-Pues sí. Es un zapato de niña, tienes razón. Mon dieu.
-Te lo dije. Hay una niña en alguna parte escondida. Y herida. ¿Me crees ahora?
-No sé… Esto no es más que un zapato. No prueba nada, podría ser de cualquiera. Te recuerdo que hay tres niñas entre los pasajeros. Y podría haberse extraviado con el lío de hoy. ¿No crees?
-Uhmm… ¡Faen! Tienes razón… Aunque sigo pensando que deberíamos mirar en la enfermería. O en el puente, quizás se esconda por ahí.
-Es muy arriesgado. ¿Y si nos descubren?
-Ahora o nunca. ¿Cuándo vamos a tener otra oportunidad así? Todos duermen, el puente está vacío… El barco entero parece vacío.
Una racha fuerte de viento casi le arrebata el gorro a Charlotte, que instintivamente se lleva la mano a la cabeza. Gotas de lluvia salpicándole el rostro.
-Está bien, vamos –responde.
Él delante ella le sigue, entran nuevamente a cubierto. De la cantina gruesos ronquidos del marinero sin habitación. O su compañero le hizo un buen trabajo a la morena o ésta estaba muy asustada, porque no salió del camarote. O simplemente la cama era infinitamente mejor que el banco.
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© CHRISTOPHE CARO ALCALDE
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