la inversa. Un grupo de unas once personas, gente joven entre diecisiete y treinta años. Hombres todos, japoneses. Él no sabe qué hacer pero no deja de apuntar con su cámara. Los japoneses van sentándose en el suelo, quizás un gesto de obediencia o sumisión. A Fausto el corazón le roza las ciento ochenta pulsaciones: su cuerpo se prepara para la huída, o la lucha.





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PÉTALOS DEL PENSAMIENTO, parte 183 A


-¿Mejor?

-No, vámonos. Vámonos ya de aquí.

-No podemos, lo sabes. Que estaremos preguntándonos toda la vida. Es el momento de resolverlo.

-Yo te diré lo que ocurre. ¡Ahí dentro hay personas!

-¿Cómo lo sabes? ¡No has tenido tiempo!

-Sus ojos. He visto un montón de ojos vigilándome en la oscuridad.

-¿Ojos?

-Sí, brillaban. Como sólo brillan los ojos en la noche. ¡Vámonos!

-Tranquilízate.


Ella se aparta bruscamente.


-¡Ay, basta ya! ¡No me trates como a una niña imbécil!

-No lo hacía. Pero también podían ser animales. ¿No lo has pensado?

-¿Animales?

-Sí, animales. Tienen ojos, ¿no? Podrían ser… ¿Verdad?

-Animales.

-Claro mujer, ¡qué otra cosa!

-¿Los animalitos que dan golpes cuando te quedas solo? ¿Esos mismos animales?


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PÉTALOS DEL PENSAMIENTO, parte 183



-¿A dónde? ¿Precisamente ahora? Te vas a pasar la vida preguntándote qué estuvimos a punto de descubrir ¡Sería renunciar cuando se está a pocos metros de la cima!

-Me da igual, me da igual, me da igual. C`est fini, C`est fini. Fausto, je t`en prie, partons…


Ella tira de él, él no se deja. La sujeta por el brazo.


-Tranquilízate, verás como no pasa nada. Puede ser cualquier cosa excepto lo que dices. Es imposible, ¿no te das cuenta?

-¿Qué no pasa? ¿Qué es lo que no pasa? ¡No tienes ni idea de lo que he visto! Vámonos, s`il vous plaît.

-De acuerdo, no sabemos qué pasa. Pero lo vamos a averiguar y será una tontería. Verás como sí. Tranquilízate, por favor.



La abraza, ella tiembla. Él piensa que algo terrible debe haber visto para alcanzar ese estado de angustia. No es una persona miedosa, así que… Algo que su mente consciente no ha identificado ni comprendido, pero sí su cerebro profundo, el inconsciente, y que ha señalado como una gran amenaza. Ella tiembla él la estrecha con más fuerza, conteniendo la agitación nerviosa de su cuerpo. Se pregunta si ese gesto es amor, se responde que es sólo comprensión, empatía, preocupación por el otro ser. Complicidad en la vulnerabilidad: dos seres indefensos, frágiles, acosados por peligros indefinidos, conocidos o imaginados. Otro nuevo interrogante de gran tamaño que le inquieta: ¿Qué ha visto ella?




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PÉTALOS DEL PENSAMIENTO, parte 182



-¡¡Ahhh!!


La linterna cae al suelo y ella retrocede asustada varios metros. Fausto desconcertado, sin luz nada distingue.


-¿¡Qué!? ¿¡Qué ocurre!? ¿Otra vez ratas?

-¿Ratas? ¡Pero qué dices! ¡¡Pe, pe, peor, mucho peor!! ¡Ahí hay algo! ¡O alguien! –tartamudeando de terror- ¡¡He, he, he visto brillar puntos de luz!! ¡¡Mu, muchos puntos!! ¡¡Ojos!! ¡¡Estoy segura de que son ojos!! ¡¡Mirándome!!


Fausto coge rápidamente la linterna y se pliega a su lado. El temblor de ella roza el paroxismo. Trata de calmarla, para calmarse él.


-Tranquilízate. No será nada, ya verás. –Le da un beso en la cabeza, sobre el gorro-.

-No, no puedo. Hay, hay algo. Te, tenías razón después de todo, ¿eh? Vámonos, vámonos. Esto es peligroso.


Trata ella de escapar, él la retiene.

-¿Dónde vas? ¿Ahora?


-Esto es peligroso, sí. Vámonos por favor. Piensa un poco: las armas, la heroína, el dinero… ¿Son demasiadas cosas, no? –Ya perdió la tartamudez-. Tú tenías razón, es muy raro todo esto. ¡Vámonos por favor!


Forcejean. Él no se lo permite.




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PÉTALOS DEL PENSAMIENTO, parte 181



Charlotte retira la luz de la linterna y enfoca a la escotilla más próxima: estribor. Después de unos segundos vuelve a la que les ocupa.


-Tienes razón, sí, está más limpia. Entonces…

-Alguien viene aquí a menudo.

-Quizás sean alguienes.

-¿Cómo?

-Era una broma. Estaba pensando en los africanos que vi bajar aquí el día del bote.

-Ah… El día ese… Bueno, veamos si hay más suerte y tenemos algo interesante que se pueda filmar.

Procede con el mismo protocolo, pero el volante de apertura cede con facilidad: no es necesario apalancar. Coloca ésta en el suelo y con ambas manos acciona el mecanismo, el cual se abre sin chirridos irritantes. Escotilla liberada.

-No dejes de apuntar.

-¿Con el arma?

-Hablaba de la luz. Pero también. Dame la cámara.

Con suavidad, o temor, empuja la escotilla que se desplaza cerca de noventa grados fácilmente. Por instinto, da un paso atrás. Temiendo que en esta ocasión sí saltaran los leones. O en su defecto las ratas. Ella le imita de forma inconsciente, el miedo es contagioso, pero introduce la lanza de luz atravesando con decisión el estómago de la bodega.



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PÉTALOS DEL PENSAMIENTO, parte 180



Ella le tiene agarrado con fuerza por donde mejor se somete a un hombre. Sexo y mano apenas caben dentro del pantalón.

-Ese tiene intenciones propias, pero las ideas las pongo yo y al final siempre obedece.

Contrariada, ella extrae bruscamente su mano del pantalón: un rechazo que no esperaba. En la otra mano, todavía porta el revólver. La luz de la linterna desde el suelo recorre el plano de la pasarela hasta perderse en la distancia. Con la misma mano aún caliente y de olor a Fausto, la recoge.

-De acuerdo. Como quieras. Sigamos buscando tus fantasmas.


Tres bodegas más adelante, a babor, el volante de una escotilla carece de óxido y polvo. Ni siquiera telarañas, al contrario: el círculo de acero está bruñido, casi brillante, por el uso.


-Mira.

-¿Qué?

-Esta puerta, dale luz.

-Luz.

-¿No notas algo extraño?

-¿Que ahora se ve mejor?

-No, faen. Que no está tan asquerosa. No sé… un poco sobada.

-Pues… Sí, tal vez.


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PÉTALOS DEL PENSAMIENTO, parte 179



Como no puede evitar un impulso que le excita. Tampoco quiere, le haría el amor ahí mismo; si no fuera porque la oscura bodega le da tanto asco como a ella, o porque la pasarela está demasiado expuesta a cualquier interrupción por parte de algún marinero inoportuno. A los efectos, ella es un hombre, así que mejor no imaginar qué podría pasar si los descubren follando. Debe conformarse con una cucharadita de prueba en el guiso de sus pasiones: un beso. Le toma la melena le sujeta el cuello le inunda la boca con su lengua. Ella se deja hacer, el gustan esos arrebatos de pasión: son la viva expresión del deseo insatisfecho. Y pocas veces el deseo es satisfecho por completo.

Ella deja caer la linterna como una piedra, que resuena entre el acero con un golpe seco de martillo. Desliza su mano entre pantalón y camisa, buscando con prisa el cuerpo que ya la había hecho sentir el cielo: quiere repetir. A él esos dedos jugueteando entre los genitales le estremecen: flaquean las piernas lo mismo que se endurece el sexo. Quizás por esto: la sangre no alcanza a todo el cuerpo.

-Aquí no.

Desconcertada y con la boca abierta como un gorrión espera la comida de la madre:

-¿Qué?

-Este lugar. Me da asco. Si por mí fuera te colgaba en mi cintura y te ensartaba contra la pared, pero este olor, esta suciedad… Son insoportables. No puedo.

-Pues éste no piensa lo mismo.




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PÉTALOS DEL PENSAMIENTO, parte 178



Ella se levanta del suelo histérica. Se sacude la ropa, el pelo, nerviosa y descontrolada. La gorra en el suelo, Fausto la recoge, ríe, se la entrega. Igual que la linterna.


-¡¡Y tú de qué te ríes!!

-Que tenías razón: ¡caballos a la carrera! Aunque sólo era una rata.

-¿Sólo una? ¿Cuántas quieres? ¿Veinte?

-Es un viejo barco, ¿qué esperabas? Las ratas son al barco como la miel al panal.

-¿Miel? ¡No hay nada dulce en todo esto! ¡Merde, merde, merde! Et rends-moi mon Bonnet!


Él la observa, estudia la expresión de su rostro. El enfado le tensa los músculos de la cara, le arruga ligeramente la frente y aprieta los labios. En esa combinación ella es otra ella. No tan dulce pero con más carácter. Con el semblante de quien sabe tomar sus propias decisiones sin aceptar una burla por respuesta. A él, eso le gusta. No sabe si un día podría enamorarse de esa mujer, pero es consciente de cuánto le atrae. De que sexualmente es una compañera idónea, activa y colaboradora. El amor, ya se vería: al igual que niños y abuelos podía ser un lastre incómodo. Cargas con las que no se puede volar. Y él quiere volar. El episodio de los abuelos entrometidos sólo fue un detonante, pero llegó a la conclusión de que quería abandonar aquel país de mediocres mucho tiempo atrás. La suya, fue una huída inevitable.

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PÉTALOS DEL PENSAMIENTO, parte 177



-No sé… Sólo veo unas asquerosas cestas.

-Ilumina bien. En una de esas etiquetas, ¿qué pone?

-¡Y yo qué sé! No lo entiendo. Ni siquiera conozco el idioma en que está escrito. Podrían ser cestas de fruta, nada más.

-¿Fruta? ¿Aquí abajo?

-¡Ay y yo qué sé! ¡Qué preguntas haces!

-¡Ahí! ¡A la derecha! ¡Algo se ha movido! ¡Luz, luz!

-¿Qué? ¡Tranquilízate! Yo no veo nada. ¡Cajas vacías!


Una sombra del tamaño de una rata se desplaza rápidamente entre las cestas y otros objetos.


-¿Y ahora? ¡No me dirás que no la has visto! Algo se ha movido.

-Bueno… Podría ser…


La sombra del tamaño de rata corre hacia la escotilla. Cruzándola de un salto, descontrolada y tropezando en las piernas de Charlotte, quien asustada da un paso atrás tropieza y cae al suelo. Rueda la linterna por la pasarela, avanza por ella la luz libremente. Igual que la sombra tamaño de rata, que le cruza el pecho, la cara y huye hasta desaparecer en sentido proa.


-¡¡Puaggg qué ascooo!! ¡¡Qué ascooo merde, merde!!

-¡Ja, ja, ja, ja! ¡Tu rataaa!





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miércoles, 24 de septiembre de 2014

PÉTALOS DEL PENSAMIENTO, parte 176



-C`est bon, c`est bon. Excuse-moi.


No termina ella de creerse la historia de que alguien pueda ir escondido en las bodegas, pero obedece. El beneficio de la duda es una oportuna medida de precaución. Nunca se sabe. Ataca la puerta con la luz de su linterna y él con la palanca. En la distancia parecen dos cazadores ensartando sus lanzas en el costado de un bisonte. Quizás otro animal mayor. Cazadores en su lucha cuerpo a cuerpo, con riesgo y valentía. Aunque por el momento la pieza a abatir no satisfaría sus estómagos, sino la curiosidad: mucho más primitiva e insaciable.


Uniendo fuerzas la luz atraviesa las tripas del tanque: contenedor de oscuridad y sospechas.


-Aquí tampoco hay nada, lo siento por ti.


-No hay nada que sentir, pero quiero saber qué está pasando. ¿Qué es eso? ¡Algo se ha movido!


-¿Dónde? Yo no he visto nada.


-Por el suelo, una sombra. Ilumina ahí abajo, a la derecha.


El haz de la linterna rastrea el lecho de la bodega como una escoba, tropezando con unas cajas de madera. Pequeñas, mohosas. A su alrededor, vainas secas de larvas. Moscas jóvenes seguramente.



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