AFFAIR
Siempre quise tener una amante. Circulante. Serpenteante.
Mareante.
Jadeante.
Para jugar a las damas, y un solo caballero.
Para hacer el molinillo. El helicóptero. El torpedo
tierra aire.
El asalto a la bayoneta calada.
El salto del tigre. El de la rana. Si es
preciso, el saltamontes o la jirafa.
Para darnos el abrazo del oso. El de la boa.
El beso del escorpión. El de la viuda negra.
¿Pueden ser viudas las amantes?
Siempre quise tener una amante.
Para montarnos un pisito en las afueras.
Vernos dos días por semana. Escondernos de la
gente.
Follar a lo grande. Vamos, para lo que son las
amantes.
Que no me escuche, ni puta falta que hace.
No me dé hijos ni conversación ni disgustos.
No me pida hijos ni conversación ni gustos
caros.
Ni tiempo ni dinero ni comprensión ni calma.
Ni amor ni cariño ni felicidad ni respeto.
Siempre quise tener una amante, y llevar una
triple vida:
ella, yo y los demás.
Confundirnos en los semáforos, equivocar las
respuestas,
vivir en la mentira, no acertar con las
preguntas.
Tartamudear las excusas, llegar tarde a las
citas,
fallar los compromisos, perder el tren de
vuelta a casa.
No contestar el teléfono en público. Abrir el
correo a escondidas.
Vigilar el cuello de las camisas.
Agotar la paciencia de todos. Necesitar siempre
de un amigo un apoyo:
en la coartada inventada.
Hacer de cada día una carrera de obstáculos,
para no llegar ni pronto ni tarde.
Ahora que la tengo, no sé cómo acabar con todo.
Esto no hay cuerpo que lo resista ni deseo que
lo aguante.
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