jueves, 6 de septiembre de 2012

71º 10´ 21´´- 25º 47´ 40´´ (relato corto)




71º 10´ 21´´- 25º 47´ 40´´ 


-Respeto, esto es lo que nos falta. Respeto por parte de todos. Empezando por los hijos y terminando por las instituciones con su manada de ineptos ahí trabajando.
-Dicen que trabajan. Porque a mí el mes pasado una muchachita pintada como una puerta y tacones de fulana, por tres veces rellenó mal la ficha de ingreso.
-¡Es lo que yo digo, ya no saben trabajar!
-No saben porque no quieren. Estas generaciones no son como la nuestra.
-O la de nuestros padres.
-¡Padres y abuelos! Que trabajaron como bestias para poder comer. ¡Ellos levantaron este país de soplagaitas, y no los políticos!
-De la política no me hables, que sabes que me altero. Me niego a que mi corazón se dispare por culpa de la política. ¡Tres pastillas! ¡Tres pastillas diarias para que no reviente! Todo por la política y sus miserias.
-La política no es más que el reflejo de la sociedad. Miserable por naturaleza. ¡Cuidado! ¡Mira ese cómo viene!
-¡Algún veinteañero de mierda! ¡Pues yo no me aparto! ¡A ver quién tiene más huevos!
-Haces bien, ¡dale! A nuestra edad estos mocosos no nos van a asustar. ¡Acelera!
-¡Tooomaaa! ¡Cómo ha pasado! ¿Has visto? ¡Tenía una cara de espanto que no se le quita en un mes!
-Que se fastidie y aprenda. Muchachito con coche veloz pero sin cuajo. ¡Casi quema la bocina de tanto pitar!
-¿Y le has visto los brazos?
-¡A él y a la que le acompañaba! ¡Parecían dos molinos de tanto agitarlos!
-Seguro que han insultado a toda la familia. Lo que yo digo, juventud histérica.
-¡Y cobarde! Porque mira que esos jóvenes se arrugan a la mínima.
-Eso es porque no han trabajado ni sufrido como nosotros. ¡Yo con catorce años ya estaba repartiendo periódicos!
-Y yo antes de los dieciséis ya montaba calefacciones con el mío en el taller de mi abuelo. Tres generaciones con un mismo oficio. ¡Así se hacen grandes profesionales! No como ahora, un cursillito de nada y ya se creen ingenieros. ¡Cuidado con el stop! ¿Lo has visto?
-Sí tranquilo. Pero tenemos a un imbécil pegado al culo queriendo adelantar y no sabe.
-Ah, ya lo veo. El del BMW azul. Otro cobarde, seguro.
-Sí ese. Antes de cruzarnos con la pareja de asustados ya asomaba el morro, pero no se atreve. Mucho coche, nada de valor. ¡Y ahora no me da la gana a mí, mira tú por dónde! Hacen veinte pavos a que no me adelanta antes del stop.
-Si quieres que te invite a desayunar pídemelo y ya está. Contigo estas apuestas siempre se pierden. Llevamos cuatro mil kilos y parece que condujeras un deportivo.
-Cuatro mil más el remolque. Que con las motos pasa de seiscientos.
-Cinco mil. Peor me lo pones.
-Pero hombre, ¿no ves que este motor va sobrado de fuerza?
-Sí, pero una caravana es una caravana. No se conduce como un coche. Ya hemos visto dos fuera de la carretera en lo que llevamos de viaje.
-Bah, que tú te asustas enseguida con esto de conducir.
-¡No es verdad, es prudencia!
-¡Pues antes bien que me animabas a seguir en mi carril cuando venía ese adelantando mal!
-¡Por tu culpa! ¡Que me calientas y…!
-La culpa mía, faltaría más.
-Ahí sí. Aún no sé cómo me dejé convencer para este viaje.
-¡Será que te ha ido mal conmigo! Te lo dije, el stop y ese chulito ahí sigue. Detrás.
-¡Eso ya lo sabía yo! Basta con asomarte un trapo para que entres embistiendo como un toro. ¡Y a ti tampoco te ha ido mal conmigo!
-La mierda de GPS se ha vuelto a equivocar. En el stop a la derecha. ¡Y no a la izquierda!
-¡Esos inventos modernos! A mí dame el mapa y lo demás…
-¡Pero si no lo puedes leer sin gafas!
-Con gafas o con lupa, pero uno sabe dónde está y hacia dónde se dirige.
-Eso es cierto. Y lo que has dicho antes también.
-Tengo sed, ¿quieres un refresco? Voy a la nevera.
-Paramos en media hora para desayunar. Ahora no me apetece. ¡Y ten cuidado, no te vuelvas a caer!
-¡La culpa es tuya! Llevas esto lleno de cosas. ¡¿A quién se le ocurre traer el equipo de submarinismo donde vamos?! Con la temperatura que hay. Y las colchonetas encima de las camas, las tablas de surf… ¡Todo, has traído todo!
-No, todo no. Sólo lo importante. La mujer en casa, a cuidar de los nietos. Malditos hijos egoístas. La vida sacrificada por ellos y ahora con los nietos. Como si uno no hubiera tenido bastante. ¡Y siéntate ya, que me pone nervioso verte por la caravana dando tumbos!
-¡Ya voy, ya voy! Ahh, qué bien enfría esta nevera. Pues yo me niego a pasarme la jubilación de niñero.
-Para ti es fácil decirlo, ¡como no tienes hijos! Y átate el cinturón, que aquí hay mucha curva.
-Pues vete más despacio, contigo no hay manera de disfrutar del paisaje. ¡Siempre el corazón en la garganta!
-¡Si me turnaras algo podrías ir a tu gusto!
-Sabes que no me gusta conducir. Me estresa.
-A ti te estresa todo. Salvo los números.
-Pues gracias a ellos hicimos buen dinero, no te quejes.
-Eso es cierto. No me quejo. Nos ha ido bien juntos, ¿verdad? ¡Hicimos grandes cosas!
-La última este viaje. Casi tengo frío, voy a poner la calefacción. A quién se le ocurre con setenta años meterse un viaje de diez mil kilómetros.
-A nosotros, que somos de los de antes. Duros y correosos. Yo siempre tuve este sueño y por culpa de los hijos no pudo ser. Era ahora o nunca. Malditos egoístas, nunca mostraron respeto por su padre. Ni siquiera de viejo. ¡A la mierda todos!
-Los jóvenes no respetan nada. Y a los padres lo que menos, ¿qué esperabas?
-¡Tú qué sabrás si no tienes hijos!
-Pues por eso, porque son unos egoístas no los quise. Mi mujer y yo, nadie más. Lástima que…
-La vida es así. Pero no valía la pena seguir sufriendo, hicisteis lo correcto.
-Lo sé, lo sé. La pobre, fue tan buena conmigo… no podía negarme.
-A mí me decepciona que uno se pase la vida luchando y cuando decide que ya ha tenido suficiente, no le dejen renunciar. ¡Nos prohíben hasta tirar la toalla!
-Hipocresía es lo que sobra. Todos saben que la eutanasia debería estar legalizada. Pero la presión de la iglesia y los ultra derechones es muy grande.
-¿Y dónde estuvieron los tres años que ella se pasó en la cama sufriendo? ¿Quién estaba a tu lado? ¿Eh?
-Cuatro, fueron cuatro.
-Me da igual, a tu puerta no llamaron para ofrecerse.
-Al revés, nos amenazaban con llevarnos a los tribunales por pedir públicamente fin a tanto dolor.
-¡Mira qué lago! ¡Es precioso!
-¿Es un lago o es el mar? Deja que mire en el mapa.
-Fuisteis valientes. En situaciones extremas es cuando uno demuestra de qué pasta está hecho. No como mis hijos, se han pasado la vida llorando y el menor tiene treinta y cinco pero sigue llorando como un niño.
-Tenías razón, es un lago. Aquí está. La culpa es de esa nuera tuya que lo tiene dominado, es puro veneno. No quisiera yo estar en el pellejo de ese muchacho.
-Sabía yo que no podía ser el mar, está en la otra dirección. Te has equivocado de gafas. Lástima de nietos, esa bruja les va a arruinar la vida. ¡Y aún quería llevarse la caravana este verano y dejarnos al cuidado de los hijos! ¡Qué falta de respeto! ¡Son tus hijos, no los míos! Y mi tiempo es mi tiempo, yo me lo he ganado. Me lo merezco. Le contesté. Menudo drama, mi mujer llorando del disgusto. ¡A la mierda! ¡A la mierda todos!
-¡¿Eh, no era esa la salida!?
-¡Mierda! ¡Es cierto! ¡Maldito GPS!
-Qué harías tú sin un GPS para echarle la culpa. Pasa que te enrollas y…
-¡Tú, que me das conversación y me despisto!
-¿Yo? Claro, si la culpa que no se pierda. O es del GPS o mía, pero nunca tuya. Creo que por eso nos has traído a los dos. Para echarnos la culpa de lo que pase. ¿Y ahora qué hacemos?
-Pues qué vamos a hacer. Seguir.
-¿Sin parar? Llevas seis horas conduciendo. ¿No crees que deberías hacer un descanso? Aquí son muy estrictos con estas cosas.
-Con estas y con todas. Esta gente no sabe vivir. Si hasta tienen cara de estreñidos, ¿te has fijado?
-Sí, me he dado cuenta. No sé… ¿Quieres que te turne lo que queda?
-¿Ahora? ¿Y quitarme el mérito de llegar a destino? Ah no, no. Yo de este asiento no me muevo. ¿No dices que te estresa conducir?
-Aquí hay poco tráfico y quizás…
-Nada. Tú sigue con tu mapa. ¡Y vete a por una cerveza! Que yo lo valgo.
-¿Cerveza? Está prohibido beber alcohol al volante, ya lo sabes. ¡Aquí te llevan a la cárcel!
-¡A la mierda todos! Tú tráeme la cerveza que el éxito de haber llegado hasta aquí vale la pena ese riesgo.
-Tú sabrás. Ahora voy.
-¡Y no te caigas!
-Que noooo.
-Qué árido, pero qué hermoso es esto.
-Qué bien enfría esta nevera. Toma.
-Gracias. ¿Tú también?
-Sí, yo también. Si nos detienen por tu culpa al menos eso que me llevo por delante. Así dividimos el viaje en tres partes y no en dos.
-¿Cómo es eso? No me canso de este paisaje. Asombroso. ¿Aquello son renos?
-Espera, que me pongo las gafas de lejos. Sí, yo diría que lo son. Vaya un grupo tan grande.
-El mayor. Hasta ahora hemos visto una docena a lo sumo, pero no una mancha como esa. Por eso no los distinguía.
-Toma, y porque te niegas a ponerte las gafas. Tú también las necesitas aunque te hagas el valiente y conduzcas sin ellas.
-¿Qué era la idea de tres partes?
-Fácil. Una para subir, veinticinco días más o menos. Otra para bajar, parecido supongo. Y otro mes en la cárcel por conducir bajo los efectos del alcohol.
-Ja, está bien. Me gusta. ¡Salud!
-¡Salud!
-No será bajo los efectos del alcohol sino con los efectos.
-Un brindis por el efecto que causan los efectos.
-Salud.
-Salud y efectos.
-¡Mira, mira! ¿Son los efectos o es realidad?
-Otra vez las gafas, espera. Pues sí, creo que es realidad. Ahí está. ¿Qué dice tu GPS?
-A ver… que estamos… ¡A cincuenta kilómetros de Sidney!
-¿De Sidney? Pero… ¡Pero eso es Australia!
-Así es. Aquí lo dice, mira. ¡Australia!
-¡Tira esa porquería. ¡A cincuenta kilómetros de Sidney! ¡Ahora sí que me muero, pero de risa! ¿No había otro lugar más lejos en todo el mundo?
-Tienes razón, ¡a la mierda!
-¿Pero qué haces?
-Tirarlo, ¿no lo has visto?
-¡Era una forma de hablar, no literal! ¡Te pueden sancionar por arrojar objetos desde la ventanilla!
-¡Me da igual! ¡Ya está hecho! Mierda de aparato. ¡Un brindis por los GPS muertos!
-De esta no nos libramos. Y mira que hemos estado cerca de la cárcel muchas veces, pero me da que esta caemos. ¡Salud! Por los GPS muertos.
-Lo hemos conseguido, Andrew. ¡Lo hemos hecho! ¡Estamos aquí!
-Así es Martin, así es. ¡Gracias a ti lo hemos logrado!
-Ah no, no. Gracias a los dos. Si tú no me acompañas yo no hago este viaje. ¿Con quién? ¿Con los egoístas de mis hijos? Esos me hubieran abandonado en la primera gasolinera. Atado a un poste si hace falta. Y mi mujer… Con ella no se puede. Si no ve a los hijos dos veces a la semana se deprime. No, sin ti no hubiera podido, Andrew. Juntos, como siempre Andrew.
-¡Aparca ya de una vez, que me estás emocionando! Y tranquilízate o te va a dar otro ataque. Y a ver qué hago yo aquí contigo, que te has traído miles de cosas pero no el desfibrilador. Mira que eres cabezota.
-Ya voy, ya voy. Aquí está bien. Con todo este sitio no estorbamos a nadie.
-No sé a quién, sólo estamos nosotros.
-Podemos bajar las motos y dar una vuelta por ahí, será emocionante. ¡Y veinticuatro horas de luz! ¿Sabes todo lo que dan de sí veinticuatro horas? No quiero dormir, no quiero dormir. Voy a estar despierto hasta que llegue la noche.
-Para eso faltan cuatro meses. Lo tienes difícil.
-Aquí nos quedamos cuatro meses si hace falta, pero yo no me pierdo esa experiencia. Todo o nada, este es un país de absolutismos. Así son las cosas y donde fueres haz lo que vieres.
-Y las auroras boreales, dicen que son espectaculares. ¡Habrás traído cintas suficientes! Porque voy a grabarlas todas.
-Este cacharro ya está. Yo me bajo ahí te quedas.
-¡Eh, espera!
-¿Sabes, Andrew? Ahora que hemos llegado me doy cuenta de que este era el viaje de mi vida.
-Ponte un poco a la derecha, que se vea la bola de hierro esa.
-Sí, el viaje de mi vida y he esperado setenta años para hacerlo.
-Ah, qué foto más hermosa. A mi mujer le hubiera gustado esto. El silencio, la paz. El horizonte infinito de mar.
-Eres un romántico, Andrew. Y un poeta.
-Romántico sí, poeta no pude. Quise pero esperé a jubilarme para hacerlo. Y ahora que ella no está, me falta motivación.
-La vida es así, querido amigo. Desperdiciada en tareas que no gustan para seguir viviendo. Trabajar, dormir, trabajar. Cambiamos nuestra vida por dinero, y lo dejamos todo para más adelante.
-Y ese adelante a veces no llega nunca. Como le pasó a ella.
-Pobre mujer, sí, le hubiera gustado esto.
-Voy a poner el trípode, para fotografiarnos juntos.
-¿Sabes, Andrew? He tenido tiempo para pensar en este viaje. Sobre todo cuando dormías y yo iba conduciendo.
-Ya está. Diez segundos y disparo.
-Ven aquí viejo amigo. Hagámonos juntos la foto testigo. Lo logramos. ¡Hemos llegado a Cabo Norte!
-Cuando parpadee la luz roja te callas, o saldrá borrosa.
-¡Y decía el inútil GPS que estábamos en Sidney!
-Calla un seguuundo… Ya está. Foto de prueba hecha. Ahora habla lo que quieras.
-¿Sabes, Andrew?
-No, no sé. Y nunca me has llamado por mi nombre tantas veces seguidas, ¿se pude saber qué aire te ha dado?
-No quiero volver.
-Ponte un poco más allá que quiero sacarte con esa ladera gris de fondo. ¿Qué?
-Que no quiero volver.
-¿Pero qué tonterías dices? No te muevas.
-Lo que oyes.
-Ya está. ¿Y tu mujer y tus hijos? Que lo diga yo que no me espera nadie, ¡pero tú! Allí está tu vida, tu casa.
-Esa vida ya no me pertenece. Mis hijos la han hipotecado con su falta de respeto. ¡Egoístas hijos de puta!
-¿Pero qué estás diciendo? ¿Se te ha acelerado el marcapasos o has mezclado la medicación?
-Que no, que no los quiero volver a ver.
-¡Pues olvídate de tus hijos! ¡Tienes a tu esposa!
-Ella también les pertenece, lo sabes. Vive para ellos, lo has visto miles de veces. Les compra ropa, comida, cocina para ellos, cuida de los nietos. ¿¡Qué más quieren los cabrones!? Y todo lo que ella hace me salpica a mí, que los tengo que soportar en mi propia casa. Ya estoy harto, nadie me respeta. ¡Un jubilado tiene sus derechos! ¡No es el esclavo de los demás! Estoy harto de oír tú que tienes tiempo haz esto, tú que tienes tiempo haz lo otro, a ti que te sobra el tiempo mira a ver si… ¡Que no, que no! ¡Que el tiempo es mío y sólo mío! ¡Joder! ¿Cuándo si no lo voy a disfrutar? ¿Es que no nos lo hemos ganado, Andrew?
-Pero… Algo se podrá hacer, háblalo… No sé…
-Que no, querido amigo. Que no hay nada de qué hablar, va siendo hora de actuar o será vivir la misma mierda otra vez.
-Piensa lo que dices Martin, porque…
-No hay más que pensar. Ya sabes mi máxima: más acción y menos reflexión.
-Bueno, si lo tienes tan claro… ¿Y entonces, cuál es el plan? Ya que estamos los dos en esto, ¿podrías compartirlo? Me voy a sentar en esas escaleras. A ver si se me cae la bola del mundo encima y rematamos el viaje con la increíble historia de dos ancianos soportando el mundo. El mito de Sísifo hecho puré de ancianos. Vaya.
-Voy contigo. Qué paisaje tan inhóspito, ¿verdad? Y qué fea la bola de hierros esta.
-Inhóspito pero hermoso. Estar aquí es asomarse a la ventana del fin del mundo. Afuera, sólo agua salada. Este sitio te da la medida de la tierra, de lo pequeña que es. Todo es mar, ¿te das cuenta Martin?
-Eres un poeta, Andrew. Como he dicho, he tenido mucho tiempo para pensar. ¿Qué vida nos aguarda en casa? ¿Qué final podemos esperar?
-Pues no lo sé Martin. A veces me he hecho esa pregunta y por lo general no me gusta la respuesta. Lo mejor de la vida ya lo vivimos hace tiempo. Tenemos más pasado que futuro, eso es evidente.
-Cierto amigo, cierto. En realidad, diría que sólo tenemos pasado. Y que volver atrás es volver a ese pasado. No lo quiero, ya no.
-El futuro será corto, tienes razón amigo.
-Con mucha suerte, yo moriré de un infarto; doloroso pero al menos será breve. Si por fortuna es fulminante porque cabe la posibilidad de que a algún enterado del club de jubilados, o incluso un gilipollas cualquiera de mis hijos le dé por enchufarme el desfibrilador y me reanimen a medias. Entonces, bobo para el resto de mis días. ¿Te imaginas?
-Sí, la verdad es que te imagino hecho un cretino mirando al techo y… no sé qué pensar. No es para ti ese papel, no.
-Pero como ves, tres infartos y aquí sigo. Cabe entonces la posibilidad de morirse de viejo. ¡De viejo! El sueño de toda persona y sin embargo… ¿Has pensado qué significa morirse de viejo?
-Ando confuso a ese respecto, deduzco que tú me vas a iluminar.
-¡Estoy hablando en serio, Andrew!
-Y yo, Martin, y yo.
-Morirse de viejo es irse apagando poco a poco. Retrocediendo en este campo de batalla que es vivir. Huyendo en retirada confiando en no ser atrapado por el enemigo sabiendo que la muerte nos espera.
-¿Y tú me llamas a mí poeta?
-Calla. En mi caso, deduzco que esos hijo putas egoístas me encerrarán en una residencia, junto a mi mujer si ya no les sirve, y nos abandonarán. No sin antes habernos incapacitado para desvalijar nuestras cuentas, vender las propiedades, quedarse las joyas que regalé a mi esposa a lo largo de los años. Las nueras esas indecentes que tienen menos clase que una mula se las pondrán o venderán a bajo precio en alguna tienda de empeños. Así son de ignorantes Andrew.
-Lo sé.
-¿Y en la residencia? ¿Qué vamos a hacer? Vivir como zombis. Babear frente al televisor viendo dibujos igual que niños atontados. Sonreír como idiotas por cualquier estupidez y cagar el pañal. Morirnos indecentemente Andrew. Olvidados por los hijos, odiados por los cuidadores, ignorados por los otros residentes. Que ni unos ni otros sabemos dónde estamos ni con quién. Eso, querido amigo, es morirse de viejo. ¿Tú lo quieres?
-Visto así… Me dejas un poco helado.
-Eso es porque aquí hace frío. Tenías que haberte bajado una chaqueta como yo.
-Aquí siempre hace frío.
-¡Es Cabo Norte qué esperabas! ¿Chicas en biquini y piña colada?
-No por favor. Sabes cuánto odio el clima tropical.
-Nosotros que hemos hecho tantas cosas, no podemos morir como despojos. ¿¡Puede haber mayor falta de respeto!?
-Siempre que esa bola no se nos caiga encima ahora no se me ocurre otra.
-No sabes qué supone que los hijos te utilicen, te esclavicen y te humillen. ¡Malditos egoístas!
-No los tengo pero, ¡malditos egoístas! ¿Y qué propones? ¿Otra foto?
-Mejor prepara la cámara de vídeo. Tengo todo calculado.
-Voy por ella.
-Espera, a ver qué te parece. Este es el plan: sacamos las motos. Pones la cámara filmando al mar. Aquí por ejemplo, que se vea también la bola de hierro esta que llaman monumento Cabo Norte. Todo en un plano secuencia. Nosotros en el extremo de la imagen con las motos en marcha. Arrancamos a toda velocidad y para cuando lleguemos aquí ya hemos engranado cuarta velocidad. Eso son mínimo 130 kilómetros por hora. Suficiente para saltar Andrew. Cuando lleguemos a este punto saltamos, volamos con las motos hacia el mar. Tu infinito mar Andrew. Y la cámara filmándolo todo. ¿Qué te parece?
-Sería un final épico.
-Exacto querido amigo. ¡Un final épico! Sabía que entenderías la grandiosidad de nuestra despedida. Tú sí.
-Yo no tengo nada que perder. A diferencia de ti, nadie me espera en ninguna parte. Ya viví lo que quise. Y lo que no, sé que nunca llegará. Nuestro paso por este mundo no dejará muchas más huellas. Tú, en cambio, tienes… Tienes razón. Lo que te espera, ¿para qué vivirlo? Morirás, y no será de viejo. Te matará algún disgusto inútil. De ser así, morirás inútilmente. Ahora entiendo el significado de la frase…
-¡Dame un abrazo, Andrew! Dame un abrazo querido amigo. Me has emocionado, ¡jodido poeta!

-Déjate de mariconadas Martin. ¡Y vamos a hacerlo!


  © CHRISTOPHE CARO ALCALDE

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