miércoles, 24 de marzo de 2010

RECETA SALADA


RECETA SALADA


Paseando por las hojas de tu viejo y nuevo libro de recetas:
verdadero testamento de que juntos fuimos nos quisimos y vivimos,
seleccionadas para mi por ti, según criterio de sencillez y tiempo de cocción,
entre la erre de retirar y la ese de servir,
encontré una i griega desteñida. Deslavada, borrosa.
Desvanecida. Compungida. Perdida, derrotada.
Extinguida. Ahogada.
Ahogada en una gota. Pequeña, diminuta.
Resumen de un océano de sal y tempestad.
Una gota breve, rápida, efímera. Fugitiva.
Lapso de un tiempo que suspira. Que se bate en retirada.
Resumen de esos años que juntaron nuestras vidas.
Que fueron toda la vida.
Hasta que con tu cuchillo de cocina decidiste asesinarla.

40 puñaladas fueron las dadas.
¿Tanta era la rabia acumulada?

Sentado, cansado, vi pasar ante mis ojos
tus últimos tiempos de bandazos. Codazos, escupitajos.
Algún puñetazo.
Ingredientes que sobra una salsa de hiel muy bien ligada
serviste en tu último plato:
el especial de la casa tras un largo año de ensayos.

Tragué, ya envenenado, aquel tiempo en un solo bocado.
El adiós tardío de quien hace tiempo que se ha ido.

Pero te traicionaron las emociones.
Como a todos. Como a todos.
Y se te cayó una gota, salada.
Quizás avinagrada entre tu Oporto y mi Jerez.
Quizás de un corazón macerado
al abrigo de una lumbre de invierno en el verano.

Entre la erre de retirarse y la ese de soñar, cayó una gota:
se te escapó una lágrima.

Seguramente, tampoco esta creíste que la viera.

Hoy guardo tu último libro de recetas
del que no me atrevo a hacer ninguna
pues temo morirme, de dolor.

Pero que fue lo último que de ti recibí,
con algo de amor.

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